• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde

Al instante

¿Hasta cuándo durará esto?

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Es la pregunta del día. Con ella, siempre hay alguien que interrumpe adonde uno llegue, tal vez por angustia; devela el deseo inconfesado de salir de esto, es decir, de la presidencia de Maduro y todo lo que significa en términos de malestar nacional. Los venezolanos conocen las grandes dificultades de esta clase de régimen político, sobre todo, cuando quien lo preside llegó ahí quién sabe por cuáles razones, puesto que no fue por liderazgo ni por ser una enciclopedia vernácula en torno a nuestra realidad política. Maduro y las incertidumbres de su presidencia dimanan, en parte, de las dudas relacionadas con su elección y de su presunta doble nacionalidad, todo lo cual  repercute en su fuerza de mando.

Como sospechan que “detrás del trono” está realmente el de los hilos del poder, Maduro aparece como manipulable, ya por Cabello, ya por Cilia, ya por Padrino. Y para rematar, no cuenta con dotación intelectual que permita salir airoso en muchas circunstancias; al compararla con la de presidentes anteriores, su capacidad luce disminuida. Lo ven como une poupée de chiffon.

La equivocación del pueblo es evidente. Ansioso de superarla época democrática, a causa de la desastrosa gestión económica, cayó en la loca y errada esperanza que surgió con el intento de golpe de estado de 1992. Pensó la gente que mejoraría su suerte al mudar de presidente, pero no tardaron en convencerse que su condición iba empeorando cada día, a pesar de la propaganda que atiborra, más bien contraproducente por el contraste entre lo que se vocea y la miserable realidad.

Para afincarse en el poder, los chavistas necesitaban borrar de la geografía política a los partidos responsables de los desastres económicos durante sus 40 años de gestión, tal como lo pensaba Chávez, para lo cual deberían haber instrumentado óptimas políticas públicas que redundasen en bienestar general. Fue al contrario.

Es más, quisieron olvidar lo heredado y desconocer, tergiversar, la historia: reformaron leyes, infringen la constitución descaradamente, cambiaron nombres de instituciones para asignar otros rimbombantes que carecen de la simplicidad indispensable para el ciudadano corriente; por ejemplo: a la antigua Policía Técnica Judicial la llaman: Cuerpo de Investigaciones Científicas y Criminalísticas, y así muchos otros; el pueblo la sigue llamando PTJ, pues rechaza ese maquillaje que desequilibra sus nociones de la institucionalidad ya afianzada democráticamente.

Tratan de crear efemérides para justificar políticas históricamente; como no tienen ninguna, desconocen, desinforman y se atribuyen las de presidentes anteriores: elfifty-fifty,fue, dicen, obra de Medina Angarita, niegan que AD nacionalizó el petróleo, hierro; se proclaman antiimperialistas, pero carecen de una sola ejecutoria que realmente lo sea, como fue la de Betancourt al auspiciar la creación de la OPEP en circunstancias nacionales e internacionales bastante desfavorables. No ha habido hasta ahora, una reivindicación de los países en desarrollo más trascendente que esa, pero lo niegan insensatamente.

Peor aún, mientras reprimen salvajemente hablan de respeto a los derechos humanos; el pueblo pasa hambre y argumentan que está feliz , cunden los apagones y los atribuyen a saboteos, escasea el agua y sacan al fenómeno el niño; destrozan al bolívar devaluándolo, roban dólares y provocan hemorragias a la economía nacional con fuga de capitales mal habidos, pero eso es de la burguesía; no hay alimentos, medicinas, bienes esenciales a causa de la destrucción del aparato productivo, lo llaman “guerra económica”;enarbolan patriotismo, pero cómo si destruyen al país, etc. El venezolano no es ingenuo, su intuición lo guía como en pasadas elecciones; sabe quienes lo arruinaron y son malignos en su destino; por más que se aferren al poder insiste en preguntar: ¿Hasta cuándo durará esto? Con  libertad aspira superar la miseria.

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz