• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Maduro y la justicia

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¿Por qué surge el problema de la justicia? Aparece tan pronto como tienen lugar las relaciones sociales, ya sea entre pocos seres humanos, ya en sociedades o comunidades más amplias, facilitando la vida en común, lo cual implica que hay también injusticia, esto es, en la vida social se registran conductas justas e injustas dependiendo de las motivaciones conductuales de los integrantes de la sociedad, las cuales motivaciones emergen de la naturaleza humana en la que podría imperar circunstancial o permanentemente comportamientos indeseables socialmente que podrían arriesgar y dificultar la convivencia y los fines de la comunidad, mejor dicho, se descarta la injusticia, se organiza buscando la justicia, porque aquella obstaculiza la consecución de la vida buena y el logro de ésta, en parte, mediante el progreso.

El hombre se sobrepone mediante la racionalidad a ciertas tendencias constitutivas negativas, para buscar una organización social tendiente a lo justo, para que impere aquella maravillosa parte del alma humana y se concrete su realización. Desde épocas antiguas y en todas las civilizaciones, casi todos los filósofos, pensadores, historiadores, literatos, científicos, han registrado en sus escritos “la maldad de la naturaleza humana”, tal como lo afirmó Kant en su Proyecto de Paz Perpetua: “Cuando uno conoce la maldad humana que se muestra en la libres relaciones de los pueblos”.

Si gran parte de las vicisitudes del hombre se originan en los innumerables conflictos ocasionados por las injusticias durante toda su historia, no sería aventurado sugerir que esta es la verdadera fuente de la tragedia humana, contrariamente a lo propuesto por Nietzche, es decir, la lucha entre la civilización y la barbarie, disyuntiva universal, observada hoy en el islamismo radical y muy bien desarrollada con su personaje  Santos Luzardo por Rómulo Gallegos, cuyos restos ahora profanados muestra esa barbarie que tanto denunció; es casi lo mismo que decir entre la justicia e injusticia. Es de tal naturaleza esta tragedia que el hombre se ha atrevido a cuestionar su existencia mediante la explosión de bombas atómicas que verifican su capacidad de maldad al torcer la finalidad progresista de la investigación científica para lograr objetivos debatibles: dominación, expansionismo, revestido de injusticias.

En muchos estados existe un cierto principio de justicia, cual es, el interés del gobierno, que se supone tiene poder, por lo cual la única conclusión razonable es que en todas partes donde haya ese concepto se trata siempre de concretar por su intermedio el interés del más fuerte.

Es lo que ha hecho Maduro: ha violentado el “reglamento” constitucional vigente siguiendo los pasos de Chávez; ya son innumerables las infracciones, máxime ahora con el Tribunal Supremo actuando como legislador supletorio para detener la labor legislativa de la Asamblea Nacional y burlándose de la separación de poderes

Más asombroso en el proceder legal del Gobierno es su antidemocrática capacidad para modificar las normas de acuerdo con intereses políticos transitorios, pues, con motivo del referendo revocatorio, clamado por aplastante mayoría de los venezolanos, el Consejo Nacional Electoral parcializado decidió revisar el reglamento actual y  estipular nuevos requisitos que buscan dificultar la concreción de tan ansiada aspiración. Para decirlo con lenguaje beisbolero: es algo así como cuando un equipo en el noveno inning va perdiendo por una carrera y entonces plantea al otro equipo que necesita tres innings más. Es así de evidente el temor de los personeros gubernamentales. Están dispuestos “a lo que sea”, dando señales de maldad humana, con tal de conservar el poder a expensas de profundizar la crisis y sufrimiento de los venezolanos. Es decir, el gobierno imbuido de injusticias muestra que en Venezuela no hay estado de derecho. Todavía hay quienes actúan como avestruz y se prestan para diálogos tal vez imposibles.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz