• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

¿Democracia en Venezuela?

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Durante todos estos largos años se ha hablado mucho de democracia. De un lado, los que tienden al totalitarismo del socialismo siglo XXI, esto es, del Partido socialista unido de Venezuela (PSUV) están convencidos de que su desorden político, su seudoestado, es la democracia “verdadera”, e incluso la llaman con preferencia “democracia participativa y protagónica. Con ello quieren expresar seguramente que se trata de una democracia “especialmente” democrática. Por otra parte, los liberales de Occidente, manifestándose en numerosos partidos en los distintos países, utilizan la palabra “democracia” como tópico para justificar cualquier tipo de política. El empleo multilateral de este vocablo ha sido posible, puesto que un gobierno popular en el estricto sentido de la palabra y del mundo griegos, tal como se dio en la Atenas de Pericles, no existe ni puede existir.

¿Cómo podría ejercer funciones políticas una masa de muchos millones de personas? Entre el pueblo y el gobierno siempre se interpone una especie de representación, y la clase de orden político y democrático viene determinada decisivamente por dicha representación y por la forma como se le escoge, por la existencia o no de transparencia en el proceso electivo. Ante todo, hay que tener en cuenta que también la dictadura totalitaria afirma por su parte que goza de tal representación popular. Pero su legitimidad no se efectúa mediante elecciones pulcras, sino por la autodeterminación del gobernante justificada ideológicamente, y aunque realizan elecciones (Maduro arguye a cada rato que han realizado 18 elecciones) hay que observar la aclamación de hecho practicada por el oficialismo en la forma de una maquinaria estatal enaltecedora que se vuelca sobre el cuerpo electoral para forzar una decisión según la voluntad del partido gobernante, engranaje de escogencia a distancia sideral de lo que son verdaderas elecciones.

Ni siquiera son simulacros, pero por múltiples razones las aceptan quienes ahí participan: el universo de organizaciones que dan maquillaje cuasi democrático. Puede decirse que es así como ha surgido en Venezuela lo que llamamos: “socialismo totalitario” en oposición a la verdadera democracia, la constitucional, en el sentido constitucionalista occidental basado en dos principios fundamentales que se complementan recíprocamente: la división del poder, separación de poderes, y la esfera de libertad que se garantiza y concede al ciudadano, es decir, aquellas libertades del ciudadano propiamente dicho, incluyendo las necesarias para poder participar libremente y sin trabas en la vida política. Al ciudadano se le aprecia como persona, su dignidad es casi siempre inviolable.

Es evidente que, por observación concreta del funcionamiento del sistema político venezolano, al entorpecer, como lo hace el gobierno, y no garantizar elecciones libres, se está en presencia de un régimen muy cuestionable democráticamente, el cual régimen maniobra las cifra de población, monopoliza el ente electoral, avasalla con propaganda al elector para condicionar y desviar su libre elección, impide, desaprueba, la formación de nuevas organizaciones políticas, manipula los cómputos finales de las elecciones, apabullante uso desigual del espacio radioeléctrico y televisivo para transmitir desinformación, aprovechar la masa de empleados públicos y otros dependientes del Estado para inclinarla hacia sus preferencias electorales, canalizar de diversas maneras cuantiosos fondos públicos hacia las campañas de los candidatos de su preferencia, etc., lo cual engrosa el “prontuario” ya constituido por la corrupción, las cifras amañadas de inflación, desempleo, boletines epidemiológicos, crecimiento económico, pobreza extrema, deuda pública, abastecimiento y escasez.

Para completar este saldo antidemocrático el gobierno consuetudinariamente desprecia al venezolano como persona al empujarlo hacia la pobreza con las trasnochadas políticas públicas, la persecución por pensar diferente, amenaza empleados públicos para encarrilarlos por sus desvíos ideológicos, apresar estudiantes por manifestar su descontento, tratamiento inhumanos de los presos políticos, preparación de expedientes judiciales falsos, fallas graves en el debido proceso, no acoge, no ejecuta dictámenes judiciales, intolerante de opiniones disidentes, prefiere negociar con apóstatas, oportunistas y tránsfugas, con los que saltan de partido en partido como cambiar de una prenda de vestir, impide la libertad de expresión y de prensa para la información imparcial, es indiferente, ineficaz ante la inseguridad convirtiendo al país en un sepulcro a donde viajan sin retorno miles de venezolanos diariamente, todo lo cual golpea, anula, la dignidad de los ciudadanos y aviva las cualidades más negativas de la naturaleza humana.

Entonces, un gobierno que no organiza ni realiza elecciones libres, donde no hay separación de poderes y violenta sin pestañar la dignidad del venezolano no puede adjetivarse democrático sino más bien dictatorial, tendiente al más devastador totalitarismo, pero no debería cundir desesperanza, ya que del espíritu de la venezolanidad incorrupta emergerán las fuerzas que seguramente terminarán con esta triste historia y comenzaremos a reconstruir Venezuela con un concepto democrático y de bienestar para todos.


psconderegardiz@gmail.com  |  @psconderegardiz