• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

Abandonó la silla pa’ gobernar en la calle

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El bigotón pánfilo no puede evitar la persecución que le tiene montada el difunto Corazón de Mi Patria, empeñado en aparecerse como pajarito, en las personas y en las cosas y no es capaz de dar un paso sin mencionarlo, poner cara de estólido y santiguarse: en nombre del padre, del comandante eterno…

Heredó las malas costumbres de regañar al prójimo en cadena de radio de televisión, como lo hizo el pasado fin de semana con el lambiscón gobernador el Zulia, al que acusó de cometer una locura (“se le fundió el cerebro”, dijo) con la aplicación de un chip para la compra de alimentos…

Y le copia el empeño en reemplazar las direcciones de los ministerios por misiones como la Robinson, que sustituyó al programa de alfabetización Abajo Cadenas, creado por venezolanos y utilizado en toda Latinoamérica, lo cual permitió a Corazón de Mi Patria administrar directamente los fondos y utilizar cubanos en su ejecución, sin rendir cuentas a nadie.

También la grandilocuencia con la que Corazón de Mi Patria se adornaba en sus discursos, a juzgar por el discurso de apoyo a la campaña “Soy consciente consumo eficiente” con la que el ministro Cocoliso se gasta los reales previstos para la reparación de turbinas: “Forma parte del quinto objetivo histórico del Plan de la Patria para el período 2013-2019 que se propone impulsar el modelo ecosocialista para la salvación del planeta”, dijo bigotón pánfilo, ante lo cual sólo resta exclamar como los cubanos, ¡co-ñó!...

A estas alturas ya no hay duda de que los gobiernos de Corazón de Mi Patria, todos a uno como los mosqueteros de Dumas, están entre los más malos de la historia patria, de las historias patrias del resto del mundo y cuidado si, como decía el escritor humorista español Enrique Jardiel Poncela, “del universo y otros planetas”.

El único que puede empeorarlos es el bigotón pánfilo, empeñado en gobernar, discursear, desde la calle, ante un centenar de empleados públicos, pudiendo hacerlo desde un palacio (ni los revolucionarios rusos cometieron semejante torpeza, ocuparon el palacio de los zares en el Kremlin), con gente capacitada para resolver los problemas del país.

Si teme a que en Miraflores se le aparezca el difunto, como se aparecía el primer marido de Doña Flor en la novela de Jorge Amado, mande a exorcizar a ese demonio o llame a Cayetano a Juaniquita pa’ que le baile un bembé, porque si no, ¿de qué valieron tanta tramposería y tanto ventajismo para facilitarle la posesión de la silla, si al cabo de todo el bochinche no pensaba usarla?