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Pedro Conde Regardiz

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Pedro Conde Regardiz

Ataque islámico en París

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La población musulmana representa alrededor de 1,4 billones de la población mundial, cantidad alcanzada desde cuando en el año 610 de nuestra era el profeta Mahoma (Muhammad Ibn Abadía) recibe en La Meca las primeras revelaciones que contiene el Corán. Desde esa fecha hasta hoy, esto es, aproximadamente 1.400 años, la historia de esta civilizaciones una plétora de conflictos bélicos, como se demuestra a continuación, desde cuando Mahoma enfrentó a la élite de la Meca y se mudó a Medina. Al morir Mahoma, en 632, se elige a Abu Bakr como Jalifa, Califa o lugarteniente, promotor también de conflictos y conquistas como la de Jerusalén, en 638, para convertirla en la tercera ciudad santa, después de La Meca y Medina: Se sigue avanzando y domina Siria, Palestina, Egipto, en 641; Chipre, Libia, en 644; los musulmanes de Kifa, en 680, se denominan a sí mismos Shía-i-Alí (seguidores de Alí, esposo de una hija o sobrina de Mahoma), que son los chiitas de hoy. Llegaron hasta Poitiers en Francia y se estableció, en 969, el califato de Córdoba en España, un gran centro cultural musulmán.

Después de otras conquistas y de las Cruzadas, se dirigieron hasta Constantinopla, hoy Estambul, los otomanos y la convirtieron, 1453, en capital del Imperio otomano. La llamada Primera Guerra Mundial tuvo lugar entre 1914 y 1918, pero en 1917, con la declaración de Balfour, el Reino Unido apoya la creación de una patria israelita. Egipto logra la independencia en 1922 y se funda el reino árabe-saudí en 1932. La Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945, finaliza el mandato del Reino Unido en Palestina, 1948, creándose el estado Israelita por resolución de la ONU. En 1956, Gamal Abdel Nasser toma el canal de Suez. Vino en 1967 la Guerra de los Seis Días. Tiene lugar la Guerra del Yon Kipour, 1973, con el ataque de Egipto y Siria a Israel. En parte de la antigua Persia (Irán) se destrona al Sha,  Mohammed Reza Pahlevi y se instala, 1979, la revolución del Ayatolá Jomeini, quien en 1989 (cuando cae el Muro de Berlín) promulgó una fatwa contra el escritor Salman Rushdie (autor de Los Versos satánicos). De los 49 miembros de la Conferencia Islámica, todos menos Irán, desaprobaron dicha fatwa por considerarla antislámica. Se inicia así en nuestra época la intolerancia, campea el fundamentalismo islámico, un ataque frontal contra las libertades,  con sus funestas consecuencias, como se demostró otra vez recientemente en París.

Luego vinieron la guerra entre Irán (el de los ayatolás) e Irak (Saddam Hussein), la Guerra del Golfo, 1991, y la invasión de Irak por estados Unidos, 2003. Casi milenio y medio de conflictividad, acarreando gran significación como antecedente para el presente y el futuro. ¿Quién puede pensar que esa pugnacidad cesará porque en Irak se establezca realmente un régimen democrático, o porque suceda lo mismo en Siria y Afganistán?

Ahora bien, han fracasado los intentos de modernización apelando a doctrinas políticas y económicas occidentales. También el comunismo. La liberalización en Egipto con Mubarak arrojó más desigualdades; no hubo crecimiento del ingreso per cápita. Lo mismo ha sucedido en Arabia Saudita. Lo que se observa desde Occidente con ansiedad es la intranquilidad y descontento político, social, vinculado con fundamentalismo islámico, que es una lectura muy  particular del Corán, la cual lectura es profesada por ciertos sectores musulmanes minoritarios, pero muy bien organizados, donde religión y estado es casi lo mismo y son infieles quienes no comparten sus creencias, dentro de ellos mismos y mucho más de otras confesiones que las consideran anisadas por Satanás. De modo que para ellos el Dios de Occidente es Satanás. Y para algunos en Occidente ciertas élites que comandan en el mundo musulmán representan a Satanás (el eje del mal del expresidente Bush).

De esta concepción ha nacido en parte el terrorismo islámico que pretende castigar, destruir al opresor, al conquistador, al invasor militar y cultural de los dominios y valores musulmanes, así como a los que se opongan a sus designios. Este fundamentalismo se aplica para eliminar a la dirigencia occidentalizada, a los moderados seculares, es decir, luchas intra-árabes y hacia afuera, con la ambición de extender sus posiciones ideológicas. Por ello, Salmán Rushdie escribió un artículo en The New York Times (2 de nov. de 2001) titulado: Yes, this is about Islam, queriendo decir que la guerra contra el terrorismo es en realidad contra el islam, donde, además, se piensa en la existencia de una conspiración mundial tanto de judíos como de masones.

Desde 2001, personas pensantes en las democracias liberales concluyeron que sus enemigos deberían tener un cierto grado de razón. Tal odio, como se demostró en el ataque en París, tenía que haber sido provocado por Occidente. La solución estaría entonces en detener la provocación de éste, cuyos oponentes racionales no tendrían razón para atacar suicidamente. Se volvería así a estar seguros. Lamentablemente, la creencia en motivos racionales es una ilusión, pues para justificar esta falacia se debe ignorar una gran cantidad de evidencias. En Sudán, Irán, Afganistán, Argelia, Siria, millones han muerto en guerras y masacres islámicas que hacen aparecer a Srebrenica y a las Torres Gemelas como una trivialidad. Cunde ahora el terror del Estado Islámico que es una versión actual del mismo fundamentalismo, esto es, movimientos islámicos dedicados a perseguir musulmanes que creen en la separación del Estado y de la iglesia o en la emancipación de la mujer, no son racionales; lo son en sus propios términos.

Si se lee lo que dicen los líderes de Al-Qaeda y sus imitadores se encuentra el sueño cósmico de un imperio islámico dominando al mundo. Esto implica que el islamismo es algo más que un odio hacia Occidente y es una amenaza cierta para que la humanidad regrese a la barbarie o comience una guerra que también la agotaría. El ataque en París se inscribe en este proyecto religioso-político contra Occidente, contra las libertades y el estado de derecho, mejor dicho, contra la democracia mundial.