• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Asnos que no saben tocar la lira

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Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba / que sólo se sustentaba / de unas yerbas que cogía. / ¿Habrá otro, entre sí decía, / más pobre y triste que yo? / Y cuando el rostro volvió / halló la respuesta viendo / que otro sabio iba cogiendo / las yerbas que él arrojó.

Pedro Calderón de la Barca

La vida es sueño

 

El presidente Hugo Chávez no encuentra otra forma de defender su mandato (14 años con la botija llena) que inventando un primitivismo mayor que el suyo en el período democrático que se inició en 1958 (40 años con la botija semivacía). Los productivos gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y el primero de Carlos Andrés Pérez, los 2 regulares (tirando a malos) de Rafael Caldera y los definitivamente malos de Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y el segundo de Pérez, agotaron una etapa de alternancia en el poder de 2 partidos que no supieron o no quisieron evolucionar hacia una democracia moderna menos dependiente del petróleo y menos partidizada… pero cada uno dejó su huella y hasta los presidentes reprobados hicieron más en 5 años (obras, reformas, programas sociales) que los actuales personajes de la fábula del asno y la lira, empeñados en seguir tocando el instrumento al cabo de 14 años de haberlo roto, sin que a ninguno a se le haya ocurrido reconocer que “si un animal más inteligente hubiese encontrado la lira, habría deleitado nuestros oídos con divinos cantos”, especialmente con el petróleo a más de 100 dólares el barril.

Algunos del rebaño asnal se han dado a la tarea de decir por todos los medios a su alcance, que son casi todos (y serán más con la reforma de la Ley Resorte), que antes de su revolución (girar en torno a un eje) los venezolanos comían perrarina, e intentan demostrar que los venezolanos de ahora tenemos la barriga suficientemente llena como para estar contentos: 98% come tres veces al día; 1,6%, sólo dos veces, y el restante 0,4%, una sola vez, pero pronto comerá tres veces y más con las casas de alimentación recién creadas.

Al ministro de Alimentación, Carlos Osorio, no se le ocurre preguntar a los trabajadores del aseo urbano cuántos sabios sobreviven de lo que consiguen en las bolsas de basura que ellos recogen, y cuántos otros sabios esperan en los basureros a que lleguen los restos que los primeros dejaron.

Deseos no empreñan, ni promesas alimentan y, como dice un dicho (reformado): “Quien come cuentos, bebe mentiras, se chupa el dedo y besa un afiche del corazón de la patria, ni come, ni bebe, ni chupa ni besa”.