• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Cumbre climática en París

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Una investigación publicaron científicos franceses acerca de los cambios climáticos, destacándose Le rechauffement climatique: Evolution du passé vers le futur (El recalentamiento climático: Evolución del clima desde el pasado hacia el futuro), auspiciado por el Centre National de Recherche Scientifique (CNRS), el cual trabajo se une a numerosos informes que durante los últimos años han insistido en los cambios climáticos provenientes del “efecto invernadero” adicional que resulta de la actividad humana. En promedio global, la temperatura  ha aumentado entre 0,3 y 0,6 grados centígrados desde el siglo XIX. El incremento en el nivel del mar, de 10 a 25 centímetros, durante los últimos 100 años, se atribuye, en gran medida, a la dilatación térmica de los océanos provocada por estas temperaturas más elevadas y, en menor grado, por el deshielo de los glaciares.

Se han establecido diferentes escenarios correspondientes a distintas tasas de emisiones de gases tóxicos arrojadas por variadas velocidades de crecimiento económico y de población mundiales, así como por la intensidad del consumo energético utilizando combustibles fósiles. El más desfavorable contempla la triplicación de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera con relación a su valor preindustrial.

Los modelos climáticos que han operado con este escenario pronostican que las temperaturas subirán entre 1,5 y 4,5 grados centígrados con un valor medio probable de 2,5 grados. El recalentamiento del clima y sus numerosas consecuencias negativas para la humanidad es un hecho científico demostrado empíricamente por la experiencia pasada. Quizá, porque al ser humano le cuesta pensar en lo que sucederá después de su lapso vital es por lo que existe una gran indiferencia, por no decir irresponsabilidad, con respecto a estas evidencias y proyecciones.

Todas las estadísticas globales muestran que 37% de la población mundial tiene apenas un ingreso per cápita que es casi la cuarta parte del promedio mundial, así como 85% tan solo alcanza a la mitad del promedio global. 15%, esto es alrededor de 1.000 millones de habitantes de la población mundial (la de ingresos altos), concentra 55% del ingreso nacional bruto total. Esto comunica una idea de las desigualdades, de la pobreza mundial y del esfuerzo que se debería hacer para elevar el nivel de vida de eses contingente humano.

Sin embargo, esto requiere, entre otras cosas, un gran financiamiento que no está y no estará disponible, máxime cuando muchos países avanzados se oponen, como Estados Unidos, a elevar la ayuda a 0,7% del producto interno bruto. Si a esto se suma que también desean incluir los países subdesarrollados en los acuerdos para evitar la emisión de gases de invernadero, lo cual implica reducir drásticamente el consumo energético y por tanto reducir las tasas de crecimiento económico, es evidente que las dificultades se multiplican, por lo cual surgirán muchas naciones fallidas que comprometerán más la seguridad de la humanidad. Por ello, la situación será caótica cuando en 2050 la población mundial sea 9.000 millones de habitantes que serán en gran parte muy pobres y se volcarán a “tocar las puertas” de los países avanzados, fuertes corrientes humanas traspasarán sus fronteras buscando sobrevivir. Se deduce entonces que es preferible impulsar el desarrollo, eliminar la pobreza para disminuir los riesgos de arrojar naciones a la deriva y aumentar la seguridad mundial.

Por otra parte, promover el desarrollo significa, para evitar más contaminación ambiental, instrumentar una reconversión tecnológica, esto es,  no recurrir a las técnicas tradicionales imbuidas en equipos y maquinarias para la industrialización, sino apelar al desarrollo tecnológico limpio, alternativo, lo cual requiere cuantiosos financiamientos que no están disponible en la gran mayoría de los países en desarrollo. He ahí el papel de las naciones avanzadas en las negociaciones que tienen lugar actualmente en la cumbre de París.

Pero también es evidente que la teoría económica comúnmente aceptada no ha podido proporcionar soluciones al elevado porcentaje de desempleo en la mayoría de los países europeos, mucho menos en los en vías de desarrollo. Hay que reconstruir postulados económicos teóricos que sean el fundamento de políticas y planes públicos realistas, abonadores de la elevación sustentable de la calidad de vida de la población mundial. Del funcionamiento propio, de la eficacia económica y social del sistema económico, surge, en parte, el financiamiento permanente del mejoramiento del nivel de vida, por ende, de una nación libre, justa, democrática, fuerte, poderosa, respetada, con capacidad de negociación en la interdependencia mundial, al influir en las correlaciones de fuerza, en las posiciones de fuerza y en los reacomodos geopolíticos.

Además, la globalización, el desarrollo requiere una ética universal donde se insista en los deberes de los ciudadanos del mundo. No se trata únicamente de luchas por los derechos humanos sino al par por los deberes que podrían generar conductas individuales y colectivas más responsables con relación al medio ambiente sin necesidad de tantas reglamentaciones que coartan el libre albedrío. Así, siempre he pensado que una declaración general a nivel de las Naciones Unidas de los deberes acompañantes de la relativa a los derechos humanos complementaría la normativa para enmarcar la actividad humana en el deteriorado medio ambiente. Sería afrontar el problema en profundidad, éticamente.

psconderegardiz@gmail.com