• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

El nieto de Albertico Limonta

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Quien puso (impuso) al bigotón Pánfilo en la ruta del poder la cagó… Y no fue la primera cagada que puso Corazón de Mi Patria a lo largo de su larga carrera de golpista-fascista (Perón, Pérez Jiménez, Fujimori)... antes y después de que aprendiera a morderse la cola y a travestirse de comunista una vez que descubrió que sus homólogos Batista y Castro fueron dos historias de amor (culebrones) de distinto signo, pero igual designio.

Y si Fidel llegó a ser el Albertico Limonta de una revolución que pudo haber escrito Delia Fiallo, el bigotón Pánfilo viene a resultar el nieto (Corazón de Mi Patria fue el hijo tardío) de un personaje que por bastante más de medio siglo fue alumno de jesuitas, despreciado por el PCC, socio de Franco (franquismo-leninismo) y chulo de la URSS (desde Kruschev hasta Gorbachov), de Kim Il-sung, de Felipe González, y que ha perdido todo glamour, pese a la incondicionalidad de intelectuales (Sartre, Beauvoir, la mujer de Mitterrand, Greene, Debray, García Márquez, Benedetti, Galeano…) y a la mediación de personajes como el papa Juan Pablo II para devolver el Espíritu Santo al reino de Changó…

Nuestra generación se enamoró de un espejismo que nos mostraba una revolución sin Marx ni Lenin en los papeles estelares: “Para mí, ellos están tan lejos como Aristóteles y Platón”, dijo a Manuel Vásquez Montalbán (Y Dios entró en La Habana) un dirigente cubano que prefería hablar de José Carlos Mariategui, Martí y Fidel.

Moisés Moleiro contaba que, cuando se entrenaba para la invasión de Machurucuto, le preguntó al comandante Piñeiro, conocido como Barbarroja, si en el Partido Comunista Cubano había trotskistas, y éste no vaciló en contestarle que “había unos cuantos, pero Fidel habló con ellos y los dejó locos”.

Poco a poco los mediocres del régimen se fueron tomando en serio a ellos mismos y comenzaron a calificar de “comemierdas” a críticos, como Carlos Franqui, el poeta Padilla, Cabrera Infante, Lezama Lima y cientos de intelectuales más, muchos de los cuales debieron abandonar el país… Y en eso llegó Corazón de Mi Patria con su mochila de real a pagar las cuentas, a triangular compras, a meter a Cuba en el negocio petrolero, a importar cubanos que el Gobierno no puede mantener y crear empresas: “Ustedes pongan el dinero, nosotros pondremos las ideas”, le dijeron a un ejecutivo petrolero que intentaba entender el negocio que debía concretar.

Y en Venezuela Corazón de Mi Patria (parodiando a Carlos Puebla) aprendió a “parar”, a pararlo todo –incluida la economía del país– y a prometer, a pasarles la cuenta al imperio, a la burguesía, pero también a la patria, la independencia y la nacionalidad, porque a fin de cuentas es en nombre de ellas que se exigen los sacrificios.