• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Crónica del caos cambiario

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Porque el país está en desbandada cada uno busca arreglárselas con el infortunio, como dice la cita. Atrapado en el torbellino de las manipulaciones y especulaciones cambiarias mediante la disfunción de tres tipos de cambio oficiales y el oficioso. Cunde el pánico por la inseguridad. Tratan indignamente al venezolano como un número más, como hacían los nazis con los deportados a los campos de concentración. Violentan los derechos humanos, maltratan cruelmente a los presos políticos, se enseñorea la barbarie al torturarlos con muchos procedimientos.

Cavilando pasan los días para proteger la familia, lo poco de patrimonio, cuando lo hay, y, sobre todo, el futuro de los hijos y nietos, que buscan refugio, para evadir el remolino empobrecedor del gobierno, en otras latitudes dejando sentimientos, nostalgias y realidades que pasan a enriquecer el anticuario histórico, acogotados por las emociones encontradas de las dudas en cuanto a lo que se deja y a lo que se encontrará, tema evocador del poema  de Pérez Bonalde: Vuelta a la patria, así como de Picón Salas: Viaje al amanecer. El firmamento político ya muestra las estrellas y los radiantes fulgores del comienzo de la aurora, muy a pesar del “narcopetroestado” cuyo objetivo es detener el progreso, la calidad de vida del venezolano y arriesgar su asiento territorial.

Todo comenzó en 1978 cuando ganó Copei las elecciones presidenciales con el muy honrado ciudadano Luis Herrera Campins, pero su equipo se equivocó en el diagnóstico de la situación económica y decidió “enfriar la economía”, no pagar la deuda, contraída innecesariamente por Carlos Andrés Pérez, aprovechando nuevos e inusitados ingresos petroleros, provocados por la caída del sha de Irán, más bien aumentó la deuda que, contratada a tasa de interés variable, fue insostenible el servicio, entre otras causas, al incrementar Estados Unidos las tasas de interés por razones de política monetaria interna. Vino la crisis de la deuda en 1982, cundió la desconfianza, incertidumbre y la consiguiente fuga de capitales, llegando hasta 140 millones de dólares diarios, según el BCV para la época. Por supuesto, se hizo añicos el bolívar con el Viernes Negro de 1983. Así recibió Jaime Lusinchi en 1984. Hubo polémicas.

En una reunión para intercambiar idear en torno al programa de gobierno del candidato Jaime Lusinchi, en la casa del entonces jefe de la fracción parlamentaria de AD, Carlos Canache Mata, uno de los integrantes del equipo económico,  Carmelo Lauría (QEPD), propuso devaluar para obtener fondos con que “salvar la democracia”, esto es, repartir dinero mediante diversos programas. Razoné ahí mi oposición como miembro del equipo y asesor del candidato. Cuando tomaron posesión del gobierno, febrero de 1984, fue lo primero que hicieron los que integraron el gabinete económico y los ingresos fiscales pasaron, de 75.000 millones, que fueron los aprobados en 1983 para el presupuesto de 1984, a 104.000 millones, es decir, casi 30.000 millones más por mera manipulación cambiaria con el mismo monto, o menos, de dólares de las exportaciones petroleras. No entendieron las consecuencias ni los mecanismos operativos de la devaluación al pasar de 4,30 a 7,50 bolívares por dólar. 2 años después, 1986, tuvieron que volver a devaluar a 14,50 bolívares por dólar. Surgió uno ilegal que llegó hasta 28 bolívares. Salvé mi voto, digámoslo así, con una amplia declaración, en este gran diario el 8 de enero de 1984, para alertar acerca de las políticas erradas y sus consecuencias.

Esta historia se ha repetido siempre durante los últimos 30 años. Al bajar los precios petroleros y nulo rendimiento de presuntas inversiones con endeudamiento: déficit fiscal, devaluar para obtener más ingresos fiscales, devaluación que genera inflación, vuelve le déficit fiscal y crea condiciones para otra devaluación en medio de más pobreza y pauperismo. Es un círculo vicioso, perverso, que ha evolucionado y es ya crónico durante el chavismo, con el agravante de haber percibido más de 1 billón de dólares en ingresos petroleros y aumentado la deuda pública hasta niveles de arruinar el nivel de vida y el futuro de la nación.

Es una patología económico-finaciera-cambiaria arraigada ya en el funcionamiento del sistema económico, máxime con este tipo de régimen político-económico cuya naturaleza en sí requiere el control de cambio al arrojar recelo en las perspectivas económicas de los negocios, quiebra de empresas, lucha de clases virtual (es un presidente instalado en Miraflores lanzando improperios al sector privado, estatizando y engrosando el Estado ineficazmente) y las consecuentes fugas de capitales.

El desbarajuste cambiario se ha acentuado durante todo el chavismo, es una de sus peores características, puesto que no se confía en el gobierno, galopa la incertidumbre, el panorama se presenta muy nublado con la inseguridad y la masiva migración, el país se despuebla con la hemorragia de valiosos recursos humanos, carencia de víveres, medicinas, repuestos de todo tipo, materias primas, bienes esenciales, escasean los dólares para importaciones a causa de la rampante corrupción, por lo cual los poseedores de patrimonios, incluyendo capitostes del gobierno, buscan salvaguardarlo de alguna manera. La administración cambiaria chavista ha fracasado, pues no logró aislar ni controlar las corrientes de salida capital, auspiciadas por ellos mismos y su corrupción, y menos aún animar, por el enfrenamiento insensato con el sector privado, desinversión, quiebra de empresas, la actividad económica interna para disminuir las importaciones.

No se trata de pensar estrechamente y decir que es incertidumbre respecto al bolívar, más bien se desconfía por doquier: gobierno, del régimen y sus personeros, de la MUD, para administrar y realizar los cambios racionales que amerita la situación del país, agravada, por lo demás, al no existir alternativa confiable para enrumbar el destino nacional. Este es el meollo, la razón última del caos cambiario. En 30 años, desde 1984, los diferentes gobiernos han devaluado el bolívar en más de 40.000%. Esa es la fuente principal de la inflación, de la “guerra económica” y otras perturbaciones de Maduro que azotan a los venezolanos, como lo indican estudios estadísticos. Se puede corregir, pero no será con este gobierno, con el cual no funcionaría ni la dolarización debido a su inestabilidad política intrínseca. Tiene que continuar así y el dólar llegará a niveles estratosféricos.

Es más, aunque cambie de modelo, estos gobernantes jamás generarán la confiabilidad indispensable para el buen funcionamiento de la economía. Un gobierno de transición tendrá muchas dificultades y pensar que podrá eliminar el control de cambio inmediatamente es demagógico y desconoce los factores político-psicológicos que tanto influyen en las cuestiones monetarias. La economía no es un compartimiento estanco en la sociedad, forma parte de la complejidad social. No quedaría un dólar en el BCV. Hay que estabilizar primero políticamente y reanimar la economía. El venezolano solo ve nubarrones en el horizonte. Pero aclarará, amanecerá y vuelta a la patria. Templada en la lucha, el alma de este pueblo lo hará resurgir y superará la ocasión perdida, como decía Malraux.


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