• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

Al instante

Perspectiva electoral

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Diversas encuestadoras de la opinión pública han publicado muchos resultados que pretenden revelar parcialmente, de acuerdo con los intereses  imbuidos en la muestra  para el momento del acopio de datos, la intención de los votantes, la cual parcialidad aflora al revisar las diferentes preguntas formuladas y la ausencia de otras, verbi gracia, casi sin excepción, ninguna  interrogante busca averiguar cuál es el rechazo en el universo electoral a la MUD, solo se refieren al del Gobierno y PSUV que, las más de las veces, salen muy desfavorecidos como receptores del creciente descontento colectivo originado por el empobrecimiento generalizado que arrojan las desacertadas políticas económicas, y, sobre todo, la ausencia de las adecuadas para superar la angustia, mortificaciones provocadas por el descenso violento del ingreso real personal, esto es, la indagación sesgada busca justificar una idea preconcebida relacionada con el deseo de demostrar que si hay una gran inconformidad con el Gobierno y que si hay aceptación de la MUD, a pesar de que esta es causante del deterioro económico- social, de la corrupción, que desembocaron en el ambiente político de donde surgió la presidencia de Chávez.

Por supuesto, el gobierno no perderá, o lo hará por escaso margen, pues, tiene muchas maneras de apaciguar la avalancha contraria, además, es probable la disminución de la presunta diferencia al momento de votar, demostrando lo que siempre es un fenómeno electoral, es decir, que cuando hay una pretendida gran diferencia entre dos bloques electorales generalmente se reduce por diversas motivaciones imputables a ambos competidores, lo cual crea el fundamento para reafirmar otra vez nuestra opinión: que el Gobierno podría perder o ganar por una diferencia de entre cinco a diez diputados, o, mejor, entre cero y diez diputados, que serían el “río revuelto” donde,  para compensar o ampliar la diferencia siempre a favor de los gobernantes, se lanzaría el anzuelo crematístico, práctica utilizada, como se ha comprobado, máxime en sociedades decadentes, corruptas, degeneradas, donde priva el aprovechar la ocasión para hacer fortuna inaudita como si fuese un maná. En lo que dicen algunos de los candidatos, generalmente  aquellos escogidos “a dedo”, el “gamelote político”, se observa que ya están mentalmente preparados para recibir la oferta.

Por otra parte, podrían plantearse negociaciones relacionadas con los presos políticos y otros temas, por ejemplo, en el supuesto que se concrete una sólida  mayoría simple de la MUD no sería extraño que el Gobierno desee conservar la presidencia de la Asamblea por razones obvias a cambio de liberar algunos de los presos políticos, tema que sin duda estará en la mesa de las transacciones con algunas de las fracciones políticas.

La elección de una nueva asamblea es una delegación de soberanía, puesto que se trata del poder legislativo cuyos integrantes son representantes del pueblo, que actuarán en su lugar, aunque aquellos no necesariamente, una vez electos, obedecerán la voluntad del pueblo, más bien este hará suyas las voluntades de sus representantes quienes en parte deberían formar sus opiniones según las del pueblo.

En la situación actual de la Nación, de cuasi guerra civil, hay del hampa con el resto de la sociedad enfrentamiento, acrecentado por el encarecimiento del costo de la vida, a juzgar por la cantidad de cadáveres registrados en las diferentes morgues, indicando barbarie y exigiendo reorganización social, más que nada regeneración.

Lamentablemente, esta delegación de soberanía en representantes escogidos a dedo, “gamelote político”, en su mayoría, no tendrá trascendencia para la susodicha reorganización, puesto que no conozco a ninguno que tenga una idea cabal de la crisis del país, que necesita urgentemente un movimiento regenerador fundamentado en la educación y la formación moral. Es un problema mucho más profundo que las vicisitudes económicas y sociales que observamos diariamente. El sistema político está vacío de proyectos, pues gran parte de sus integrantes no constituyen una élite intelectual que piense y proponga las políticas y programas a instrumentar.

Además, el mandato público, mandato del pueblo, debería ejercerse con independencia absoluta de opinión como primer deber respecto a aquel, buscando siempre la cooperación entre los poderes, evadiendo enfrentamientos que solo profundizarían la crisis general de la sociedad venezolana, aunque la constitución vigente, que resultó algo así como un reglamento mal redactado, podría auspiciar, entre órganos del poder público nacional, al interpretar sus “competencias” (artículo 156),  frecuentes roces indeseables que solo podrían superarse anteponiendo los intereses globales de la Nación, que en este caso, se relacionan con la aspiración del electorado a un cambio social, pero dudo que el sistema político sea capaz de instrumentarlo. En el futuro inmediato se avizora profundización de la crisis, en parte, por la insistencia dogmática (“esta revolución no se entrega”) en imponer, en contra del interés y voluntad nacionales, un modelo disfuncional que ha empobrecido violentamente al pueblo venezolano. Habrá entonces más muertos y presos políticos.

 

psconderegardiz@gnail.com

@psconderegardiz