• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Mentalidad de colono, China y Guayana

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Mucho se ha comentado acerca de los problemas relacionados con el desarrollo de nuestros países del llamado tercer mundo. Se discute si el sistema político más adecuado es la democracia o el autoritarismo, dictadura,  para superar los estadios del subdesarrollo. Se insiste en el cúmulo de inversiones indispensables, de su financiamiento, para generar lo que Paul Rosentein Rodan denominó “big push”, gran empuje, de acuerdo con los modelos de crecimiento económico formulados después de 1945 como extensión a la larga de la teoría keynesiana. Otros hablan, refiriéndose a Venezuela, sobre todo el finado Arturo Uslar Pietri, con su velada crítica y antiadequismo, de que con los ingresos percibidos por exportaciones petroleras, equivalentes a varias veces el Plan Marshall que reconstruyó a Europa después de la Segunda Guerra Mundial, se hubiera creado el impulso (élan)  para comenzar a transitar la senda del progreso, opinión cuestionable, puesto que en el caso europeo se trató de reconstruir economías avanzadas destruidas y con mano de obra muy calificada, tal como una vez se lo comenté al susodicho en una reunión social en París, cuando él era embajador ante la Unesco y yo consejero económico en nuestra embajada en Francia, después de leer un artículo suyo en este gran periódico relativo a los ingresos petroleros percibidos durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Pero, si en gran medida se ha contado con abundantes recursos financieros petroleros y endeudamiento, envidiables riquezas naturales, “capital” humano surgido de las políticas educativas instrumentadas durante la etapa democrática y que ahora se fuga, ¿por qué Venezuela permanece en letargo, resbalando hacia el abismo del pauperismo desde 1979 ( 35 años)? Si todos los elementos mencionados forman parte de la ecuación indispensable para emprender el desarrollo, ¿Cuál es el que  falta? ¿Dónde está el eslabón perdido? ¿Qué es lo que impide, frena el despegue? ¿Se trata únicamente de un problema político? Es una inquietud motivo de meditaciones  que he comunicado a mis alumnos en las diferentes cátedras que he desempeñado en la UCV desde hace 40 años, mayormente teoría del desarrollo y geopolítica del petróleo. Todos deberíamos reflexionar acerca de esta incógnita.

En estos días comencé a trabajar una noción que me ha surgido ante la eventual independencia energética de Estados Unidos, principal mercado de nuestras exportaciones petroleras, y la insensatez predominante en el gobierno para idear e instrumentar una geopolítica petrolera acorde con los cambios geopolíticos actuales. Es decir, pienso que después de 500 años, mutatis mutandi,  podría repetirse el caso de la próspera Cubagua que fue abandonada a causa de explotación irracional y agotamiento de los yacimientos de perlas. Se fueron a la Guajira, de donde huyeron por las mismas razones para recalar en Margarita. Explotan recursos naturales temporalmente y al agotarse cesa su actividad y con ello desaparecen las poblaciones y asentamientos. Venezuela toda es un campo minero. Posee las más grandes reservas petroleras del mundo que no se agotarán pero, podrían quedarse “in situ” ante el reto del gas de esquisto y otras alternativas energéticas, las cuales originan la llamada transición energética que ya se instrumenta en países avanzados ( Francia).  Como se ha destruido gran parte de lo poco que había de economía productiva (el coeficiente de industrialización todavía no llegaba a 20%), si valiosos recursos humanos necesarios para el desarrollo están fuera del país, si se ha malgastado y robado mucho de los ingresos petroleros:   ¿cuál es el destino de nuestra nación? ¿Cubagua otra vez?

El gobierno chavista tiene una obsesión anti Estados Unidos, que, a pesar de sus políticas paradójicas y contradictorias algunas veces, es el paladín de la libertad, del Estado de Derecho, esencia de la democracia. No es una posición antiimperialista, puesto que dicha obsesión se acompaña de la entrega a Cuba y al neoimperialismo chino, y en lista de espera el ruso. Si hay tal rechazo, ¿por qué no se intenta una estrategia independiente? Tal vez porque todavía impera colectivamente la mentalidad del colono, esto es, el foráneo hace casi todo, se contrata afuera;  los conquistadores españoles fueron quienes construyeron y organizaron los nuevos reinos de indias; la legislación constitucional emanaba de las famosas siete partidas tan caras a la reina Isabel de Castilla; el carácter presidencialista de nuestro régimen constitucional imita la figura colonial del gobernador y capitán general.

Hubo casos nativos aislados como Andrés Bello, quien quiso contribuir al buen hablar de los nuevos ciudadanos americanos con su gramática, y con el código civil del ordenamiento de la vida en común, reemplazando, en parte, lo que estipulaban las siete partidas. Y modernamente venezolanos emprendedores como don Eugenio Mendoza hicieron esfuerzos por implantar una estructura industrial, a pesar de que muchos, cuando eran invitados a asociarse, lo consideraban como demasiado amante del riesgo, tal como me contó una anécdota  relacionada con su invitación, 1948, a los ricachones larenses para invertir en una planta de cemento. Ahora están otros Mendoza, de la Polar, resistiendo los embates y desestímulos oficiales.

Quizá, esta mentalidad de colono sea una muestra de pereza mental colectiva. Ahora, se confía lo esencial de la gestión político-administrativa- militar a Cuba. Se entrega Guayana a China para que explore y determine vastas riquezas minerales estratégicas, tarea que ya realizaron desde el ministerio correspondiente meritorios geólogos venezolanos, como el estimado amigo Simón Rodríguez, quien publicó hace años su libro Recursos Minerales de Venezuela. Es tanta la flojera que hasta contratan construcciones habitacionales a China, Irán, con su personal traído de afuera, como si aquí no hubiera ingenieros, obreros y compañías competentes; tal como los españoles, quienes construían apoyados en indígenas en la mencionada Cubagua. Fueron los italianos y españoles quienes durante los 50 construyeron urbanizaciones (Bello Monte y otras), puentes e infraestructura en general. Luego vino la ingeniería venezolana.

A cada rato leemos noticias acerca del fallido barrio adentro que pretendió crear un sistema cubano  paralelo de salud al margen de los médicos venezolanos. Es posible que haya algo de exageración en lo comentado aquí, pero conviene repensar nuestra historia y ahondar en las causas del desastre, buscar el origen primero de la situación colectiva actual, la explicación última de por qué permanecemos postrados como si no se contase con los recursos indispensables para emprender, revertir la destrucción nacional, que todos mis amigos del exterior observan como una desgracia  y también muchos de nosotros. Si llegaren a faltar los ingresos petroleros, como es posible, quedará Venezuela a la intemperie debido a la mentalidad de colono que arroja: imprevisión, pereza mental, incapacidad y corrupción, el deseo de querer comprarlo todo en el exterior, incluso modelos de organización social, sin emprender tareas creativas y productivas, hábitos perversos de  una seudo-élite político-militar en general. ¿Cubagua otra vez? Lo impensable podría ser posible. No es un escenario descabellado para los años venideros, dadas la situación geopolítica nacional e internacional.