• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

Ya basta, Maduro

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Del fracasado modelo socialista, de los 17 años destruyendo, empobreciendo y debilitando al país, tal vez para siempre, como país viable; de contemplar la gente desesperada buscando medicinas, alimentos, productos básicos, partes para automóviles, niños recibiendo clases a la intemperie, y ver cómo influye en la productividad del trabajo el pasar parte del tiempo merodeando de un lado a otro en esa búsqueda; mirar la mendicidad creciente de monedas mil veces devaluadas.; leer cómo se abarrotan las redes sociales solicitando ayudas para conseguir medicinas y todo tipo de insumos para aliviar el dolor y los estragos de enfermedades que en mala hora se afincan sobre los cuerpos desnutridos de gran parte de los venezolanos.

Enterarse del remate de riquezas nacionales, de la ocasión que aprovechan quienes reclaman territorio al observar la debilidad progresiva del país: disminuye la actividad productiva acentuadamente; fallan electricidad y acueductos; destroza ingresos la inflación, arriesgan la calidad biológica de niños y jóvenes; atormenta el contraste de la riqueza percibida en ingresos petroleros y el desmantelamiento nacional, la indolencia de una clase política que, una parte, se dedica desde el gobierno a insultar profiriendo vituperios de toda laya, a pillar los recursos nacionales (conservadoramente, calculo el gran pillaje en 400.000 millones de dólares), y a maniobras abogadiles, para burlar, como siempre lo ha hecho, la constitución, y la soberanía popular plasmada en la elección reciente de la Asamblea Nacional; pasa el tiempo agudizándose el problema político y la MUD pide al gobierno acatar la carta magna. Estas son verdades desagradables, pero hay que decirlas, cordialmente.

Como hay que denunciar la ausencia de políticas idóneas y la instrumentación de algunas con efectos catastróficos para la tranquilidad general del país, ambiente indispensable para la prosperidad. No se trata solo del fracaso socialista sino también de un tinglado ideológico superchero, mantilla del abuso, sin relación con auténtica revolución y menos con pensamiento marxista; se trató de un populismo tosco, reparto de dádivas, explotar al que pasa hambre; la intención no fue superar la pobreza permanentemente, devolverle a cada uno la propiedad de sí mismo, condición necesaria para una sociedad libre, mediante políticas públicas impulsoras del desarrollo, maximizando el bienestar total y la igualdad de oportunidades, reduciendo las desigualdades. Bajó el precio del petróleo, escasean los sobornos al pueblo.

Más bien quebraron al país, lo dividieron: una ruptura social y política. Más diferencias sociales y exclusión en una sociedad donde impera, por un lado, el derecho del más fuerte, de los que ocupan el Estado, y plasman en la normativa jurídica sus intereses, violentando la Constitución las más de las veces, y, por el otro,  la voluntad de los malandros que acosan y asesinan a los venezolanos, todo lo cual empeora las relaciones sociales, modifica desfavorablemente la posición del venezolano frente al Estado que lo achica, empobrece y secuestra: en la noche, hay toque de queda en las ciudades, pueblos y aldeas.

Por ello, hay inquietud, ira, rabia, desesperación, mortificaciones, adultos mayores lloran, imposibilitados de obtener lo indispensable para alimentación y salud, muchos pelean a puñetazos, los ánimos erizados por las interminables colas, la prolongada espera y el sol inclemente; fallecen prematuramente enfermos con diagnósticos críticos así como los que necesitan tratamientos de por vida; una ráfaga instintiva calienta el alma, enrojece la cara; improperios contra Maduro; preguntan: ¿Por qué vivir así? Elucubraciones en torno a lo justo e injusto. A causa de este panorama desolador los venezolanos gritan: ¡Ya basta, Maduro!