• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

Venezuela y el Fondo Monetario Internacional (I)

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Fue creado en 1944 este organismo internacional para regular el funcionamiento del sistema monetario internacional, mediante la imposición a sus miembros de reglas de buena conducta y exigiéndoles una contribución en recursos financieros (que son las llamadas cuotas) para llevar a cabo su misión esencial, cual es, hacer préstamos a los Estados miembros cuya balanza de pagos, esto es, el registro contable de los valores de las transacciones externas, presente un déficit temporal, mejor dicho, que las compras al exterior de bienes y servicios sean superiores a las ventas y que los flujos de capital al extranjero sin contrapartida de bienes y servicios sean mayores que los recibidos desde la economía mundial. La adhesión al Fondo Monetario Internacional (FMI) implica la aceptación de cuatro (4) normas de buen comportamiento, siendo ellas las siguientes:

a)                Los Estados miembros debían declarar al FMI la paridad o el tipo de cambio escogido para su moneda nacional con respecto al oro o al dólar estadounidense de 1944, que era equivalente a 888,671 miligramos de oro fino. Los Estados se comprometían a respetar esta paridad, para lo cual los bancos centrales de los países miembros debían intervenir en el mercado de cambios para evitar variaciones de la moneda nacional más allá de los límites aceptados para la paridad escogida. Esto quiere decir que el orden creado con el acuerdo de Bretton Woods no permitía el sistema de los tipos de cambio fluctuantes, donde el banco central se abstiene de toda intervención y deja que las oscilaciones de la moneda nacional hagan que esta encuentre su punto de equilibrio en función de la oferta y la demanda en el mercado cambiario, lo cual pretende erradamente que la economía se sitúe en una torre de marfil, algo así como la caja donde los físicos explican la teoría cinética de los gases, es decir, sin influencias perturbadoras de los fenómenos o leyes naturales que se desea explicar; la economía nacional no está en un vacío, sí se encuentra en la complejidad social, sometida a todo tipo de vaivenes, entre los cuales destacan, tratándose de la moneda, la confianza en las políticas económicas instrumentadas, las perspectivas positivas en torno al futuro de los negocios, etc.

b)                Sin embargo las paridades no eran inmutables, pues los estados se reservaban el derecho de devaluar o revaluar su moneda nacional, pero no lo podían hacer libremente o soberanamente. Según los estatutos del Fondo, los países miembros se comprometían a modificar el valor de las monedas solamente cuando se necesitaba corregir un desequilibrio fundamental en la balanza de pagos, resultante de una relación muy desproporcionada entre los precios nacionales y extranjeros. Se suponía que en este caso no se podía corregir esa desproporción con medidas distintas a la devaluación o revaluación.

Si se iba a variar la paridad en menos de 10%, solo se necesitaba prevenir al Fondo. En cambio, si ello implicaría algo más de 10%, se necesitaba la autorización previa del Fondo, que la concedía después de una investigación acerca de la situación económica y monetaria del país solicitante.

c)                 Los tipos de cambio escogidos por las naciones miembros tenían que ser unitarios, es decir, no aceptaban tasas múltiples, pero estas si podían instrumentarse con la autorización del Fondo, en circunstancias excepcionales.

d)                Con la adhesión al FMI los estados miembros aceptaban como objetivo la creación la creación de un régimen de pagos sin ninguna restricción, al menos para las transacciones corrientes, esto es, de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que incluye las operaciones externas (importaciones y exportaciones) con bienes y servicios.

Este sistema monetario internacional que emergió de Bretton Woods, perdió su vigencia por la infracción de las normas: Franca fue el primer país que no siguió el código de buena conducta, cuando en 1948, devaluó su moneda sin consentimiento del Fondo y estableció dos tipos de cambio para el dólar estadounidense. El Fondo no reconoció las nuevas paridades y sancionó a Francia prohibiéndole el acceso a recursos del Fondo, sanción que fue eliminada en 1953. Alemania tampoco participó al Fondo la revaluación del marco alemán el 8 de agosto de 1969, invocando como pretexto la necesidad de mantener secreta la operación. Y Francia nuevamente no participó al Fondo la devaluación del franco francés en 1969.

Estos irrespetos sucedieron a causa de la rigidez del sistema establecida con el patrón de cambio oro, es decir, las diversas monedas nacionales no eran convertibles en oro, pero sí las unas a las otras siguiendo una paridad fija que era reversible en caso de un desequilibrio fundamental en la balanza de pagos. Además, solo se permitía una variación en el tipo de cambio del 1% por encima o por debajo de la paridad escogida y participada al FMI.

La realidad demostró que este sistema era muy inflexible y no generaba la necesaria liquidez internacional. Por otra parte, los déficits en la balanza de pagos de Estados Unidos se financiaban con la simple emisión de dólares que luego constituían reservas internacionales en los demás países. Fue tan asiduo este procedimiento que se creó una insuficiencia de oro en las arcas de Estados Unidos para respaldar, a la paridad escogida, la cantidad de dólares emitidos; por ello, el entonces presidente Nixon eliminó, el 15 de agosto de 1971, la convertibilidad del dólar al oro. De este modo se le asestó un golpe mortal a los acuerdos de Bretton Woods. Desde ese momento se ha intentado para reformar el sistema monetario internacional, todo ha caído en el vacío y hoy imperan sobre todo las tasas fluctuantes de las monedas nacionales.

Desde el viernes negro de 1983 durante el gobierno del presidente Luis Herrera se auspiciado por diversos sectores nacionales acudir al apoyo financiero del FMI para apaciguar déficits transitorios de la balanza de pagos y la pesadez del servicio de la deuda pública. Afortunadamente, el sucesor Jaime Lusinchi no llegó a firmar una carta de intención con dicho organismo, siempre lo desaconsejé como uno de sus asesores que era, aunque si instrumentó una política económica, de la cual disentí públicamente como consta en la prensa de la época, complaciente con el FMI y relacionada con medidas que encarecían el costo de la vida, arrojaban más pobres, mas formularon las tales políticas compensatorias, mejor dicho, algo así como lanzar un camión sin frenos que estropea transeúntes y luego enviar una ambulancia para que los recoja. Esta lógica es infernal, cruel, siempre la combatí, puesto que la política económica no es para arrojar estragos sociales. Se necesita pensar integralmente acorde con la complejidad social y buscando que la población salga better off de las vicisitudes creadas por esquemas políticos errados y mayormente por la corrupción. O por lo menos, que no sufra las consecuencias de la insensata actuación de la seudo dirigencia.

Se vuelve a hablar de recurrir al FMI para subsanar necesidades de financiamiento. No lo aconsejó. Venezuela no tiene necesidad de tal insensatez. Lo que urge es buena administración, confianza, cambio de rumbo, de modelo económico, lo cual no es difícil de instrumentar. Es lamentable que un país con tanto potencial luzca postrado e inmaduro a causa de las bien sujetas gríngolas ideológicas. Con medidas cruciales coherentes el país flotaría y comenzaría a transitar una senda de prosperidad y justicia para todos. Se dejarían  atrás doscientos años perdidos, máxime los cien años desde que comenzó la explotación petrolera de la cual qué tenemos en realidad cuando se avecina una crisis demográfica, además de la económica, social y política,  mucho más determinante, debido a la migración de la juventud para la cual el futuro está en otra parte. Es una lástima, crea angustia, el país se diluye, una tragedia tal vez irremediable si seguimos por este curso.

Y tanto que soñamos para nada. Quizá, habría que indagar en la profundidad de la mestiza alma venezolana para atisbar por qué se ha perdido tanto tiempo a pesar de contar con inigualables recursos. Las universidades, los profesores de psicología social, étnológica, historiadores, siquiatras, etc., deberían integrar un grupo de estudio multidisciplinario, investigar la materia y arrojar recomendaciones. El doctor Francisco Herrera Luque hizo intentos loables, también el doctor Carlos Siso. Al doctor Juan Pablo Pérez Alfonzo, durante muchas de nuestras conversaciones semanales, opiniones escuché.  No creo las organizó para publicación. La tarea es complicada, pero indispensable para orientar mejor las políticas públicas.

psconder@gmail.com

@psconderegardiz