• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Decisiones insensatas y desplome petrolero

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El lunes 22 de octubre de 2001, siendo el suscrito cónsul general en Nueva York, publicó The New York Times un editorial referente a la cuestión petrolera y energética en general. Lo traduje y envié al despacho del ministro de Relaciones Exteriores dada la importancia estratégica de su contenido y la relevancia para las relaciones bilaterales por sus evidentes implicaciones geopolíticas. En ese editorial se analizaba racionalmente la dependencia petrolera de Estados Unidos y los riesgos, desde el Medio Oriente, para la seguridad nacional y los suministros petroleros, los cuales eran para ese momento de 2.500.000 barriles diarios. Después de traducir el editorial que mostraba una evidente preocupación, tal vez casi desesperación, por la fragilidad de la dependencia energética de Estados Unidos del Medio Oriente, consideré una obligación moral y profesional expresar algunas opiniones personales en torno al tema y no limitarme a remitir la traducción.

Por lo cual comuniqué al ministro de turno, Luis Alfonso Dávila, lo siguiente: No se menciona a Venezuela en el editorial como proveedor de petróleo adicional en caso de interrupción del suministro desde el Golfo Pérsico, incluso ni como una alternativa para disminuir la dependencia en ausencia de faltas en el suministro desde el Medio Oriente. El editorial era un análisis estático, pues comentaba que con la producción de la reserva del Ártico, la cual llegaría a 1,5 millones de barriles diarios en 2020, se enjugaría parte de lo que se importa desde el Golfo Pérsico, esto es, parte de los 2,5 millones  de barriles diarios provenientes de esa región.

En el editorial se notaba que el análisis partía implícitamente de la premisa de que en 2020 la importación desde el golfo sería la misma que la de 2001, lo cual indicaba lo falaz del razonamiento. Era evidente que en 10 años la importación de petróleo había pasado de 47% a 60% del consumo diario, esto es, un aumento de 13% de 1991 a 2001. Lo correcto era suponer que seguiría creciendo la participación del petróleo foráneo en el consumo diario de Estados Unidos. En el memo-fax No. 901/0916 enviado, iban las siguientes conclusiones:

La importación diaria de petróleo de Estados Unidos  podría pasar para ese momento de 60% a 86% en 2020 del consumo diario, si se mantenían las tendencias de utilización energética en la economía estadounidense.

El monto del petróleo importado desde el Golfo Pérsico no se mantendría estable; aumentaría considerablemente para cubrir parte de esa dependencia, es decir, de 2.500.000 barriles diarios en 2001, podría pasar a 5 millones de barriles diarios en 2020. La explotación y producción del Ártico  no compensaría el monto total de lo importado en 2020.  Finalizaba el análisis diciendo que para nuestro país había muchas implicaciones políticas, económicas  y diplomáticas. Que era una ocasión para reiterar la seguridad de nuestro suministro petrolero, al par que se conquistaba una parcela mayor del mercado estadounidense y mundial. Por ello, se deberían buscar acuerdos de país a país, entre los gobiernos respectivos, negociando al más alto nivel, incluso entre los respectivos jefes de estado por la trascendencia de la materia para ambos países. Y me permití sugerir respetuosamente al señor ministro que ello no debería confiarse a funcionarios, aunque sean de alto nivel, sino que podría ser el tema fundamental de la agenda de una posible visita del presidente Chávez a Estados Unidos. Reiteraba que era una excelente ocasión política para Venezuela. Señalé que la perspectiva energética en ese momento nos proporcionaba un mayor poder de negociación en una situación  crucial para Estados Unidos.

Eso fue el 25 de octubre de 2001. No compartió el presidente mi opinión, según me dijo el ministro cuando me llamó un miércoles para decirme que por orden de Chávez tomase el próximo avión para Caracas (más tarde después lo llamaron a él desde el infierno por tantas maldades e injusticias). Llegué y razoné mis ideas que eran para el debate al más alto nivel. No estaba pidiendo que ejecutaran lo propuesto. No le agradaba a Chávez que propusiese tal negocio, pacto petrolero, con el país del norte. Finalmente me dijeron que en ese cargo tan importante no podía estar alguien que pensase como yo acerca de las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Salí del consulado el 8 de noviembre de 2001.

Con el desplome actual del precio petrolero, alrededor de 60% desde el pasado junio, y analizada en perspectiva aquella propuesta, se observa que Venezuela paga, en parte, la insensatez de aquella decisión de Chávez. Otra ocasión perdida por razones ideológicas e imbecilidad. Ese pacto que se proponía hubiera desestimulado la producción de esquisto que se ha desarrollado a causa de la ansiedad por la dependencia del polvorín del Oriente Medio. Privó la idea de querer debilitar a Estados Unidos. De promover alianzas con los enemigos de las libertades. 15 años buscando cómo “fregar” a Estados Unidos con una política exterior desacertada. Tenía que ser muy sutil. Ahora se quejan de que este país con su política energética desplome los precios, aunado a la decisión de Arabia Saudita de conservar su parcela del mercado y tal vez embarcarse en una guerra de precios para hacer poco rentable la explotación de esquisto, pero no se percata Arabia de que las innovaciones tecnológicas harán que el costo de explotación baje considerablemente.

El país podría estar produciendo el doble y se hubiera contado con fondos, si no hubiera corrupción, para financiar el desarrollo sin recurrir al endeudamiento perverso, como ha sido el caso. Venezuela no tendría necesidad con una administración sensata de andar pidiendo limosna ni entregando la soberanía en una gira insólita por falta de planificación, tanto así que se devolvió para entrevistarse con Putin, quien ya lo había humillado al recibirlo un simple viceministro. Esto indica el desespero del gobierno, la inconsciencia del honor e ignorancia de la majestad del cargo que detenta. Es surrealista, ridículo, vergonzoso, en un país con las mayores reservas petroleras del mundo. No se saben aprovechar en función del desarrollo.

@psconderegardiz