• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Los venezolanos frente a la violencia

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¿Seguirá hundida Venezuela en la violencia? ¿Se incrementará en el futuro próximo? Tenemos la memoria corta y una engañosa tendencia a reconstruir un pasado imaginándolo siempre como si antes hubiese sido mejor. En 1998, hubo alrededor de cinco mil asesinatos, pasando a veintisiete mil EN 2015, esto es, más de cinco veces aumentó el número de fallecidos por causas violentas en diecisiete años del chavismo; puede decirse que durante los últimos sesenta años la violencia ha registrado fuertes incrementos de vertiente social y económica,  política, como la de los sesenta del siglo pasado, promovida por la extrema izquierda apoyada por Cuba, y la revanchista militarista; la del Estado, tanto por las políticas públicas instrumentadas que arrojan pobreza como por la ausencia de ellas para subsanar acuciantes problemas relacionados con la desigualdad en la distribución del ingreso, la inseguridad, pobreza extrema, inseguridad jurídica, inflación galopante, en fin, la ausencia de un modelo autóctono de desarrollo económico-social sustentable, liquidador de iniquidades, guiado por la trama inmersa en la estructura social, por lo que “está debajo de la piedra”, como decía Adorno.

De una manera general los homicidios han aumentado vertiginosamente, así como las agresiones personales, robos, atracos, etc., destacándose ahora la violencia verbal: insultos, racismo, insolencias, ejercida por ambos presidentes, Chávez y Maduro, la cual violencia tiende a imitarse en la oposición con un lenguaje procaz, que dice mucho del estado anímico. Hay también los que andan buscando la ocasión al inmiscuirse en manifestaciones pacíficas y los que salen encomendados políticamente a reprimir, son bandas auténticas que reservan territorio, aterrorizan los vecinos, cometen todo tipo de fechorías como: robos, violaciones, abusos, incumplen normas elementales de convivencia, viven al margen de la ley, el estado es impotente para imponerla. Estos infiltrados y colectivos siembran el pánico, distorsionan objetivos de manifestaciones y agreden impunemente.

Deterioro del contexto social es evidente en Venezuela y desesperación por todo lo anterior, más aún por la insistencia de Maduro en continuar aplicando políticas incoherentes, poco realistas, prácticas, inspiradas en un presunto castro-socialismo cuyas consecuencias ya se conocen en Cuba y alertan a los venezolanos cundiendo intranquilidad, angustia y frustración, es decir, se tiene la convicción de que la situación económico-social y política está bloqueada, puesto que el anuncio el pasado enero de que en seis meses se tendría una salida política ha resultado un fiasco a causa de incompetencia e inexperiencia. Es un contexto calificado como “explosivo”, pero la explosión no ocurre.

La política gubernamental de Chávez y ahora de Maduro, con sus agresivos e intolerantes colectivos armados, siempre buscó escindir la sociedad en dos partes, calificando como de “ellos”, “la derecha” a los que no comparten los propósitos oficiales antinacionales, división que radicaliza los bandos por la dinámica de la confrontación, más ahora cuando el Gobierno insiste en actuar fuera de la ley al obstaculizar la realización del referendo revocatorio; ciertamente, esta actitud del Gobierno enardece al experimentar un sentimiento de impotencia, mejor dicho, a los ánimos crispados los estimula Maduro, máxime con sus cadenas diarias para insultar, desinformar, todo lo cual es fuente de violencia. Es un hecho no señalado con frecuencia, a pesar de observarse a menudo junto a la recrudescencia  de agresiones físicas, con desprecio e innegable connotación racista como lo indica el lenguaje que utilizan contra personeros de oposición.

Pienso que se trata de soplar brasas, resucitar los viejos reflejos del odio para así encaminar una presunta lucha de clases que nada tiene que ver con Marx. Los venezolanos en su gran mayoría rechazan tales actos, han preferido el respeto del adversario, aunque sin compasión ni compartir algunas ideas y conductas de la oposición relacionadas con su modelo social todavía subterráneo, percibido como de élites, opuesto al apoyo de los más débiles, a garantías del derecho a la vida y libertad, a ejecutar una política de desarrollo progresista, el desarrollo para todos, que, independiente dentro de la interdependencia mundial, sería lo mejor para espantar el odio visceral reinante en el ambiente social.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz