• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Trotski y la Revolución rusa

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75 años después de fallecido en 1940, qué puede uno descubrir ahora de este hombre célebre, casi como un arcángel de la “buena revolución”. La verdadera historia de Trotski está (Lev Davidovitch Trotski, seudónimo que escogió cuando tenía 23 años, se llamaba Leiba Bronstein) muy lejos de los cuentos de hadas por mucho tiempo propagados en Occidente. Revolucionario, comandante de guerras, escritor brillante, amante de las mujeres (en México, fue amante de la artista Frida Kahlo), judío en conflicto con sus raíces, padre de familia, ícono, después chivo expiatorio y víctima perseguida, por lo cual León Trotski vivió una de las vidas más extraordinarias que hayan existido. Fundador del Ejército rojo, oponente de su rival Stalin, quien lo expulsó desde 1929 hacia Turquía, luego Francia, Noruega y por último México, donde lo asesinó por orden de Stalin el comunista catalán Ramón Mercader; así terminó su vida en el apogeo de la violencia a la imagen de su vida tormentosa. Teórico puro este hombre tan monstruoso como genial que fue dominado por la obsesión del poder sin que jamás haya llegado a conservarlo. Acusado de haber traicionado la revolución, fue juzgado por contumacia cuando los grandes procesos de Moscú, 1936-1938, antes del asesinato por los servicios secretos.

El profesor de la universidad de Oxford Robert Service ya había publicado sendas biografías de Lenin y de Stalin antes de abordar la de Trotski en 2010 (compré en París la traducción francesa en 2013), fascinante la de este titán, logra captarnos como un libro de aventuras, pero también con mucha precisión en la revisión histórica de una reputación usurpada. Leí a Trotski por primera vez cuando en los años sesenta compré su autobiografía, Mi Vida, también fascinoso, tanto así que influyó muchísimo en la manera como el suscrito debía ejercer la política en aras de contribuir al desarrollo, la democracia, igualdad y bienestar para todos los venezolanos. Si me hubiera desviado, como los compañeros que en AD se fueron hacia el castro-comunismo en boga, creo que hubiera sido trotskista; pero hasta el día de hoy he cimentado mediante el estudio y la experiencia una ideología de izquierda democrática contemporánea, alejada de los principios marxistas arcaicos y dogmáticos, muy fundamentada en democracia, tolerancia y reducción de las horrorosas desigualdades sociales; admiraba, y todavía, este personaje revolucionario sin igual. Leí otras de sus obras: la enciclopédica Historia de la Revolución rusa y La revolución traicionada.

De la lectura de la traducción francesa de la obra del profesor Service, se deduce que Trotski navegó por el cielo político como un cometa brillante, que llamó la atención del mundo entero por primera vez en 1917. Era considerado, según la opinión general, como el mejor orador de la revolución rusa. Dirigió el comité militar revolucionario al comienzo cuando tumbaron el gobierno provisional en octubre. Más que ningún otro fue el responsable de la fundación del Ejército rojo. Miembro del politburó, ejerció una influencia profunda en su estrategia política, económica y militar. Fue una de las principales figuras de la Internacional Comunista, y el mundo entero atribuyó el impacto mundial de la revolución de octubre a su colaboración con Lenin. La relación entre los dos hombres tuvo altos y bajos. Antes de 1917, Trotski fue enemigo del bolchevismo, y muchos bolcheviques se encargaron de que esto no se olvidase. Cuando murió Lenin en 1922, los miembros del politburó temían que no fuera a reivindicar su papel como sucesor legítimo; las querellas que surgieron influenciaron bastante sobre el curso de su vida.

El análisis que Trotski hizo del Estado soviético continúa influenciando el mundo político en Europa del Este, en Occidente, y donde las condiciones lo permitieron aparecieron organizaciones trotskistas que, durante su vida, tuvieron un efecto menor en la vida política y después de su muerte, el movimiento experimentó una inexorable declinación, a pesar de cierta actividad en 1968 con las manifestaciones de estudiantes en Europa. Orgulloso del papel que cumplió durante los años en el poder, Trotski se esforzó por justificar las medidas revolucionarias y el recurso a la violencia. Nombrado comisario del pueblo, se preocupaba por escribir memoranda y comentarios presentando la actividad de los bolcheviques en bellos colores. La elegancia de su prosa no fue la única razón de su influencia histórica: el fin trágico de su vida lo hizo un mártir de la política.

Pero, en muchos casos Trotski tuvo la culpa, deformó la verdad. Stalin no era mediocre, como decía. Al contrario, poseía una serie impresionante de cualidades propias de un buen dirigente, entre otras, la capacidad de tomar decisiones. Por otra parte, la estrategia trotskista para la progresión del comunismo necesitaba un régimen opresivo, lo cual sí se confirmó con el “socialismo real”. Las ideas prácticas de Trotski echaron las bases del edificio estaliniano. En realidad eran más las coincidencias con Lenin y Stalin que las diferencias. Así, acusar al “pequeño padre de los pueblos” de ser un burócrata por excelencia es un poco exagerado viniendo de quien disfrutaba ejerciendo autoridad ilimitada durante sus años de gloria.

Se le tiene generalmente como un hombre diferente de Stalin, quien, es verdad, realizó actos de una monstruosidad que solo algunos dictadores del siglo XX igualaron. Pero, el “viejo” (uno de sus tantos seudónimos) no era un ángel: se inclinaba mucho por el terror y la dictadura. Durante la guerra civil, violentó los derechos de millones de rusos, incluso de obreros. Su egocentrismo era extraordinario: trató mezquinamente a su primera esposa y no se ocupó de las necesidades de sus hijos, sobre todo, cuando estaban en juego sus intereses políticos, lo cual tuvo consecuencias catastróficas.

A pesar de todo, Trotski no carecía de cualidades fascinantes. Sería un error reducirlo a un hombre ordinario, como son muchos de los cuasi dirigentes que pululan en los partidos venezolanos. El personaje y su carrera son complejos. Ciertamente, sus cartas, panfletos, artículos, libros, esclarecen el fondo de su pensamiento, aunque estos documentos no revelan el todo de sus ideas como dirigente político. Era meticuloso y organizado, máxime cuando se trataba de conspirar y de utilizar la violencia masiva. Poco a poco tomó conciencia que todo lo que proponía era una utopía, pero no abandonó jamás su proyecto irrealista que había decidido para el partido y para sí mismo. Vivió para un sueño, devenido una pesadilla para la gran mayoría de la población, como han sido los casos de los demás países donde forzosamente se implantó el comunismo, verbigracia, Cuba, desde hace ya 50 años.

Aquí en Venezuela la estamos viviendo. Se complicará con el uso despiadado de la violencia como ha sido costumbre en estos regímenes. Lamentablemente, no hay una institución política con la organización y entereza ideológica, la dirigencia, que sea el instrumento de lucha para volver hacia la democracia y emprender acertadamente el camino de la reconstrucción de una sociedad democrática que reduzca las desigualdades, productiva, competitiva, generadora de bienestar para todos y de una estructura que garantice la independencia económica, lo cual no quiere decir autarquía, tan importante para afrontar la hambruna mundial que organismos internacionales pronostican en los próximos años.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz