• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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El bachaquero como hombre nuevo

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Los hay por todas partes de la geografía nacional, los bachacos, son azote de jardines y sembradíos, mortificación de campesinos y de todos los que trabajan en el campo, de las señoras  que le cuentan cuitas a sus plantas, muchas amanecen diezmadas por la acción destructora de los bachacos, pero tienen ciertas cualidades que los seres humanos en nuestros países no pueden concretar, esto es, su capacidad de trabajar en equipo al trasladar su carga ordenadamente hasta la madriguera, forman filas, columnas con su presa del día, actúan como las manadas de lobos en cacería, conciertan una conducta para lograr conjuntamente un objetivo, y alguien se preguntaría: ¿Con cuál lenguaje se comunican para acordar una tarea colectiva? ¿Cuáles señales emiten? ¿Cómo se miran cuando se trata de abordar un árbol, una planta de rosa, de malabar, un naranjo, y dejarlo sin hojas al amanecer, es su trofeo, destruir, alimentarse destruyendo otros seres vivientes, y tan diminutos que son.

De esa imagen, la del bachaco trasladando su carga hasta la madriguera, parece que surge el vocablo actual entre los venezolanos de “el bachaquero”, es de la jerga, del “argot”, como dirían en Francia, se menciona a cada rato en las conversaciones de los venezolanos, uno saluda en cualquier lugar donde se encuentra con un amigo o relacionado y comienza la referencia al “bachaquero” que, entre otras siluetas, imaginamos como alguien cargando un “bojote”, una caja, unas botellas, unas pipas, como dicen en el Zulia, de qué sabe qué, hacia su morada o hacia un lugar donde pueda comercializar “express” y con seguridad.

El “bachaquero” es un intermediario en el circuito comercial, y como tal cumple una función social, al margen del comercio formal, pues proporciona mercancías, víveres, a quienes desesperadamente los buscan en los establecimientos cuyo fin es proveerlos oportunamente a los ciudadanos para satisfacer necesidades de consumo, que es una manera de lograr bienestar en el estadio actual de nuestras sociedades. El vocablo se inventa porque el lenguaje no es únicamente un conjunto de signos, es una relación con el mundo que nos rodea, no por interposición entre las cosas y nosotros de un lenguaje, como lo quería Humboldt, sino por apertura y estímulo del mundo circundante.

El “bachaquero” es un trabajador informal muy sacrificado, con muchas penurias, puesto que  ejerce sus funciones “armado” con la  picarezca, astucia y cinismo que emanan de la otra cara malvada de la naturaleza humana, pero que en sí es loable, pues, se las arregla para obtener los productos de cualquier manera, hace maromas para transportarlos, soporta ofensas, el sol inclemente, fuertes aguaceros, corre riesgos para venderlos, colocarlos en las autopistas y otros lugares, piensa en las horas de complicación del tránsito para ofrecer su “carga”, y así obtener un sustento para la familia y sí mismo; no se  puede,  entonces,  criticar moralmente tal comportamiento, puesto que es un intento, una búsqueda para sobrevivir en esta sociedad deformada y enferma, una manera de adaptarse a lo que el medio le impone.

 Surge como prototipo del “hombre nuevo” que todos los regímenes totalitarios buscan crear, nace del torrente de la desigualdad y complejidad social creada por las políticas que pretenden instaurar un trasnochado socialismo que en realidad es una excusa para saquear el erario público, como la fortuna acumulada por los capitostes chavistas, pues, el marxismo, concretamente, no es una teoría empíricamente comprobada, es una serie de incoherencias que avizora una sociedad sin clases, esto es, se detiene la historia, al no existir más contradicciones clasistas que la motoricen, más bien deberían postular, lógicamente, que surgirían otras nuevas y así continuar el movimiento social, el progreso, tal como comenzó desde la sociedad comunitaria, el esclavismo y llegó hasta el capitalismo, según Marx.

El “bachaquero” es una novísima conducta de un actor social-humano en la sociedad venezolana, procede de todas las complicaciones sociales de las políticas gubernamentales y de los comportamientos de los personeros representativos del sistema político venezolano, es el cacareado “hombre nuevo”, proveniente del funcionamiento del engranaje social caracterizado por la escasez de bienes y servicios que conlleva las agobiantes colas donde cualquier cosa puede suceder a causa de la crispación de los ánimos: a una señora la degollaron con un “pico de botella”, otra ya anciana comenzó a llorar, pues sintió agotamiento y vio frustrado su intento para proveerse víveres esenciales.

“Bachaquero se es porque también hay quienes “bachaquean” dineros públicos a sus cuentas personales. Los que importan en el gobierno artículos de primera necesidad y los acaparan. Son tiempos de escasez y alienación, de golpes al estómago con el descenso de los ingresos reales, de saqueos en San Félix, Valencia, Palo Verde, Sinamaica, etc., la gente siente que su vía está bloqueada, con muy poca autoestima, hay resentimiento hacia los del Gobierno y la cómplice oposición; el venezolano piensa que sus mortificaciones y aspiraciones no se perciben en Miraflores, ni en el sistema político no hay respuestas, está abandonado, por lo cual hay desconfianza en las instituciones y personeros públicos que son la cara del aparato que lo oprime: no confía en la presidencia de la república, en la asamblea nacional, tribunal supremo de justicia, consejo nacional electoral, poder moral, defensor del pueblo, contraloría general de la república, las fuerzas armadas, y, en general, a causa de esta desgracia, en la MUD, integrada por narcisistas cuya propaganda engañosa quiere hacer creer que todo lo arreglarán con las parlamentarias.

“Bachaqueros” aparecen por doquier ¿Cuántos son? Ni de eso se ocupa el Gobierno. Aparecen, sí, puesto que es mentira el tal “gobierno del pueblo”, la “soberanía popular” es una ficción, es solo teoría, en realidad no gobierna el pueblo, solo una macolla cívico-militar con predominancia de este sector. Gran parte de las presuntas élites además de corruptas son idiotas, fuera de la realidad, se les ha sugerido nuevas vías para enrumbar al país por una senda de progreso y no entienden, como tampoco la MUD, dado su mutismo y preocupante acompañamiento en esta descomposición social. No se trata de izquierdas o derechas en el enfoque de problemas solucionables, más bien de eficacia administrativa, gerencia transparente y democrática.

La historia nos exigirá cuentas si no comprendemos y actuamos dado el destino peligrosamente enigmático del país. Como decía Heidegger en su famoso diálogo con el gran filósofo francés Jean Beaufret: “à aucunpeuple de l’histoire, saveritén’estjamaistombée du ciel”, esto es, “a ningún pueblo de la historia jamás le ha caído del cielo su verdad”. Parece que los venezolanos temen encarar su verdad, o no quieren encontrarla, cual es, una tragedia, pues se trata de la destrucción nacional que, además, es un delito.