• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde Regardiz

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AD: otro aniversario

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Celebra otro aniversario Acción Democrática, cuya historia es indisociable de lo que es la Venezuela contemporánea, aunque el chavismo se ha ocupado meticulosamente de destruir y desinformar acerca de ciertas obras y políticas positivas, acompañadas de desaciertos y corrupción, realizadas durante los diferentes períodos constitucionales, sobre todo, en el trienio 1945-1948, la década 1958-1959 y el lapso 1974-79, cuando se insistió en convertir los ingresos petroleros en una estructura económico-industrial y agrícola como base de la independencia económica, al par que profundizó la política educativa, el empleo (hubo pleno empleo con baja inflación) y subió el nivel de vida de los venezolanos, tanto así que Venezuela se convirtió en algo así como el paraíso terrenal adonde acudían naturales de países vecinos buscando mejor calidad de vida. Por ello, el problema fronterizo no es tan simple como pretende Maduro, cuyo enfoque obvia que los principales responsables de la caótica situación son el Estado venezolano y los partidos políticos que desplegaron banderas demagógicas ante el aluvión demográfico desde el exterior.

Cuando se fundó AD, propusieron un proyecto fundamentado en una alianza de clases progresistas e imbuido de lineamientos democráticos, nacionalistas, auspiciadores de la justicia social, para rescatar y revalorizar nuestras riquezas naturales, así como buscando elevar la capacidad del venezolano para organizar y transformar los recursos naturales en bienestar social.

Los dirigentes fundadores pensaron con bastante originalidad y presentaron a los venezolanos de entonces una opción política distinta del capitalismo inhumano y del comunismo transformado después del famoso proceso de Moscú, 1936-1938, en el estalinismo recalcitrante con la más oprobiosa dictadura de una burocracia que extendió su poder totalitario, después de la Segunda Guerra Mundial, a todo el este europeo, donde la población fue sometida a insoportables  e inhumanas condiciones de vida, creando las causas para el comienzo de la rebelión colectiva   con la caída del Muro de Berlín en 1989.

Fue tan original que, en 1959, el partido socialdemócrata alemán decidió, en el congreso de Bad Godesberg, abandonar su especificidad de organización obrera para abrazar la idea policlasista. Posteriormente, hacia 1975, surgió en Europa el eurocomunismo cuando George Marchais, entonces secretario general del Partido Comunista francés; Enrico Berlinguer, del de Italia, y Santiago Carrillo, del mismo partido en España, propusieron el “compromiso histórico”, esto es, la construcción del socialismo de acuerdo con las particularidades de cada país.

Todavía me parece escuchar la voz de Marchais convocando a formar un frente de empresarios grandes y pequeños, profesionales, técnicos, mujeres, obreros, campesinos, es decir, el más concreto policlasismo que ya había proclamado AD, desde su fundación en 1941, como única manera estratégica de organizar al pueblo para la conquista del poder y echar a andar la revolución democrática. Poco a poco con muchos traumatismos (divisiones internas: MIR, AD-Oposición, MEP, etc.; yo participé en la de AD-Oposición, 1961, con la dirigencia “arsista” de Raúl Ramos Giménez, movimiento que según Domingo Alberto Rangel era de izquierda democrática; fui su secretario juvenil hasta 1964) y, sobre todo, con pérdida de valores y de mística, fue ejecutando tímidamente su diseño político, hasta que en cierto momento, digno de una seria investigación, comenzó el “descuido ideológico” y predominó el pragmatismo ordinario y vulgar, la corrupción.

Fuentes indudables de disolución, escepticismo, decepción, y de una acción de gobierno que, directa e indirectamente, junto con los gobiernos de Copei, generó una deuda externa, cuyo servicio originó que prácticamente se anulasen los beneficios de la nacionalización del petróleo, mejor dicho, el servicio de la deuda externa casi anuló la reversión hacia la economía nacional de la corriente de fondos, dólares, que llenaban las arcas de las transnacionales petroleras, peor aún, sin que los proyectos y empresas financiados con endeudamiento hubiesen cuajado y madurado como entes eficientes, productivos y competitivos para generar los recursos con que honrar las obligaciones adquiridas. Las asumió el Estado, reventó la crisis en 1982, el Viernes Negro de febrero de 1983, fomentados ambos fenómenos por la insensatez y corrupción del gobierno del presidente Luis Herrera. En fin, desde 1979 hasta 1998, el ingreso per cápita descendió a un ritmo anual de 1,2% que hundió a los venezolanos en la pobreza; se despilfarraron 333 millardos de dólares de exportaciones petroleras y más de 50 millardos de dólares en deuda externa contratada. Ahora con el chavismo, esto mismo, pero a una dimensión superior y con supresión de la libertad de expresión, de escasez, destrucción del aparato productivo, por lo cual venezolanos también emigran formando ya una diáspora de casi 2 millones. Son 36 años de crisis crónica, desde 1979 y acentuada desde 1999,  que cercena el futuro de los venezolanos en general. Se experimenta un descenso lineal sostenido del nivel de vida al cortar con la inflación un porcentaje diariamente a los ingresos percibidos.

Esta calamidad nacional comenzó cuando las divisiones privaron a AD de auténticos dirigentes que fueron reemplazados, en el CEN y otras instancias, con algunas excepciones, por empleados públicos, máxime lisonjeros, adulantes, rufianes con mirar zaino, que luego se convirtieron en seudodirigentes acartonados, llenos de goteras, maestros en zurcir voluntades para trampear al contendor político, y arbitristas ricos en recursos para llevar a feliz término el abandono de la causa popular; allí, verdaderos mercaderes, negociantes, contratistas, peritísimos endeudando al país, devaluando el bolívar y transando votos por contratos de obras, cualidades que conllevan a una aprobación tácita, como lo demuestra su prolongado silencio, de la pésima ejecutoria gubernamental del chavismo por lo semejante del efecto de su paso por el poder.

Aunque se debe mencionar que el chavismo pretende apoderarse o negar muchas de las acciones fundamentales de la gestión de AD: entre otras, que el 50-50 de imposición a los ingresos petroleros de las transnacionales fue de Medina Angarita; niegan la siembra del petróleo con el financiamiento de numerosos proyectos agroindustriales, sustitución de importaciones, transformación del mineral de hierro, bauxita, construcción de represas, escuelas, liceos, universidades, etc., que arrojó un crecimiento promedio del producto interno bruto de 5%, durante 20 años, entre 1959 y 1978. Niegan la nacionalización del petróleo por Carlos Andrés Pérez para asignarla al héroe artificial que pretenden presentar casi como el inspirador de una nueva religión. Y AD se queda callada.

Conviene preguntarse ahora: ¿Puede renacer y refundarse AD? ¿Puede esta AD venida a menos emprender una lucha contra la dictadura chavista como lo hizo la generación fundadora contra la de Pérez Jiménez? ¿Existe la mística, la convicción ideológica, la ética, que pulen y afilan  la fortaleza espiritual, la capacidad de sacrificio, para una brava y exigente batalla por la democracia y el bienestar de todos sin pensar ordinariamente en intereses crematísticos, pareciéndose al Héctor homérico de los “pies ligeros” para guerrear? Es más, ¿existen otras organizaciones políticas que puedan hacerlo eficazmente? Reflexione apreciado lector.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz