• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Crónica (a Purita Martínez)

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Hace unos días llegó de Paris mi estimada amiga Purita Martínez, quien tenía varios años sin venir, aunque siempre nos encontrábamos cuando viajaba a esa; al verla ahora, me reseñó su asombro de cómo encontró Caracas, se acordó de un drama que le comenté hace ya tiempo cuando llegó a Paris para estudiar música, esto es, la obra de Joaquín Dicenta, Juan José, tan hermosa, gallarda, de mayor valentía en la “tesis” y en la forma.

Le dije en aquella época que difícilmente se encontrará en castellano drama que supere a Juan José en pasión, vitalidad,  humanismo. Es una obra eminentemente humana, donde Juan José, el protagonista, es el símbolo, la encarnación de las aspiraciones justísimas de todo un pueblo; como ahora en Venezuela: de todo un pueblo que sufre la esclavitud del sistema, del régimen, que produce y muere de miseria; que trabaja y paga impuestos para mantener un estado que lo esclaviza, colapsado, pueblo que se deja la salud y la vida en las vicisitudes creadas por el gobierno, en los hospitales, en las colas, en las calles.

Comenté también que Juan José no pedía limosna, comenzó a robar, lo cual comenzará aquí también. Recordó lo que discutimos acerca de caridad y justicia, así como lo que dijo San Jerónimo: Omnes divitiae de iniquitated escendun t(Muchas riquezas provienen de la iniquidad) Me interroga: ¿Por qué crees tú que se sigue tolerando la iniquidad que encarna este gobierno? Hay que despojarse de muchos prejuicios, respondo.

Vuelve a decir: Caracas es mucho más calamitosa: huecos por todas partes, fallas eléctricas, no llega el agua, hospitales en mal estado, la gente se recoge antes de las seis de la tarde, preocupada por la inseguridad, la desfachatez de los presuntos gobernantes, la incertidumbre de la cuasi renuncia de Maduro; veo a Caracas empobrecida, las calles rotas, las aceras a pedazos,  con hoyos peligrosos para el transeúnte, grafitis horribles que afean la ciudad, no hay señalización, reina la oscuridad por falta de alumbrado público, comenta; me imagino que así está todo el país; parece que de la antigua bonanza no ha quedado ni el orgullo, aunque veo la misma vanidad y patriotismo reflexivo; cuando converso con vecinos y amigos, dicen que para ellos patria es sinónimo de mejor, no de frustración y sufrimiento al cual nos han sometido. Muy bien, se me ocurre decir.

Tal vez sea peor en el futuro, acoto. ¿Por qué dices eso? ¿Tú crees? Pregunta perpleja. He meditado bastante acerca de los diferentes escenarios para salir de esta crisis. Me pongo pensativo cuando algunos proponen insensatamente que es preciso endeudarse más para poder importar y reanimar el aparato productivo. Es increíble, pero así se oye. Se repetiría el ciclo de más deudas que luego no generarían los fondos para reembolsarlas. Le echo el cuento de la deuda pública durante los últimos sesenta años.

Betancourt fue el único presidente que recibió una deuda de la dictadura pérezjimenista y la redujo casi a la mitad; la economía creció, estabilizó el tipo de cambio, inflación mínima de 6 por ciento, aumentó el empleo: Leoni, aumentó esa deuda recibida para llegar, si mal no recuerdo, a $ 3.500 millones; la economía siguió su ritmo progresista; llega primer Gobierno de Caldera y duplica esa deuda, ahora con inflación casi triplicada (16% en promedio de los 5 años), disminuye crecimiento de la economía, se dispara la corrupción (quemó 40 expedientes antes de entregar el mando); en marzo de 1974, comienza primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, recibe un presupuesto aprobado de Bs.15 mil millones, que se triplican ese año por los aumentos en los precios petroleros; no siguió los consejos de Pérez Alfonzo, gastó ese dinero y comenzó la vorágine del endeudamiento (en 1978, la deuda era ya de Bs. 72.000 millones, casi $ 17.000 millones), aunque sí invirtió en grandes proyectos siderúrgicos, aluminio, hidroeléctricos, etc., pero mal administrados, excesivo personal, y no tenía capacidad de generación de fondos para cancelar el servicio de la deuda; por ello, esta pasa al tesoro nacional, como avalista y garante, lo cual absorbe gran parte de los recursos que podrían dedicarse a la salud, educación, infraestructura, etc., se incuba la crisis.

Llega Luis Herrera en 1979, líder honesto pero rodeado de malhechores; en lugar de comenzar a pagar la deuda con los nuevos ingresos petroleros, también la aumentó a $29.000 millones, esta vez, acompañada de recesión económica, más inflación, desempleo, desconfianza, fuga de capitales; llegó el viernes negro, 18 de febrero de 1983, desequilibró el bolívar, lo devaluó. Comienza Jaime Lusinchi en 1984, devalúa erradamente con fines fiscales, acarrea más inflación, vuelve a devaluar en 1986  causa de esa inflación provocada, no endeuda el país, más bien la bajó un poco y entrega alrededor de $26.000 millones, si confío en mi memoria. Inicia, 1999, Chávez, recibe una deuda externa de $23.000 mil millones, hace lo mismo, la duplica, ya para 2014 estaba en $45.000 millones, adosada con decrecimiento que estimo superior al 10%, inflación galopante que superará 700%, según el FMI, desconfianza, inestabilidad cambiaria, gran parte de los nuevos endeudamientos del fisco son para el servicio de la deuda, la cual por su pésima administración no dio resultados beneficiosos para la economía nacional, destrucción del sistema productivo, de la infraestructura hospitalaria, educativa, vial, hambre, se muere de mengua, hay en realidad, para denotarlo claramente, un genocidio.

Por eso, Purita, visualizo mal el futuro, pues, los que aspiran a gobernar tienen pocas ideas nuevas y realistas para enderezar al país, piensan seguir descendiendo el despeñadero de los endeudamientos ociosos, en parte. No van al fondo de la crisis moral que sufre la nación. Nadie propone un plan integral de recuperación ni tampoco invitan a crear un equipo que avance soluciones en el marco del todo social, con una lógica de la sociedad distinta al conflicto permanente, y no de ingeniería social casuística.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz