• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Grecia, deuda y la troika

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Desde el pasado domingo en la noche ha aumentado mi perplejidad, pues todo el mundo teme a los riesgos del contagio, al debilitamiento de la zona euro, a una crisis bancaria incontrolable que arrojaría tempestades en los mercados financieros, como los vientos desencadenados por los amigos griegos de Ulises al abrir el tesoro recibido como regalo del Dios Eolo, pues sospechaban que estaba repleto de oro. ¿Es que acaso los griegos sospechaban desde esa época que sus dirigentes los estafarían? ¿O que su avidez e inconsciencia disparaban ya los truenos de Zeus para atormentarlos? Cada quien escogerá la interpretación más cercana  a sus convicciones.

Por ejemplo: que Tsipras es un genio político, puesto que logrará, como en efecto fue, una sustancial ayuda financiera que todo el mundo sabe no podrá pagar, a pesar de las medidas de austeridad durante los últimos cinco años para ahorrar fondos, esto es, lograr un superávit primario en las cuentas públicas e ir cancelando las obligaciones originadas por una colosal deuda que llega a 300 billones de euros, es decir, 175 por ciento del producto interno bruto, mejor dicho, de la cantidad de bienes y servicios producidos anualmente en Grecia; se espera alcance 200 por ciento durante los próximos dos años.

El pasado fin de semana hubo negociaciones muy intensas entre el primer ministro heleno, la canciller de Alemania y el presidente de Francia, para tratar de acordar una serie de decisiones financieras que permitan afrontar el desestabilizador problema de la deuda, para Grecia, la Unión Europea y el mundo en general. Pienso que el acuerdo logrado no es suficiente, es más, no logrará aliviar las vicisitudes griegas, puesto que todo financiamiento adicional (86 billones de euros) lo que busca es tapar el hueco presupuestario, honrar los pagos pendientes con el Fondo Monetario Internacional de 1,6 billones de euros y el vencimiento el próximo 20 de julio de 3,5 billones de euros con el Banco Central Europeo, todo lo cual aumentará el monto de la deuda total en una economía colapsada, con un sistema político corroído por la corrupción.

En otras palabras, lo acordado no se aproxima a una solución permanente, puesto que hace inviable el manejo de la deuda y somete a los griegos a una austeridad más profunda que terminará por sepultar durante varios años sus condiciones de posibilidad de crecimiento, como se infiere del plan de medidas económicas, fiscales, financieras impuesto por la Troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Unión Europea) que, en el momento de redactar este artículo, ya el parlamento griego lo estaría discutiendo, aprobando.

Conviene preguntarle  al Sr Tsipras, la Sra. Merkel y Sr. Hollade de dónde saldrá la generación de fondos para que Grecia pueda pagar su deuda cómodamente, sin arriesgar, sino más bien apoyar, el crecimiento económico sustentable y en condiciones estables, pues, todas las medidas apuntan a una drástica reducción de la demanda global, esto es, se debilita, por decir lo menos, las fuerzas que auspician, animan, la oferta y en consecuencia la inversión, empleo y reduce muchas calamidades sociales que, si se agravan, alejan las posibilidades de crear confianza en la gestión política del gobierno de Tsipras, las cuales posibilidades se anulan al elevar la carga tributaria que no es aconsejable aplicar a una economía en retroceso, que si se vería estimulada por la privatización de numerosas empresas deficitarias al pasar a ser rentables y pagadoras de impuestos, invirtiendo así el proceso de demandantes insaciables de fondos públicos a contribuyentes de los mismos, lo cual es razonable y conveniente.

No se puede afrontar pragmáticamente la mortificación creada por la deuda pública griega sin una reducción sustancial de las obligaciones financieras, esto es, bajar de 175 por ciento del producto interno bruto a, digamos, 60 por ciento, de modo que se puedan emprender reformas para mejorar la eficacia y competitividad de la economía griega al par que se aborda un plan de inversiones, con los recursos que de otra manera irían a los acreedores, y generar fuerzas impulsoras del progreso y desarrollo económicos. De esta manera, Grecia permanecería en la zona euro y contribuiría al bienestar colectivo de dicha zona.

 Il faut, M. Hollande, allèger la dette grecque pour soutenir la croissance durable. Frau Merkel, Sie must das Fundament für politische und wirtschaftliche Besserung in Griechenland legen, ohne das Fundament, weitere Hilsfmilliarden sind rausgeschmissenes Geld. It is required to reduce the debt to a level that could be managed macroeconomicaly as a source of growth and welfare for the Greek and European people.

No se debe olvidar que en el surgimiento y nivel catastrófico de la deuda griega hay corresponsabilidad de los acreedores, pues es poco convincente que los financiamientos se hayan otorgado sin examinar las cuentas e indicadores  de la economía griega, como tampoco es creíble que no supieron interpretarlos. ¿Cómo es posible que los acreedores, Sra. Merkel y Sr. Holande, hayan permitido empeorar el manejo y nivel de la deuda hasta llegar a ser  impagable?. Entonces, el sacrificio para salir de este infierno no debería ser únicamente griego sino también de los países e instituciones comprometidos en cómo y por qué llegó la deuda irresponsablemente a ese monto imposible de reembolsar. Reconocer las mutuas responsabilidades, acreedores y deudor, es comenzar a buscar soluciones durables a la crisis griega.

 

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz