• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

20 años es un abuso

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La prensa deportiva destacaba el miércoles que el empate de la vinotinto con Ecuador, jugando en casa, “nos dejó firmes en los puestos clasificatorios”… lo que podría quedarles bien (creo que exageran) a profesionales y fanáticos del deporte, formados en la idea de que “lo importante no es ganar sino competir”.

Lo mismo hicieron, sin estar atados a ningún aforismo o sentencia, personajes de la oposición, a propósito de la derrota (otra más) en las elecciones del domingo antepasado, con interpretaciones dignas, ya no del deportivismo, sino más bien del fidelismo, por el empeño en “convertir el revés en victoria”.

Entre los resultados positivos se mencionan el aumento de la votación del candidato de la unidad democrática (vale) y un incremento porcentual de votantes (85%) que perfectamente podría atribuirse a la mayor cantidad de “cabras” metidas por el Gobierno en el Registro Electoral (votantes fantasmas) o a la “operación remate” (nocturna) en la que terminaron votando los que decidieron quedarse en casa.

Los berrinches contra todo el que pone en duda las bondades del proceso y los resultados del mismo, contradice lo que todos sabemos del candidato ganador (el comandante Se-queda):

Que toda su vida fue tramposo, embaucador y resentido… probablemente desde niño, cuando arrebataba metras, o pichas, como seguramente las llamaban en Sabaneta, a los más pequeños, al grito de “contin-tumba” o de “contin-coleo”.

Que su megalomanía lo ha llevado a pasar de la tramposería pura y simple a las más increíbles mentiras, como la de reinventarse a sí mismo y hacerse pasar por una especie de mesías conspirador que ingresó en la Academia Militar (no porque fuese mal estudiante o porque estuviese interesado en formar parte de su equipo de beisbol) sino porque quería llevar a cabo la revolución para la cual estaba predestinado… y un día dice que fue aspirante a formar parte de la guerrilla y otro nos habla de que formó parte del Caracazo, lo cual fue verdad, pero del lado de las fuerzas represivas (en los enfrentamientos con el pueblo en El Valle, donde murió su amigo Acosta Carles).

A tal punto ha llegado la incredulidad que despiertan sus historias, que se ha llegado a dudar de los síntomas, el tumor y el cáncer, considerados por muchos como puros inventos de un paranoico empeñado en no decir la verdad, por razón de principios que nunca ha tenido.

La palabra apátrida, además de identificar a la persona que carece de nacionalidad, debería aplicarse al gobernante que aspira a extender su mandato a 20 años para terminar de hundir su patria.