• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Cayapa judicial

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pllorens@el-nacional.com

 Uno escucha a Nicolás Maduro por la radio, lo ve en televisión y comparte con los radioescuchas y televidentes el estupor por las nombradas de madre disparadas contra quien invoca derechos humanos y pide la libertad de Ledezma y López, acusados de delitos inexistentes… como los del cuento del viejo Moleiro, el músico, padre de Moisés, el político, sobre un jefe policial de Zaraza que se ufanaba de aplicar la ley a sus detenidos: “Artículo uno templinche (y hacía el gesto de templar los genitales de alguien), artículo dos…”.

El comandante eterno (“sembrado” entre diseños cursis de Fruto Vivas) le hacía caso al populista y estalinista Fidel Castro y este recibe línea de Raúl, al que ni siquiera es posible etiquetar porque es demasiado limitado para tener ideología: “Preferible es que se hunda –como la leyenda de la Atlántida– nuestra querida y hermosa isla en el mar, antes de que aquí vuelva a predominar el capitalismo corruptor”, dijo en su discurso ante el Consejo de Estado (1989) que decidió el fusilamiento del general de división Arnaldo Ochoa; el general de brigada Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez y el mayor Amado Padrón, jefes de la conexión cubana –Medellín, Panamá, México, Varadero, Miami– para el  tráfico de drogas, actuando siempre en nombre del gobierno cubano.

Un editorial de Granma, titulado “La vergüenza” (22-6-89) afirmaba que noticias sobre  la utilización de documentos falsos (pasaportes colombianos) y entrevistas con Pablo Escobar originaron “crecientes imputaciones desde Estados Unidos sobre operaciones de narcotráfico a través de Varadero” que provocaron “una rigurosa investigación por parte del Ministerio del Interior”, la cual permitió confirmar los vuelos de aviones y viajes de lanchas desde el famoso balneario, admitidos por Ochoa y su grupo, aunque, “siempre alegaron (obtuvieron 400.000 dólares) que su propósito era ayudar al país”.

El juicio a los implicados en la conexión cubana, vale la pena mencionarlo, estuvo calcado de los ordenados por Stalin contra sus más cercanos colaboradores, una vez caídos en desgracia, en los que estos aparecían admitiendo sus “culpas” y profiriendo vivas al líder.   

Y, sin embargo, es interesante saber que cuando Estados Unidos lanza “calumnias” a la revolución, el régimen cubano realiza una “rigurosa investigación” aunque esta no necesariamente concluya con el bárbaro fusilamiento de los implicados, a menos de que representen peligro para el régimen.     

Aquí las denuncias se reciben rodilla en tierra, vengan de donde vengan, y se premia a los denunciados.