• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Coyuntura económica, inflación y gasolina

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Por fin informa el Banco Central de Venezuela las tasas de aceleración de la inflación durante los últimos meses de 2014; la acumulada es de 60,1%  hasta noviembre. Surge de muchas causas difíciles de erradicar esta patología económica en el marco del desorden fiscal y monetario, así como de la corrupción que la aviva. Aparentemente, hay un exceso de demanda monetaria con relación a la circulación de bienes y servicios, concretamente de productos agropecuarios y manufactureros producidos en el país. Desde que comenzó la etapa petrolera de la sociedad venezolana ha existido un “maná” petrolero que no tiene contrapartida en la actividad agrícola-manufacturera, siendo esta disparidad el origen del primer impulso inflacionista, que es la causa, a su vez, de los subsiguientes empujes, esto es, de los aumentos salariales, insumos nacionales más caros, importaciones a precios crecientes estimulados, además,  por las distorsiones y corruptelas cambiarias, todo lo cual genera presiones que consolidan a la larga el proceso inflacionista.

Comenzando con las devaluaciones de Jaime Lusinchi en 1984 (no lo digo ahora, lo he dicho desde ese momento) para procurarse unos volátiles recursos adicionales y que para “salvar la democracia”, según argumentaba Carmelo Lauría en las reuniones donde discutíamos el programa de gobierno, los cuales recursos se disuelven en el torrente del servicio de la deuda a la nueva tasa de cambio, aumentos salariales y, sobre todo, en las malogradas compensaciones debido a la inflación que explota golpeando el estómago del venezolano al decretarse un tipo de cambio superior.

Lo que hizo insensatamente Jaime Lusinchi es lo que proponen ahora, después de 30 años devaluando continuamente, algunos cometen ahora la insensatez de imitar aquellas políticas, pues “existe problema de caja del gobierno”, como si la economía no formara parte de la complejidad social que obliga a pensar “en el todo”, a buscar las causas y efectos profundos de los hechos económicos en la trama social. Por ello, en parte, se ha llegado a este desastre inflacionista, reforzado durante el chavismo por la destrucción continua del aparato productor, el ineficaz y corrupto control de cambio, la ausencia de nuevas inversiones, ahuyentadas con la terquedad del modelo castro-comunista.

Comenzar a resolver estos problemas requiere antes que nada la decisión política de abandonar tan indeseable socialismo. Es infructuoso formular superficiales líneas económicas si no se medita en el marco político, como exige la complejidad social. Al no hacerlo, surge incertidumbre y escepticismo acerca de un posible gobierno democrático.

La Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina acaba de pronosticar que la economía venezolana, en 2015, volverá a sucumbir, puesto que el producto interno bruto, mejor dicho, la cantidad de bienes y servicios que produce un país en un año determinado, disminuirá, como era de esperar, en 1,1%, cifra demoledora y confiable que acarrea un decrecimiento de -1% (menos uno por ciento) en el producto per cápita, quiero decir, sigue el descenso global del nivel de vida del venezolano. Los salarios reales se han contraído más de 20%, desde 1998, según BCV. La pobreza subió a 32% de la población. Cunde desempleo, desbarajuste fiscal, conciencia del costo de chavismo por lo que se ha dejado de producir, desinversión, cierre de empresas, activos y maquinarias abandonadas, desesperanza, familias tronchadas, emigración, inseguridad, lo robado y regalado a expensas del bienestar nacional. Fuga de capitales a pesar de las elevadas tasas de interés internas con relación a las del exterior. Abandono de los límites de la nación. Entrega de Guayana a China. Injerencia de Cuba. Se constata algo así como disolución nacional. Contrariamente a su obligación, al venezolano le crea el gobierno dificultades que en la oposición no generan por incapacidad política el “momentum” para el cambio ansiado, el cual vendrá a pesar de la indiferencia de la MUD, de su apoyo tácito al desgobierno.

En esta situación se anuncia un aumento del precio de la gasolina, decisión fiscalista que cuenta con una comparsa de algunos presuntos economistas; piensan erradamente desde el punto de vista macroeconómico, incluso de la dudosa oposición. Más bien deberían preguntarse: ¿dónde es más útil el dinero en este momento de inflación, economía deprimida, corrupción, destrucción del país? ¿En el bolsillo de los venezolanos, donde genera demanda, o lanzarlo al “saco sin fondo” fiscal, a la ineficaz Pdvsa con el doble de personal y bajando la producción, al gobierno que dilapidó un billón de dólares en ingresos petroleros y endeudó al país? Trasladar recursos mediante nuevos precios de la gasolina hacia los que han destruido la nación es contraproducente, pues no hay credibilidad en el gobierno como para aceptar que seriamente se gastarán los fondos adicionales. No se les ocurre, ni al gobierno ni a la oposición, delinear la política general de saneamiento de las finanzas públicas y evaden la solución de fondo que necesita el país. ¿Qué piensan ustedes amigos lectores?