• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde

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Progreso, marxismo y Maduro

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Tal como la idea de “evolución” con la cual tiene cierta afinidad, la noción de “progreso” parece ser típicamente moderna puede encontrarse en el pensamiento antiguo y medieval, algunas veces en forma explícita de negación de la idea. Pero su explícita formulación, con énfasis e importancia, progreso, como evolución, es casi una idea nueva de los tiempos modernos. Esta noción influye en la significación de muchas otras ideas y, por tanto, comunica una tendencia característica al pensamiento moderno.

Conviene recordar que la noción de progreso puede entenderse de dos maneras: por un lado, en sentido etimológico, progreso es sinónimo de avance, ascenso, evolución, crecimiento, aumento. Entendido en su sentido cualitativo, el progreso deviene, entonces, en evolución positiva, mejoría, avance hacia lo mejor. El aumento del saber científico, del savoir-fair, desde los orígenes de la humanidad, es evidente, al mismo tiempo que este aumento no ha cesado jamás de contribuir a mejorar las condiciones de la vida humana.

La idea de evolución afecta nuestras concepciones de la naturaleza del hombre. Pero la teoría de la evolución es en sí también influenciada por la idea de progreso, el cual fue un tema importante al menos dos siglos antes de Darwin, y por ello no depende para su significado de la teoría biológica de la evolución. La relación invertida si se da entre ambas teorías.

La idea de evolución tiene algo de significación moral, social e incluso cósmica como implicación de que la “moción general” en el mundo de las cosas vivientes, tal vez en el universo, es un progreso de formas inferiores a superiores.

Darwin pensó: “von Baer ha definido avance o progreso en la escala orgánica mejor que nadie, apoyándose en la diferenciación y especialización de varias partes del ser”, a lo cual Darwin añadió: “si se examina la evidencia geológica, parece que la organización del todo ha avanzado a través del mundo mediante pasos lentos e interrumpidos. En el reino de los vertebrados ello culminó en el hombre…”. Añadiendo: “como la selección natural solo trabaja para el bien de cada ser, toda dotación corporal y mental tenderá a progresar hacia la perfección”. Cualquiera que sea la evidencia, la noción de evolución cuando la aplican algunos pensadores a la sociedad o civilización, tiene la connotación de progreso, esto es la marcha gradual y sostenida hacia la perfección.

Aparte de la aplicación anterior de la idea de evolución al mundo del hombre, el progreso es una tesis central de la filosofía de la historia que, según algunos, está tan íntimamente conectada con la teoría del progreso que aquella es en sí considerada como un desarrollo moderno, para lo cual hay algunas argumentaciones acerca de la tendencia de la historia, en los escritos de J. S. Mil, Hegel, Marx y Freud, entre otros.

Estos filósofos no definen o explican el progreso de la misma manera. Tampoco suscriben una inviolable e irresistible ley del progreso como si tuviese el carácter de un orden divino. Pero la mayoría es optimista: cree en la perfectibilidad del hombre y en su enfoque hacia la perfección a través de su propio esfuerzo libremente encauzado hacia la realización de ideales o ven en las fuerzas de la historia ya la manifestación de un espíritu del mundo y la presión de condiciones materiales (i.e., económicas), de acuerdo con un modelo dialéctico de resolución de conflictos que siempre llevaría a un nivel superior.

Para Carlos Marx en su obra monumental Das Capital la propiedad individual de los medios de producción (maquinarias, herramientas, materias primas, empresas, tierras, edificaciones, etc.) arroja la división en clases en el sentido marxista: propietarios de los medios de producción, propietarios de la fuerza de trabajo. Capital, Trabajo, dos caras de una misma realidad económica y social en la que el capital compra la fuerza de trabajo, la paga por una duración inferior a la que realmente se realiza, se acumula, esto es: se aumenta, alimentándose de una fuerza vital. Esta contradicción se autodestruye por los movimientos de las crisis y de la crisis general del capitalismo, del desajuste entre fuerzas productivas (Produktivkräfte) y relaciones de producción (Produktionsverhältnisse), de las tomas de conciencia y de las luchas de clases dirigidas por el proletariado organizado contra el Capital y el Estado.

Así, la propiedad privada e individual de los medios de producción se transforma en propiedad de la sociedad. El poder capitalista-estatal se transforma en poder proletario. El capitalismo genera de este modo el socialismo y después el comunismo como etapa superior de desarrollo. El hombre coopera activamente en la transformación, pero no puede cambiar su orientación ni modificar el resultado: la transformación es ineluctable. La praxis coopera con una dialéctica que está primeramente en la realidad económica, y que el espíritu refleja. Este es el mecanismo marxista mediante el cual presuntamente la sociedad avanza, progresa.

Sabemos que ha habido numerosos intentos por plasmar esa teoría en la realidad de muchos, países los cuales, después de arruinarlos con el sistema económico derivado de aquellos principios, terminaron por abandonarlos a causa del empobrecimiento generalizado por una praxis mal entendida, sobre todo, porque la tal propiedad de la sociedad se convirtió en propiedad estatal de los medios de producción (empresas, tierras etc.), desembocando en un monstruoso aparato burocrático imposible de administrar eficazmente y la planificación reemplazante del mercado arrojaba resultados inesperadamente indeseables. Además, la estatización contradijo el postulado según el cual la lucha es contra el Capital-Estado. Pero ¿cómo podría organizarse la propiedad de los medios de producción por la sociedad? Imposible, una utopía.

Una versión pedestre de lo reseñado anteriormente se aplicó en Cuba, donde después de 50 años de miseria, menos la alta burocracia comunista, ahora terminan negociando con el presunto enemigo histórico (Estados Unidos). ¿Qué les puede esperar a quienes causaron semejante desastre a un pueblo pasando hambre durante 50 años a la par que fusilaban, asesinaban, torturaban, con cárceles repletas de presos políticos, donde la gente prefiere arriesgarse a caer en las fauces de un tiburón que continuar sufriendo miseria?

En Venezuela, peor. El socialismo del siglo XXI es de una pobretería intelectual originada en la ignorancia, dogmatismo, lecturas mal asimiladas de marxismo. Aquí no hay ninguna lucha de clases, no perciben que los obreros, aquí y en todos los países, desean infinitamente ser pequeñoburgueses o, por lo menos, que lo sean sus hijos; la declaración del tal socialismo es una aberración respecto a lo que postulaba Marx, quizá porque la finalidad real era, de una parte, servir de justificación para un militarismo caribeño, tropical, corrupto al ritmo de la salsa y, por la otra, instrumentar un régimen tendente hacia el totalitarismo, pues violenta los derechos humanos (asesinan, torturan, detienen sin razón, hay presos políticos), coarta las libertades, busca hegemonía comunicacional para desinformar mas no para revelar las noticias reales, únicamente lo que le conviene a sus malévolos designios. Desgobiernan al margen de las leyes y de la constitución, no hay separación de poderes, el defensor del pueblo lo es primeramente de la política represiva del régimen.

Todo marcha peor que cuando Chávez ganó en 1998. Hay una regresión. Por desabastecimiento, colas para comprar víveres, alimentos, medicinas, partes para vehículos, maquinarias, insumos médicos para exámenes y tratamientos, arrasan las reservas forestales, la fauna, secan ríos al talar árboles en su fuente al permitir minería irresponsable, deterioro creciente de toda la planta física de hospitales, ambulatorios, escuelas, liceos, universidades, vuelven epidemias que ya habían desaparecido por las acertadas políticas de salud pública ejecutas anteriormente. Ahora, como la corrupción diezmó los dólares de las exportaciones petroleras y porque la banca internacional se niega a nuevos préstamos dado que una parte importante de los susodichos es para cancelar servicio de la deuda o para avivar el saqueo del Tesoro público, proceden a liquidar activos públicos: ya han disminuido las reservas internacionales en oro y acaban de anunciar la venta de una refinería en Estados Unidos.

Los salarios se han reducido a una cuarta parte de lo que eran en 2014. Cunde la desesperanza, hay despoblación, ya han emigrado más de dos millones de venezolanos con graves consecuencias para el progreso del país, lo cual explica, por demás, la red de tensiones sociales, económicas, políticas, sicológicas que cruzan el cuerpo social. Es una situación compleja, agobiante, que explica por qué el gobierno se derrumba por sus pésimas ejecutorias sin que la Oposición –oficialista electorera (MUD) haya “movido un dedo” para contribuir a un desenlace esperanzador de progreso. Lo que más pregunta la gente: ¿Y dónde se van a meter? Tal vez, por eso negocian tanto con Estados Unidos, a pesar de que viven acusándolo infantilmente de ser el que está detrás de una presunta guerra económica, que MUD, por flojera mental no ha refutado, pero aún así no tiene credibilidad internacional ni nacional.

Cuando me lo preguntan recuerdo aquel esbirro de la seguridad nacional de Pérez Jiménez apodado “Suelespuma”. En 1958, cuando vine a Caracas para estudiar en la universidad, lo vi correr desesperado, pues una poblada lo iba a linchar ahí en lo que ahora llaman Bellas Artes. ¿Qué necesidad hay de eso? ¿Cómo se puede estimular un impulso colectivo hacia el progreso si no lo hubo en lo personal, como decía Freud, ni para estudiar una carrera profesional cuando había tantas posibilidades?

@psconderegardiz