• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

La cuestión político-militar

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El gobierno llama apoyo al terrorismo, a las “guarimbas”, a la resistencia al terror, olvidando que el tinglado de esta farsa constitucional  del Tribunal Supremo de Justicia se ha montado expresamente para estabilizarlo, pues, no había otro medio mejor para continuar el chavismo destructor, continuidad que desgobierna a Venezuela desde hace tres años y es un proceso ascendente de monopolización de la violencia aterradora del estado que una amiga constitucionalista llama: del estado, por el estado y para el estado, esto es, la definición misma del fascismo, que reina en nuestro país desgobernándolo por la confusión, desinformación, corrupción y acentuación de la destrucción nacional, pero atribuyéndola a un enemigo imaginario que presuntamente ejecuta una “guerra económica” que no convence al general Clíver Alcalá Cordones, quien opinó hace poco que la susodicha proviene desde el propio gobierno.

Ningún venezolano ha olvidado aquella espectacular agonía, espantosamente aterradora, que en la realidad política que le sucede se refleja y prolonga infinitamente para aterrorizarnos en la forma de un fantasma amenazador que canta, ríe, expresa máximas como consejos a sus seguidores, y siempre anuncia, como el oráculo de Delfos, golpes militares por venir, tal vez por la experiencia en el disimulo. Estos tres años epigonales han hecho más daño a los venezolanos que los últimos treinta  años del puntofijismo.

Recordemos cómo se ha instituido, constituido y reconstruido la continuación agonizante del gobierno que practica de diversas maneras el terror de estado chavista. Al comienzo hubo la ocasión de rectificar, siguiendo sugerencias y el clamor nacional, el modelo económico que tiende hacia “un mar de felicidad” similar al desastre cubano, pero siempre he sospechado que las decisiones estratégicas relacionadas con nuestro desenvolvimiento ahora las toma Cuba al instrumentarse una serie de “acuerdos pantalla” que esconden una relación de dominación con pretextos ideológicos y de edificar una tal “patria grande”, que en realidad ha exprimido el “jugo de la tierra” (petróleo) para mantener una estructura asesina, corrupta y desahuciada en Cuba.

La contrapartida es el aporte de un contingente  cubano, sobre todo militar, que estableció, con la anuencia política y violentando el (reglamento) constitucional, sus agentes en los más altos mandos militares venezolanos, dan ordenes, instrucciones, espían, trazan estrategias acordes con los intereses cubanos, de donde salió, después de rebanarse los sesos, aquella declaración de considerar enemigo interno al pueblo venezolano opositor del desgobierno, mejor dicho, el que realmente resiste y sufre las consecuencias de la destrucción nacional.

Y todo ello aceptado por la mayoría de la jerarquía militar, constituyéndose en una insoportable injerencia que busca armar estructuras, organizar estrategias militares y mediáticas, para apoyar, estabilizar y prolongar estos tres años agonizantes de un gobierno aborrecido por los venezolanos, el cual gobierno presenta un aparente apoyo militar, pero en realidad cunde el terror cubano en los cuarteles y en toda la administración pública para doblegar por muchas razones el espíritu nacionalista de nuestros militares y funcionarios.

Cuántos valiosos y sacrificados militares no han sido removidos del comando de tropas, dados de baja, enviados a sus casas, para alejar descontentos y protestas, dejando espacio  para el entreguismo y corrupción. Ahora bien, cómo y quién retiraría de los mandos militares a los cubanos, quienes constituyen el verdadero enemigo interno y son un problema político esencial, demostrable, pues actúan siguiendo sus intereses, que no tienen nada de altruistas al buscar aprovechar nuestros recursos y destruir la nación, como se observa. ¿Dónde estarán los nuevos héroes que reconquistarán nuestra independencia política al liberarnos de la férula cubana?