• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

Pedro Conde Regardiz

¿Se acabó Venezuela?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Venezuela  a raíz  de la Independencia, hace ya un poco más de doscientos años, acariciaba sueños de grandeza y luego, 1959, con Rómulo Betancourt y el Pacto de Puntofijo, incluso hace tres décadas con Jaime Lusinchi y el Pacto Social, aparece hoy como un país sin porvenir, desesperante para la juventud que huye buscando en otra parte cómo realizarse en paz. Lo esencial sucede en otra parte. ¿Se saldría Venezuela de la historia sin percatarnos y por obstinación ideológica errada de la camarilla gobernante apoyada en la muleta cubana?

¿Cuál es el enigma de esta desviación? Por haber participado en la vida política desde los sesenta, sé que no será posible reinventar el porvenir de nuestro pueblo sin haber aclarado qué pasó.

La historia, de acuerdo con ciertas teorías, procede como la economía, por ciclos largos. En economía se habla de los “ciclos de Kondratieff”, apellido del economista ruso que estudió las fluctuaciones a la larga del capitalismo. En cuanto a las causas, las opiniones divergen: la aparición de nuevas industrias, cambios tecnológicos, crisis de regulaciones, etc. En política también hay ciclos.

Desde nuestra Independencia hasta 1935, Venezuela experimentó crisis sucesivas como consecuencia de las luchas y guerras intestinas entre presuntos caudillos. Perdimos un siglo. Según el historiador Guillermo Morón, murieron más de 3 millones  de venezolanos. En 1935, Venezuela era un país diezmado que comenzaba a flotar a causa de los nuevos ingresos petroleros. Cerró ese ciclo. Advino el comienzo de la democracia a duras penas, con muchas limitaciones y perseguidos (las venezolanas no votaban, las petroleras se repartían los dividendos de la explotación). Pero en el camino sucedió, como en aquella novela de Jack Kerouc, por circunstancias históricas que deberían contar quienes las vivieron y todavía están aquí, la Revolución de octubre que significó la incorporación genuina (me río cuando ahora hablan de protagonismo como si estuvieran descubriendo la pólvora) del pueblo al proceso político. Con el golpe, 1948, contra Gallegos culminó la esperanza democrática y lo que el doctor Ramón Velásquez llamó “octubrismo”(en parte, controlar y explotar las riquezas naturales para crear la base económica del desarrollo y del bienestar general).

Vinieron las tinieblas, la noche de Pérez Jiménez y sus secuaces. Se luchó con coraje, no se renunció a la esperanza de volver a la democracia. Muchos sufrieron cárceles, torturas, o sucumbieron al trato brutal, a la barbarie, o los asesinaron de diversas maneras como: Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Pinto Salinas, Luis Hurtado y muchísimos otros como lo relata José Vicente Abreu en Se llamaba SN. Cayó la dictadura como caen todos los regímenes que actúan ilegalmente y al margen de la Constitución. ¿Cuántas veces la violentaron los tres cochinitos, como apodó la sabiduría popular a la claque militar que desgobernaba? Terminó ese ciclo dictatorial en 1958 después de diez años diezmando al país. Pero resistió.

Betancourt ganó y comenzó en 1959. Fue un presidente excepcional. Contuvo el revanchismo perezjimenista y la nueva ola comunista auspiciada desde Cuba. Abortó 23 intentos de golpes de Estado y sufrió contundente intento de magnicidio. Pero, redujo la deuda pública, la economía creció, controló la inflación, aumentó el empleo, administró un control de cambio sabiamente y tendió a eliminarlo exitosamente. Esta tendencia progresista se vio un poco empañada por las insensatas divisiones de AD, que en mi opinión son la fuente de la crisis actual (participé en la de Raúl Ramos Giménez), la cual tendencia continuó en la presidencia de Raúl Leoni hasta 1969. Cerró un ciclo democrático progresista para el país. Lamentablemente, dicho ciclo terminó debido al mal gobierno y corrupción durante el primer mandato de Rafael Caldera: multiplicó la deuda pública por 5, la inflación se duplicó con creces (saltó de 7% en promedio durante Leoni a 16% en promedio en los cinco años de Caldera), quemó, antes de entregar el mando, más de 40 expedientes acumulados por corrupción.

Desde el final de Caldera I se acentuó el “deslave” político y económico, reforzado, por lo demás, durante la gestión de Luis Herrera, presidente honrado, pero rodeado de una tribu que realizó el primer gran saqueo del erario público, llevando al Viernes Negro del 18 de febrero de 1983, cuando el bolívar saltó en pedazos a causa del monto de la deuda, el despilfarro, la anarquía en las finanzas públicas. Desde esa fecha todos los gobiernos sucesivos han apelado a las devaluaciones con fines fiscales, a lo cual siempre me he opuesto modestamente, como consta en la prensa, por ser la razón fundamental de la inflación que corroe el tejido social. Desde 1979 hasta 1998, veinte años, el ingreso per cápita de los venezolanos registró caídas continuas que acompañadas de inflación sumieron en la pobreza a millones de venezolanos, Fue esta la motivación primera del apoyo que recibió la intentona de Chávez y su posterior triunfo en las elecciones de 1998. Concluyó así un ciclo democrático decadente, respetuoso de las reglas del juego político y de las normas para la actuación gubernamental. Ya para este momento los adecos eran, como siguen siéndolo, apóstatas y corruptos, sin candidato presidencial de envergadura, y deshonraron la sangre derramada, sacrificio de  mártires y sufrimientos de otros durante dictadura de Pérez Jiménez.

Cuando Chávez llegó en 1999 había de todo en el país para satisfacer las necesidades de los venezolanos. Al poco tiempo comenzó a dar señales de su perverso proyecto. Creó confidencialmente un comité para desinformación, del cual me enteré en Nueva York, integrado por piltrafas humanas de la comunicación, para desprestigiar personalidades de su gobierno, justificar la destitución, así como de los que comenzaron a oponerse al devastador designio, que no era ni es una revolución en el sentido marxista del término, más bien, como calificó Engels estos movimientos en el Manifiesto Comunista, se trató de un anhelo reaccionario, puesto que ahora se nota que se ha retraído al país a etapas de desarrollo social ya superadas con creces. Es una claque reaccionaria la que desgobierna, según la terminología marxista. Llevó hacia cincuenta o setenta años atrás la nación. Fulminó la esperanza. Ahora huyen venezolanos y descendientes  para evadir el desastre e inseguridad. En 2019, si continúa empecinamiento con estas políticas erradas, que conducen la economía al desastre para conformarla a los dogmas políticos (el suscrito varias veces, desde que falleció Chávez, le ha sugerido a Maduro cómo cambiar de modelo), Venezuela será, en parte, un cementerio de todo lo que existía, del protoesfuerzo que se había realizado para desarrollar la nación, además del cementerio humano por los estragos del desgobierno.

Venezuela dejó su marca durante la Independencia, fue tierra de libertadores. Andrés Bello legó su gramática y código civil para los nuevos ciudadanos americanos. Desde 1930 degeneró hasta 1935. Vino un período de avances y retrocesos. Hasta 1958, cuando surge nuevamente la esperanza que “murió al nacer”, como decía en 1961 una mancheta de este gran periódico. Ha reinado el azar y han faltado dirigentes (los sacrificaron, en parte, las divisiones de AD). Pero con el  ingenio de los que quedan, de las tretas que se puedan organizar, se podrá formular otra idea realista de progreso, como la que emergió de los libertadores y, según Tucidides, del espíritu griego que, al comienzo contaba con la ayuda de divinidades, pero que luego por ingeniosidad humana apareció por doquier la idea de progreso, en los textos trágicos y filosóficos, lo cual reveló el sentimiento de grandeza del hombre. Deseamos volver a comenzar paso a paso, reagrupando voluntades, crecer para aumentar su fuerza, poder, y los medios de acción, de modo que se concrete un progreso, quizá irregular, pero ininterrumpido. Que el desarrollo tome la forma de una curva ascendente en el horizonte del venezolano, en la aspiración irrenunciable a ver aquí parte del mito, el soñado paraíso que todos imaginamos por la dotación divina de variadas riquezas naturales y por herencia ancestral de los descubridores de América (Tierra de Gracia).

¿Por qué este desgobierno nos retrotrajo? ¿Por qué nos expone como un pueblo incapaz de organizar su devenir? Y que no haya nadie con poder que se oponga a un gobierno ilegal, ilegítimo, por su actuación: violenta las normas constitucionales, legales y del juego político, pero que para la MUD solo se puede superar legalmente. Esta es la contradicción que inmoviliza la acción colectiva para despejar nuestras vicisitudes. A la MUD se lo agradece Maduro, el gobierno fundamentalista de la corrupción, aunque los venezolanos desean “saltar el rubicón” y comenzar a forjar otra historia, tal vez la más interesante. Sí lo creo plausible, viable.


psconderegardiz@gmail.com | @psconderegardiz