• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Visita de expresidentes y la soberanía

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Mediante el Tratado de Westphalia, los estados constituidos en unidades nacionales y culturales fueron considerados soberanos en el interior de sus fronteras. La política internacional fue confinada a la interacción de los estados al través de sus límites establecidos. Para los fundadores, los nuevos conceptos de “interés nacional” y “equilibrio de poder” significaban limitación, no expansión, del rol de la fuerza; sustituyó la conversión forzosa, conquista y dominación, por la preservación del equilibrio.

El sistema westphaliano se expandió por todo el mundo gracias a la diplomacia europea, bien que nunca se aplicó en Medio Oriente, donde solo tres Estados musulmanes tienen bases históricas, a saber: Turquía; Egipto e Irán Las fronteras de los demás siempre han sido cuestionados, a menudo militarmente; ahora vemos lo movedizo de las fronteras en esta región con la presunta creación de un nuevo califato o estado islámico en parte de Irak, Siria.

La diplomacia surgida de la “primavera árabe” reemplazó el principio westphaliano de equilibrio por la doctrina “intervención humanitaria”. En este contexto se observan ahora internacionalmente los conflictos internos de las naciones; generalmente las instituciones internacionales, la comunidad internacional, exigen que los gobiernos negocien con sus oponentes locales para atisbar soluciones pacíficas, democráticas a la conflictividad nacional, incluso para transferir el gobierno sin traumatismos.

Generalmente los conflictos autóctonos brotan porque desgobiernos prolongan en el tiempo su actuación, control y usufructo del poder acompañado de corrupción, supresión de las libertades, del estado de derecho, de los derechos humanos, sumisión en la pobreza a gran parte de la población, dispendio irracional de los fondos públicos, militarismo a ultranza imaginando presuntas agresiones externas para justificar compras excesivas de armas y favorecer la corrupción militar y civil; ausencia de políticas públicas que acarreen bienestar general;  endeudamientos insensatos que las más de las veces no repercuten favorablemente en la producción nacional; y, elecciones amañadas para permanecer en el poder.

 Por ello, surgen movimientos, fuerzas sociales que deciden oponerse y que ante la temeridad del desgobierno de mantener el poder, surgen enfrentamientos  que generalmente desembocan en “puntos muertos”, sin salida, que más bien los agravan y arrojan numerosas fatalidades. La población civil, sobre todo, sufre irremediablemente, por lo cual se plantean las susodichas “intervenciones humanitarias”, como han sido los casos en Oriente Medio.

De modo que se plantea un problema moral de gran repercusión: hasta qué punto la comunidad internacional debe permanecer indiferente, respetando una presunta soberanía que hoy es letra muerta, mientras desgobiernos masacran poblaciones, despilfarran los recursos públicos, endeudan naciones, quebrantan el estado de derecho y las libertades,  se afianzan en el poder con un concepto sibarita, inician deconstrucción, como en Venezuela, que finalmente es una burla y termina en destrucción nacional.

 ¿Qué es más importante en la escala de valores de la sociedad internacional: apoyar la lucha por la libertad de un pueblo o mirar de reojo lo que sucede internamente en ese pueblo donde se violentan las normas constitucionales, se asesina a mansalva, hay presos políticos, no se respeta el debido proceso, niegan acceso a la salud pública, se fallece de mengua, mientras unos pocos se enriquecen a expensas de las desigualdades crecientes, se considera enemigo al que no comparte sus palabrerías? Es característico que la disparidad de fuerzas siempre favorece al desgobierno por contar con el monopolio de las armas. El otro bando inconforme, que soporta las tropelías, siempre protesta, lucha desarmado, solo con la razón política.

La visita organizada por el movimiento Vente Venezuela, liderado por María Corina Machado,  de los ex presidentes Calderón de México, Pastrana de Colombia y Piñeira de Chile tuvo como fin participar en varios foros, pero como nuestra lamentable realidad social, política y económica es inocultable, pudieron constatar, incluso cuando intentaron visitar a Leopoldo López, la gravedad de la situación interna, y como personalidades demócratas, promotores de la libertad y del estado de derecho, emitieron sus opiniones que necesariamente abogaban por la reconstitución de la libertad en Venezuela. No pueden considerarse tales juicios como injerencias cuando Maduro a cada rato alega “la patria grande” para justificar los regalos petroleros y su participación en otros países latinoamericanos, así como para aceptar la intromisión de Cuba en nuestros asuntos internos. Quiero decir: para el desgobierno venezolano si hay “patria grande”, pero para los que aspiran a la libertad, no.

Es más, apoyar desde el exterior, ya la diáspora venezolana ya la comunidad internacional, la lucha por la democracia no es injerencia cuando lo que se busca es la vigencia de las libertades, que se pueda ejercer la capacidad que hace del homo sapiens un ser humano, esto es, la libertad de expresión y de pensamiento  y las libertades en general ¿Qué es más importante la libertad en una nación o el esfuerzo de algunos por mantenerse en el poder creyendo  que un país es algo así como un coto privado  de caza? Debe prevalecer el valor de la libertad del pueblo ante la usurpación del poder por una camarilla.

 No es la soberanía de Venezuela lo que está en juego,  es la capacidad de maniobra del equipo gobernante para violentar la constitución y destruir a Venezuela. De hecho, no existe contemporáneamente en la “aldea global” la soberanía de un país. Pregúntenle a las compañías  multinacionales y a los “hackeadores” chinos y coreanos del norte. En eso, el derecho internacional ha sido abandonado con creces; además,  a causa de las exigencias de las luchas por la democracia mundial y a los muy evidentes designios contra nuestra cultura occidental del islamismo radical. En sus laberintos, con pastillas ideológicas de la noche de los tiempos,  atrapados permanecen estos gobernantes.  ¿Se desvió la visita de los ex presidentes hacia “intervención humanitaria” civilizada, muy pacífica? Inevitablemente. ¡Enhorabuena!