• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Tutto sta bene

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“Gracias a él pudimos invadir el apartamento donde vivimos ahorita”, afirmaba Dervis Monroy, presente la noche del domingo pasado --con su esposa y su hijo—en la avenida Baralt, para ir a celebrar a Miraflores, frente al Balcón del Pueblo.

La televisora española TVE iniciaba su informativo con la noticia del triunfo de Hugo Chávez en las elecciones venezolanas y la locutora a cargo del programa preguntaba a periodistas invitados si creían que se trataba de un proceso ejemplar “no solo para América Latina, también para el mundo”, como afirmaba el candidato ganador… Todos coincidieron en que una consulta electoral manejada por el gobierno de un país donde no hay independencia de poderes, realizada con ventajismo descarado, sin testigos internacionales confiables, no puede ser ejemplo para nadie.

Las dudas razonables expresadas desde el exterior no fueron del todo compartidas en el país por los voceros de los 6,5 millones de votantes frustrados a los que se había garantizado (no se trata de pasar factura) que la cosa era pan comido, que las máquinas tiraban besitos a todos los que las examinaban, que no había posibilidad de malapraxis tecnológica, que el Registro Electoral Permanente había sido desbrozado de direcciones con más moradores que el resto de la población donde se encuentran, que la cedulación en manos de (¡adivine!) no está contaminada, que el CNE había dejado de ser el bunker de tramposerías del perverso Jorge Rodríguez, capaz de reconocer muerto de risa que en la “Operación Remate” (nocturna) hubo –en algunos casos-- más votantes que durante el día… Hasta el científico de la comunicación más importante del país, Antonio Pasquali, llegó a estimar una ventaja de dos millones de votos a favor de Henrique Capriles.

Al menos el coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo, denunció que “uno de los actores compitió con todas las ventajas que da un gobierno con superávit de recursos y con déficit de escrúpulos”.

En lugar de posponer el triunfo real y defendible para cuando el régimen termine de caerse, es indispensable luchar por un CNE plural, separación entre Gobierno y Estado, respeto a la Constitución y a las leyes, garantizar observadores de calidad y acabar con los fasci di combatimento que siembran terror y mucho más… antes de convertirnos en relacionistas de un proceso concebido, instalado y operado por tramposos y salir a proclamar que “tutti stano bene” como en la famosa película italiana no hace mucho versionada por Robert De Niro.