• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Inversión privada, Maduro y MUD

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No se cree más que el progreso material haga mejor al hombre necesariamente, o que los  avances registrados en un sector automáticamente se irradien a otras actividades. En la “sociedad de riesgo” (Ulrich Beck), el progreso material aparece un tanto ambivalente. Uno admite que al lado de las ventajas también hay costos. La urbanización salvaje, como los ranchos de Caracas, multiplica las patologías sociales y la modernización industrial implica a veces degradación del marco natural de la vida. El desarrollo de las ciencias no se percibe siempre como una contribución a la felicidad de la humanidad: el saber, como se nota en el debate acerca de las biotecnologías, es considerado como portador de amenazas. El ser humano civilizado de hoy comienza a comprender que “más” no es necesariamente sinónimo de “mejor”.

La temática del progreso es, sin embargo, muy exigente. En la situación actual de Venezuela, los políticos de la presunta oposición continúan llamando a la unión de las “fuerzas del progreso” contra aquellas del pasado por arrojar retroceso social en el curso de nuestra sociedad. Hay que combatir el oscurantismo con el progreso, su orientación hacia el futuro, bien que esté cargado de incertidumbres amenazantes. Uno piensa que lógicamente las cosas deberían mejorar en el porvenir.

Pero, sobre todo, la teoría del progreso está ampliamente fundamentada en la versión productivista, esto es, que un crecimiento indefinido es a la vez normal y deseable, y que un futuro mejor necesariamente pasa por el incremento constante del volumen de bienes producidos. Esta es la idea que inspira hoy la “ideología del desarrollo” que hace de Occidente un modelo de producción y consumo para toda la humanidad, la cual ideología fue formulada por Walt Rostow, quien en 1960 enumeró las etapas que deben transitar las sociedades del planeta para acceder al universo del consumo y del capitalismo mercantil. Muchos autores han mostrado que ahora la teoría del desarrollo es una creencia que, tal vez, entorpezca el progreso en sentido ecológico.

Fue Milton Friedman quien más cuestionó la teoría keynesiana al calificarla de no ser general sino particular, es decir, referida a cómo sacar una economía de la depresión y generar progreso, pero, después de la Segunda Guerra Mundial, los profesores Evsey Domar y Roy Harrod formularon los modelos de crecimiento económico, mejor dicho, extendieron la teoría keynesiana al largo plazo e hicieron depender el susodicho crecimiento, progreso, de la inversión en maquinarias, infraestructura, etc., llegándose a plantear el llamado “big push”, “gran empuje”, que significa masivas inversiones que auspicien el ansiado crecimiento, empleo y mejoría en el nivel de vida.

Mecanismo que no parece entender Maduro, a juzgar por los improperios que en cada transmisión televisiva emite contra empresarios privados: manufactureros, agrícolas, agroindustriales y comerciales; amenazas de confiscación y creación de conflictos sindicales a ultranza para dificultar las operaciones productivas, elevar costos. Tal conducta crea desconfianza e incertidumbre que ahuyenta perspectivas de inversión y es el germen de la inseguridad jurídica, todo lo cual arroja, máxime en ausencia de inversión pública importante, tasas negativas de crecimiento económico, esto es, menos bienes y servicios para satisfacer necesidades, como dicen organismos internacionales. En comunismo nunca habrá un “big push”, es contrario a su lógica destructora.

Grave es también conducta de MUD: creen en la propiedad privada, que el Estado no debería ser empresario, pero no hacen causa común con el sector privado para defenderse de los insensatos ataques, aunque aceptan contribuciones a media noche para campañas electorales; muestran ser víctimas del chantaje castro-comunista e incoherencia ideológica. No hay unidad real, solo cálculo político por miedo. Paradójica imagen para progresar. 


psconderegardiz@gmail.com | @psconderegardiz