• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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¿El Estado como enemigo?

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Hegel no comparte las nociones sobre el contrato original como fundacional del estado, pues piensa que la figura del contrato se refiere a la esfera de la propiedad privada, a la sociedad civil, y es una categoría arbitraria, como lo es el contrato del matrimonio, mientras que el estado se funda mediante un “acuerdo de todos con todos”. Pienso que al hablar Hegel de acuerdo de “todos con todos”, muestra influencia de Aristóteles (por lo del hombre como animal político), y, además, concuerda con la tesis del origen natural, puesto que el susodicho consenso no es arbitrario, es motivado por instintos, ya que “el fin racional del hombre es la vida en el estado”.

La teoría del contrato social se aplica solo a lo que Hegel llama la sociedad civil, pues, para Hegel, el estado es “una unidad, solo una asociación”; la sociedad civil “ es un sistema de interdependencia para lograr fines egoístas”, añadiendo que el estado se confunde con la sociedad civil cuando “establece como fin la seguridad, la protección de la propiedad privada y la libertad personal”, siendo así una única entidad sociedad civil y estado, cuya organización, financiamiento y funciones están enmarcados en el “acuerdo de todos con todos”, cuya versión actual sería la constitución nacional, la cual es un pacto social que busca lograr beneficios para todos que generalmente no pueden obtenerse individualmente: “los intereses de los individuos devienen el fin último de su asociación”, afirma Hegel.

Mejor dicho, es imposible fundar un estado que vaya en contra de los intereses, deseos, de los miembros, quienes renuncian, al concretar la asociación, a cierta autonomía en aras de fines superiores. ¿Quiere esto decir que el estado es servidor de los intereses privados de los individuos? Pienso, que más bien dicha pregunta trasluce cierta ambigüedad al hablar de “intereses de individuos” en lugar de necesidades o intereses colectivos que son las referentes a las de toda la colectividad, como son: seguridad, protección de la propiedad privada, y libertad, que según Hegel es el derecho supremo, responsabilidades que al evadirlas el estado incumple los fines últimos de la asociación.

Es más, sería una aberración que “el acuerdo de todos con todos” origine  después un estado que vaya en contra de la razón por la cual se decidió unirse para lograr objetivos entre todos que son imposibles individualmente. En este caso, el estado se convierte en algo así como enemigo de los fines de la comunidad formada, como es el estado venezolano actual, al no garantizar seguridad y libertad, ni protección de la propiedad privada, y, sobre todo, que no logra organizar la satisfacción de necesidades colectivas con los servicios indispensables para la existencia comunitaria: salud, educación, energía, agua potable, infraestructura, etc., máxime cuando, en sí, mantener con impuestos esa entelequia estatal deviene en una disminución considerable del nivel de vida de todos; ya es una carga insoportable, agravada, además, por la roedora corrupción contradictoria con el servicio público.

Este hecho, quiero decir, que la asociación para formar el estado se convierta después en enemigo diluyente de los fines de la comunidad, resalta cuando meditamos acerca de la siguiente máxima del gran filósofo inglés John Locke, a saber: “la razón por la cual los hombres entran en sociedad es para la preservación de la propiedad”, que, comento,  no se puede asegurar en un estado de naturaleza y no se refiere únicamente a los bienes económicos sino también a los que el hombre tiene derecho natural como la vida y la libertad. Con esta concepción de Locke coincide Hobbes, quien dice que “los hombres buscan formar una comunidad para vivir pacíficamente entre ellos, protegidos, y salir del estado miserable de guerras (internas y externas) en las cuales la vida es solitaria, pobre, brutal”, como la de los venezolano actualmente.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz