• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Amenazar miedo

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“No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo”

Quevedo

 

No es de extrañar que, además de Cervantes, caballo de batalla (con frecuencia sinónimo de lengua española) suela dar la cara por el idioma y sus escritores don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645)… cuya fama ha sido constante durante más de cuatro siglos (“nunca le han faltado lectores”, comenta Manuel Durán, chairman de español en Yale), especialmente en el siglo pasado, avalado por Unamuno, Valle Inclán, Borges, Neruda, Cela y muchos más, aprendices de su agilidad y brillantez en la escritura, y también de su amargura y de su visión esperpéntica y descoyunturada de la realidad.

En Venezuela aparece vinculado desde siempre al tema humorístico, incluso utilizado (degradado) junto a Jaimito, como protagonista (falso) de chistes groseros … y en las más importantes publicaciones jocosas como Fantoches (Leoncio Martínez), El Morrocoy Azul (Miguel Otero Silva), El Gallo Pelón (Sancho), Tocador de Señoras (Aquiles y Aníbal Nazoa), La Pava Macha (Kotepa Delgado), El Camaleón (Graterolacho) y El Chigüire Bipolar (Juan Andrés Ravell y Oswaldo Graziani)….en especial cuando se burla de Góngora por “la culta latinparla” que utilizan él y los llamados poetas culteranos para decir cosas sencillas como “tráeme una tortilla dicen “dame dos globos de la mujer del gallo, quita las no ocultas y adereza el remanente pajizo”, que sirvieron a los humoristas venezolanos para crear, por ejemplo, los famosos refranes cultos: “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” por “crustáceo que cae en brazos de Morfeo” (no recordamos el resto en idioma culto)… entre muchos notables obras jocosas criollas cuyo origen se remonta a 2006, fecha en que fueron publicadas por primera vez.

En epístola a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, se queja: “¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?... y advierte: Mi llanto ya no consiente márgenes ni orillas…inundación será la de mi canto”.

Su espíritu independiente convierte a Quevedo en blanco de intrigas, entre ellas la de haber dejado bajo la servilleta del rey un memorial de agravios (falso o inexistente, comparable a la acusación por magnicidio contra María Corina Machado), por la que lo encarcelaron en el convento de San Marcos, durante más de tres años, de donde salió enfermo dos años antes de morir.