• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Unidad o unión opositora (I)

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“Unirse y ser uno es diferente cosa” decían nuestros teólogos renacentistas. Unión no es unidad. La supuesta, sobrepuesta y siempre impuesta unidad de la presunta oposición venezolana no ha sido nunca unión nacional de los distintos sentires y de sus hombres que disienten de las políticas y propósitos del comunismo vernáculo, colcha de retazos de píldoras ideológicas provenientes del tránsito por el panorama político mundial  del arco iris de los dogmas totalitarios, que se concretan en dos nociones básicas: coartar libertades, disminuir nivel de vida, esto es, oprimir, reprimir.

Fue siempre, sigue siéndolo, una tramposa impostura estimulada por el gobierno: antes, durante y tal vez después del chavismo con Chávez. Y siempre, como ahora, aterrorizada y aterrorizante para los que temen componendas y negociados con el gobierno. Además, electorera al instante, computada por el CNE,  “votos contra balas”, irresponsable y ordinaria, sin elevación espiritual en la lucha por el poder.

Otra ocasión sería la unión, independiente y libre, de las distintas corrientes políticas opositoras de Venezuela. Muy otra cosa es que en la república de Venezuela  hayan sobrepuestos burócratas uniformados, militares por doquier que predican la unión, el tal polo patriótico, invocando a Bolívar para asaltar el erario público y esparcir la podredumbre moral.

Alguien podría preguntarse: ¿Qué es Venezuela hoy para los venezolanos? ¿Un lugar para huir cultural, políticamente, económicamente? Para muchos que ya han huido y todos los que desean hacerlo, es un lugar para salir de él como de la peste porque realmente es un sitio que ya apesta. El país se está convirtiendo en ruinas, proliferan los escombros. Después de Chávez, mucho más. La realidad social en nuestro país se caracteriza por la pobretería, el absurdo y basura.

Estos quince años de chavismo inundaron al país de chapucería, le han hecho más daño que los últimos veinte de la mal llamada cuarta república, que, por lo demás, creó las condiciones, por su cuestionable gestión administrativa y política, demagogia y corrupción, apostasía, para el advenimiento de la exaltación de arcaísmos doctrinales por haber sido desmentidos en los ensayos sociales que trataban de plasmar los principios generales del marxismo. Ha perjudicado  mucho a todos los mundos: cultural, económico, político…

El país es víctima de la confusión reinante, puesto que Maduro ejerciendo débilmente la presidencia, dubitativamente, no termina de instrumentar las reformas que enderecen los entuertos que arrojó Chávez en el cuerpo social, duda todavía en escoger  la vía que  debería transitar la nación para comenzar a generar bienestar social. Por un lado, combate el radicalismo, “los izquierdistas trasnochados” y, por el otro, está dispuesto a aumentar el tamaño del Estado al amenazar con nacionalizar empresas, en lugar de redimensionar el aparato estatal que tantos ingresos consume. ¿Tiene responsabilidades la oposición en el hecho de que nos hallemos empantanados en esta confusión reinante? Es más, ésta se expande porque no se sabe si Maduro manda o no manda a juzgar por las contradicciones, “marchas y contramarchas”, corrección de declaraciones que dicen fueron “malinterpretadas”. ¿Es que alguien le dice que corrija lo dicho, se lo cuestionan? ¿Es desde Cuba, comando político-militar o él mismo? En parte, es a causa de las hablillas por hablanchín. Cuando el General De Gaulle hablaba, siendo presidente de Francia, las calles quedaban desiertas, puesto que se dirigía a los franceses cuando era indispensable. Se comentaba: “le General va parler”. Esto aquí es banal, más bien apagan los receptores.

Con la muerte de Chávez, creímos todos que con él morían o podían morir sus instituciones que eran en realidad destituciones, pues el chavismo casi acabó con todo. Y entonces, durante ya más de un año se ha producido lo contrario a lo que esperábamos: vemos el resurgir del militarismo, aumento de presos políticos, encarecimiento sorprendente del costo de la vida, escasez, cunde desconfianza por los vericuetos de la máquina económica y la corrupción corroe los huesos ya raquíticos del esqueleto chapucero de la presunta revolución.

Es un momento en que se hace un vacío; fuera de Chávez como que no quedara nada y esa nada en lugar de ocuparla la oposición, sobre todo, la progresista, la ocupa el propio gobierno con sus intentos de autocrítica al través de una de las corrientes, Marea Socialista, del partido gobernante. Peor aún, el vacío pareciera llenarlo el muerto, un cadáver, es el que manda, canta, da órdenes, preside actos, está en todas partes, es, pues, omnipresente, combate al lado de Bolívar, y todo ese espacio, filón político, lo deja, soslaya negligentemente la mal llamada oposición, ya que no dice “ni pío”; es tal la pusilanimidad que el gobierno se considera autorizado para desgobernar. La oposición casi no existe, es su responsabilidad no haber existido; máxime de AD y Copei, padres de la criatura chavista; no ha reclamado sus votos cuando convenía hacerlo; por muerta de miedo, entre otras cosas. Ni tiene un programa alternativo realista, viable para enrumbar al país, reconstruirlo. Este ausentismo crea mucha desconfianza, confusión, conjeturas y consolida la destrucción nacional y entrega al imperialismo emergente chino.

psconderegardiz@gmail.com