• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

Al instante

Prepotencia

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Se la pasan hablando de gobierno del pueblo y no son capaces de consultar, programar, planificar, con todo aquel a quien pueda interesar, algo tan rutinario, tan de todos los años, como el inicio de clases en el país. Esta vez fue Héctor Rodríguez, el ministro de Educación de turno (mientras le consiguen otro cargo más acorde con su labia) el encargado de hacer las cosas mal o, en todo caso, peor de lo que ya nos tenían acostumbrados: decidió porque le dio su gana, sin revisar siquiera la Ley Orgánica de Educación ni los contratos colectivos con los educadores, convocar a los alumnos para un día antes de lo establecido en el caso de primaria (el 15 en lugar del 16 de septiembre) y sin distinción de niveles educativos (tradicionalmente los liceos inician actividades una semana después y las universidades a principios de octubre).

Muchos planteles oficiales se mantuvieron cerrados y en otros devolvían a los alumnos porque no estaban listas las instalaciones (en alguno ni siquiera habían comenzado los trabajos)… pero el gobierno cumplió con lo suyo es decir, con mentir: “Es la matrícula más grande en la historia de Venezuela”, aseguraba orondo el ministro  Rodríguez, exactamente lo contrario de lo que revela un informe del Centro de Investigaciones Educativas de la UCV, en el que se demuestra con cifras oficiales que el sistema escolar lejos de crecer se ha estancado peligrosamente, al punto de que la educación primaria, etapa fundamental de formación, registra una marcada reducción (el primer grado, el más afectado, ha pasado de 657.448 estudiantes en 1997-98 a 594.023 en 2012-13), lo que equivale a decir que en 16 años de “la matrícula más grande de la historia” cuenta con 63.425 niños menos para comenzar la primaria).    

Lo que sí debemos reconocer es que el inicio de clases en todos los niveles, contraviniendo la costumbre de hacerlo por separado, ha traído como consecuencia el adelanto de una represión demencial en todo el país: la implantación de una ola de irrespeto de los derechos humanos, medidas judiciales arbitrarias, absurdas, sin base alguna, sanciones por delitos inventados, producto de interpretaciones absurdas. El resultado de todo esto es que este año se han registrado 3.293 detenciones de estudiantes, lo cual según el Foro Penal “es la cifra mayor del mundo (Venezuela nuevamente se convierte en potencia) solo explicable en tiempos de guerra” y que la mitad de los presos que hay en el Sebin sean liceístas y universitarios porque los delincuentes, según el ministro de RIJ, Miguel Rodríguez Torres, se eliminan ellos mismos.

pllorens@el-nacional.com