• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Venezuela y el FMI

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Hay políticas alternativas pues las del FMI, bien que algunas son deseables, carecen de globalidad y de la coherencia para realizar los ajustes sin propagar la inflación y sin sumir la economía en una depresión de mayor significación.

Conviene recordar que, en 1989, Carlos Andrés Pérez, presidente de la República, y su equipo económico, decidieron acudir al FMI para obtener financiamiento de la balanza de pagos que permitiera amortiguar, dado el bajo nivel de las reservas internacionales operativas, unos 2.044 millones de dólares, que ellos anteriormente habían certificado como de 300 millones, hecho por error o premeditadamente, en el marco de lo que fanfarronamente  llamaron “El Gran Viraje”, que en realidad era la condición del FMI para otorgar los recursos que se le solicitaba. Ese “viraje” decía que era para salir de la excesiva regulación, del estancamiento e inflación y de la orientación hacia el mercado interno para lograr una economía regida por las fuerzas del mercado, con crecimiento estable, estabilidad de precios y disfrutar de presuntas bondades de la apertura económica.

Ahora, las medidas concretas instrumentadas por recomendación del FMI fueron: tipo de cambio libre, eliminación de controles de precios, tasas de interés reales y positivas, ajuste de los precios de los bienes y servicios producidos por el Estado, disminución del gasto público en términos reales, simplificación de los procedimientos para exportar e importar, eliminación de restricciones cuantitativas y reducción de aranceles, programas de financiamiento externo y conversión de deuda en inversión. De esa manera el gobierno de CAP compartió, cedió, sin autorización, soberanía con un organismo internacional controlado por otros Estados, sobre todo las tradicionales superpotencias imperiales, demostró además, la inmadurez de esos venezolanos, pues requirieron la tutela, el apoyo externo para poder concebir y ejecutar ciertas políticas, poniendo en evidencia una presunta incapacidad de los venezolanos para determinar el rumbo de la economía, evidencia que fue una fuente de nuestro desprestigio internacional. El presidente y los ministros se convirtieron en meros ejecutores de directrices formuladas por simples funcionarios del FMI que desde un escritorio en Washington pretendían dirigir la economía nacional y sus implicaciones.

Una vez que Venezuela cumplió con la condicionalidad al suscribir la Carta de Intención, se logró en 1989 el primer tramo del financiamiento de la balanza de pagos, proveniente de las siguientes fuentes: FMI, 962 millones de dólares; Tesoro de Estados Unidos, 450 millones de dólares; Banco de España, 600 millones para un total de 2.621 millones.

En 1990, se obtuvieron 2.715 millones dentro de los cuales hubo una operación swap con el Banco Internacional de Pagos de Basilea, utilizando oro del BCV. En 1991, ingresaron otros 1.752 millones, de los cuales formó parte otra operación swap con oro del BCV y con la misma institución internacional.

En total durante el segundo quinquenio de Pérez se consiguieron 11.064 millones de dólares para apoyar la balanza de pagos, mas, en realidad, esos recursos para lo que sirvieron fue para financiar en gran medida la fuga de capitales, por razones que luego explicaré.

La condicionalidad del FMI como política del organismo se aprobó en 1952 con la protesta de los países miembros en desarrollo, es decir, proveer financiamiento a los miembros que lo requieran, siempre y cuando se aplique un programa de ajuste económico conveniente y a satisfacción del Organismo. En ese mismo año se estableció el marco de los acuerdos Stand by, como el esquema más adecuado para la aplicación de la “condicionalidad” y mediante los cuales se provee a un miembro de la línea de crédito que puede utilizar mediante retiros parciales durante un cierto tiempo y de acuerdo a como marche el programa económico. La protesta de los países en desarrollo se explica porque detrás de cada programa está la estrategia geopolítica de las superpotencias, máxime cuando aquellos han venido desplazando a estas del comercio internacional, esto es, se ha reducido su parcela en el comercio internacional a causa de las políticas que buscan superar el subdesarrollo mediante la apertura de las economías y más competitividad por ser poseedores las más de las veces de materias primas esenciales.

Entre los resultados de las políticas aplicadas, se observaron: los ingresos del gobierno central disminuyeron en forma real debido a que la tasa de crecimiento de los precios fue superior a la de dichos ingresos. Creció más rápido el ingreso petrolero por las devaluaciones, más bolívares con los mismos dólares de exportaciones petroleras o menores. La política económica ejecutada desde 1989 no cambió el problema estructural de la fuente de recursos fiscales; los provenientes del petróleo representaron 63,6%, el resto de la economía 19,3% y los extraordinarios, endeudamiento, 17,1%. Los ingresos petroleros crecieron de forma exorbitante por mera manipulación cambiaria, monetaria, no fue por expansión de la industria petrolera. La reducción arancelaria arrojó quiebra de empresas manufactureras y mayormente de la agroindustria y agrícola: se abrió violentamente el mercado interno para productos provenientes de otros países y se volvió a la “agricultura de puertos”, frase acuñada por el ministro de agricultura de Jaime Lusinchi, Felipe Gómez Álvarez,  quien hizo esfuerzos loables por reducir la dependencia alimentaria y lo logró. Se revirtió esa tendencia con Pérez, Caldera y ahora es peor, con graves consecuencias.

Financiar gran parte del presupuesto de la administración central con fondos derivados de maniobras cambiarias comenzó en 1983, se acentuó en 1984, 1985, 1986, 1989 y años siguientes, generándose una distorsión de consecuencias inflacionistas, mala práctica en las finanzas públicas que se ha complicado y es la causa, además, del gran déficit fiscal recurrente que se agravó desde 1995, debido, por lo demás, a la falta de una visión clara de esta calamidad y de una política fiscal adecuada.

Todo este cuadro demuestra la crueldad e irresponsabilidad reinante en los que decidieron tan perversas políticas, acentuadas hasta el día de hoy, propagándose la inflación, apreciación de la moneda, surgimiento reiterativo del déficit fiscal, destrucción de los ingresos reales, aumento de la pobreza al sufrir los embates implacables del alza del costo de la vida, el cual se ha complicado por la escasez, entre otros, de víveres, insumos, medicinas esenciales. Tampoco se logró mejoría en el nivel de las reservas internacionales que solo han aumentado después de subir los precios petroleros, pero se malbarataron, regresando a sus montos críticos para el funcionamiento de la economía nacional.

Y lo que es peoría: la dinámica infernal, insufrible, la lógica de esta política fondomonetarista, también aplicada en parte por los gobiernos chavistas, radica en la liberación de los precios como mecanismo para trasladar masivamente recursos desde los consumidores, asalariados, hacia los que fijan los precios, los empresarios, con la esperanza de lograr financiamiento de nuevas inversiones privadas y por ende aumento del empleo, mejoría en el nivel de vida de una vasta porción de la fuerza de trabajo, mas arroja realmente una estupefactiva fuga de capitales hacia los paraísos fiscales debilitando otra vez las reservas internacionales, el tipo de cambio y planteándose en otro ciclo nuevas devaluaciones y controles de cambio, todo lo cual disloca aquí el mecanismo coherente de las políticas, aparte del caudal de nuevos pobres y avería del ascensor social.

Por qué no se logra canalizar los fondos hacia nuevas inversiones, pues, la razón, entre otras,  hay que buscarla en la falta de confianza y más que nada en características del venezolano relacionadas con su tendencia a trabajar aquí y ahorrar en el exterior, mentalidad de un campo minero, que viene desde la colonia y tanto daño ha arrojado al país, lo cual evidencia la interrelación, la complejidad social que es preciso considerar al formular las políticas económicas que casi nadie sabe qué significan, máxime en la MUD, donde ya se preparan, como si fueran a gobernar desde el próximo enero, a insistir abruptamente en políticas fracasadas, como se ha verificado y he alertado desde 1983.

En 1999, cuando ganó Chávez, Timoteo Zambrano, entonces secretario general de AD, me dijo: “Si hubiéramos hecho lo que tu decías”. Le respondí: Ya es muy tarde. Parece que ahora recorrerán estúpidamente el mismo camino. No acampan en el frondoso árbol de la sabiduría: la historia y experiencia.

El razonamiento anterior es para que despierten  nuevamente los ya embelesados por el poder. Es algo así como mi trabajo social.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz