• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Pirotecnia de lambisconería

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Por primera vez en catorce años, seguramente más, no dijo mentiras (aunque no necesariamente haya dicho la verdad o al menos toda la verdad)... y quizá lo hizo adrede, para que no le creyeran lo que dijo.

Como siempre habló de él y lo hizo en plural (feo vicio, muy propio de militares por lo demás): "Tuvimos una recaída (...) cuando terminábamos el tratamiento (...) y unos días después estábamos", como si ocultarse entre una multitud desvaneciera el atrevimiento de hablar en demasía sobre sí mismo.

Según la Real Academia de la Lengua Española el plural del pronombre de primera persona se emplea cuando alguien no quiere darse importancia (lo cual no es el caso que nos ocupa, tan alejado de la modestia como de la verdad, la prudencia o la humildad), y también se usa "para expresar la autoridad y dignidad de reyes, papas, etc.", con lo cual ya nos vamos entendiendo.

Antes de despedirse mandó a buscar la espada del Libertador para juramentar al nuevo ministro de la Defensa (ascendido al rango de almirante en jefe), quien por lo visto (y lo hablado) no tiene nada qué envidiar a los dos "intrépidos (más bien entrépitos) soldados" que lo precedieron en el cargo...

Tuvo un momento de inspiración y decidió dejar para la posteridad una foto en la silla presidencial, adoptando la pose más hierática que le permitía su adolorida columna, delante de la Bandera Nacional, mientras abrazaba la preciada (y manoseada) joya, golpeaba con la punta el suelo, mientras recitaba: "Somos guerreros de la vida, llenos de luz, de fe en Cristo, en Dios, en nosotros mismos, para seguir batallando y venciendo".

Una vez dispuesto a cometer, hacer, decir ridiculeces y presentarse como un Idi Amin Dadá tropical, pudo haber pedido unos minutos para emperifollarse completo y salir en la foto con el traje militar de gala (inspiración perezjimenista) que lució por única vez en un desfile militar (antes del 11-A) en medio del embeleco orquestado por el gordo Rosendo...

Corazón de mi patria había escapado por unos días de la capital del reino, donde se toman decisiones, se elaboran leyes, se tejen intrigas y se planifican fraudes (con perdón de quienes han advertido que esa palabra es caca)...

Tras la operación, larga, difícil, peligrosa del martes, con resultados imprecisos, a pesar de la promesa del ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, de informar con aplomo y seriedad, el Gobierno ha organizado una descomunal pirotecnia de lambisconería que termina por no decir nada sobre algo que todo el mundo parece ya saber.