• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Ladran y muerden

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Nicolás Maduro se aparta cada vez más de la posibilidad de encabezar (no digamos un buen gobierno, para lo cual no está capacitado) un conjunto de iniciativas que permitan poner fin a la caída en picada de la economía, salir de las listas de países forajidos y abandonar el grupo de gobiernos corruptos, con el agravante de que el suyo es también corruptor.

Y mantiene una competencia de infundios (amenazas, ofensas, calumnias y descalificaciones a todo el mundo) con Diosdado Cabello, sórdido personaje empeñado en presentarse como duro, militarista, grosero y ladrador, dueño y señor de un partido eminentemente clientelar concebido como aparato para ganar elecciones.

El expresidente español Felipe González, recientemente entrevistado por Xabier Coscojuela, de Tal Cual  advertía que “los sistemas electorales no son neutros y que con 36% de los votos, por ejemplo, tratarán de ganar la mayoría de los cargos parlamentarios, aunque con ello la legitimidad de origen quede averiada”.

The Wall Street Journal reveló en estos días que fiscales de Estados Unidos investigan a Cabello y a otros altos funcionarios bajo la sospecha de que han convertido a Venezuela en un centro global de tráfico de cocaína y lavado de  dinero.             .

La corrupción inducida no comenzó con este gobierno, pero dejó de ser una actitud complaciente del Estado con determinados sectores, especialmente militares y empresarios, para convertirse en un auténtico señuelo de captación, congraciamiento y soborno, planificado desde el poder central y del exterior: no hay que olvidar que Fidel convirtió al comandante fascista, convicto y confeso, que intentó derrocar a Carlos Andrés Pérez sin idea sobre quién pudiera sustituirlo (ningún izquierdista por supuesto), en un fanático de su revolución a cambio del secreto del poder eterno, comenzando con planes para comprar el respeto de la Fuerza Armada (especialmente la Guardia)… y así surgió el Plan Bolívar 2000, el más perfecto instrumento de corrupción militar concebido en la historia del país.

A Maduro le queda un camino: liberarse del dominio de Diosdado, dejar claro quién manda en el país, poner en su sitio a los corruptos, civiles y militares, y tratar de concertar con todos los sectores soluciones a las muchas crisis que nos amenazan… tarea titánica para un gobierno absolutamente tutelado, desde el país y desde el exterior.

Entre tanto, se multiplican en Miami y Panamá las ofertas dirigidas a corruptos del más alto nivel, presentes y futuros, sobre paraísos residenciales.