• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

Venezuela en periferia de Cuba

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En el origen del fenómeno social que es el poder hay un aspecto biológico, como lo muestran las investigaciones médicas realizadas, sobre todo en Francia, por el equipo del profesor Laborit, quien encontró que el órgano hipotálamo, situado en la base del cerebro, es la sede de la dominance, esto es, del instinto de dominación, por lo cual el individuo, hombre o animal, cuyo hipotálamo sea lastimado pierde todo deseo de imponer su voluntad a los que lo rodean, y al mismo tiempo, profundamente tocado en su personalidad, acepta obedecer a todo lo que se le ordene o solicite, mejor dicho, él abdica, lo cual es una renuncia a ser él mismo; de modo que todo ser se coloca en tanto que individuo como oponiéndose a los otros y buscando imponerse a ellos; la sed de libertad y el gusto del poder son las dos caras de una unidad, es la misma realidad biológica.

Entre 1650 y 1550, antes de Cristo, los hicsos, pueblo nómada procedente de Asia, invadieron a Egipto, lo sometieron durante ciento cincuenta años, hasta que organizó el rey Ahmosis I un ejército y los echó; después del triunfo quedó la fuerza ociosa, pero como los militares deseaban mantenerse ocupados emprendieron la conquista de países vecinos; la organización creada para vencer a los hicsos estableció en la estructura social lo que Schumpeter llamó, en 1918, el sector “productor de guerra”; desde que el hombre existe, muchos pueblos han sometido a otros, los cuales terminan quitándose el yugo si no tienen constitución biológica de lacayos.

Se ha escrito mucho acerca de Theories of Imperialism and Neocolonialism; hay teorías folklóricas motivadas por razones biológico-instintivas, geográfico-estratégicas y sicológico-culturales, en las que la cultura es un patrón, un Gestalt; proviene de un cierto deseo místico de autopreservación, ocasionando que la historia del mundo se vea como una batalla entre esas “mega-almas” de personalidades, tal como lo expresó el historiador alemán Karl Lamprecht, desarrollado luego por Oswald Spengler, quien alegó que los imperios existen primeramente para darle expresión a una civilización o al espíritu de un pueblo. Semejantes ideas pueden encontrarse también en Dostoievsky al defender los ideales pan-eslavos; en Francia, con la noción mission civilisatrice, y en Alemania, antes de la Primera Guerra Mundial, con Am deutschen Wesen wird die Welt genesen (la esencia alemana salvará al mundo).

Hay otras teorías con más basamento científico, entre las cuales destaca la  “dependencia”, de Samir Amir y Johan Galtung, quienes dividen al mundo en países del centro y de la periferia; la “dependencia” se refiere, entre otros aspectos, al comercio internacional injusto del centro con la periferia, como en el caso de Venezuela y Cuba, que monopoliza las transacciones internacionales de Venezuela, en bienes y servicios no petroleros (armamentos, alimentos, medicinas, maquinarias, materias primas, etc.).

Cuba es agente comercial de Venezuela, compra y cobra comisiones que podrían oscilar entre 20% y 30%; por ejemplo: si en 10 años Cuba compró para Venezuela por un valor de 300.000 millones de dólares, en la aduana venezolana se reflejan importaciones por 390.000 millones de dólares, es decir, 90.000 millones se quedaron en Cuba; explica en parte nuestras vicisitudes, que se agravan al considerar las comisiones de funcionarios venezolanos, de modo que en el precio final de lo importado hay por lo menos 50% en comisiones, repartidas entre ambos países; es un factor preponderante en la inflación, una vertiente de la “guerra económica” desde el gobierno.

Cuba no solo domina en el comercio internacional de Venezuela sino también en la política internacional, en la política interna mediante penetración en la FAN y en la organización del aparato represivo, la administración pública, proyectos industriales diversos, izan la bandera cubana en cuarteles, prefieren médicos y otros presuntos profesionales cubanos, contratan servicios cubanos con precios cuestionables y reciben más de 100.000 barriles de petróleo diarios, en otras palabras, Venezuela ahora depende de Cuba, está en su periferia, tal como antes estuvo en la de España y en la reciente de Estados Unidos; Cuba logró lo que no pudo con la guerrilla derrotada por Betancourt y las FAN en la década del sesenta del siglo pasado, por lo cual no puede hablarse de “independencia” ni “tenemos patria”. Se necesita un Ahmosis criollo, otro Betancourt con un ejército defensor del país. No será fácil.