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Pedro Conde

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Pedro Conde

La economía mundial y Venezuela (I)

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Señor Presidente, si yo estuviera en su posición con este drama venezolano (fui precandidato a la Presidencia de Venezuela en 1993), anunciaría, en parte, un plan con las siguientes decisiones, que son una guía para la discusión: refrescar la imagen del Gobierno cambiando ese gabinete oxidado con su plétora de errores, nombrar otro buscando probidad, experiencia, competencia, independencia de criterios. Sus nombramientos actuales delatan carencia de talentos, pero sí los hay en Venezuela. No tiene que negociar pactos con nadie.

Redimensionar el tamaño del sector público, que implica abandonar el capitalismo monopolista de Estado, devolver las empresas y fincas, hatos no pagados a sus antiguos propietarios, privatizar las pagadas; concedería participación al capital nacional en las empresas básicas, pero sin que sean testaferros de transnacionales; así disminuye la corrupción, el robo de bienes públicos, generan producción, aumentan la productividad global de la economía, etc.; reanimaría la industria manufacturera, la agricultura. Todo lo cual contribuiría a crear confianza, repatriación de capitales, inversiones, empleos, regreso de recursos humanos calificados que se incorporarían a la actividad productiva, a la investigación en universidades y otros institutos científicos, ciudades científicas a fundarse en Zulia, Mérida, Barquisimeto, Táchira, Carabobo y Monagas; sin esta investigación no se apuntala el desarrollo y es, quizá, la mejor manera de sembrar el petróleo.

Liberar los acentuados controles económicos, pero diseñar otros que disuadan la codicia y no inhiban la inversión. Eliminar progresivamente el control de cambios a medida que incrementa la producción nacional, establecer arancel único a la importación para evitar corrupción y facilitar trámites, facilitar el establecimiento de nuevas empresas y la promoción de exportaciones no tradicionales.

Garantizar administración eficaz y la sustentabilidad fiscal, que debería revelar los efectos de la diversificación económica para evitar la excesiva dependencia petrolera. Reconstruir la planta física de salud, educación, vías de comunicación. Diseñar una política para promover la competitividad, una nueva política industrial, agroindustrial y agrícola a fin de insertar la economía en la inevitable globalización. Es imposible la autarquía. Aprovechar la capacidad ingenieril, los graduandos de universidades, para promover sectores de vanguardia: técnicas de información, telemática. Instrumentar una formación educativa, primaria y secundaria, equilibrando ciencias naturales y humanidades, moral, conciencia ciudadana. Proveer los recursos para las universidades, pero sujetos a una reforma profunda de los contenidos académicos y de la administración.

Nueva geopolítica petrolera dados los cambios geopolíticos y el nuevo orden mundial. Compensar la pérdida en el poder adquisitivo al ritmo de la reanimación económica, así como discutir los contratos colectivos públicos en mora desde hace más de cinco años.

Aunque estoy de acuerdo con la cooperación, repensar la ayuda externa sin que reduzca el nivel de vida de los venezolanos. Retirar apoyo militar cubano en comandos de la Fuerza Armada Nacional. Aplicar rigurosamente la Ley de Desarme. Comprender mejor el funcionamiento de mafias y bandas. Rediseñar la función de las policías y de las FAN para evitar que sean vistas como enemigas del pueblo.

En fin, delinear un desarrollo humano, ecológico, sustentable, reindustrializando el país en función de sus ventajas comparativas naturales y tecnológicas, lo cual requiere reordenar el territorio e incorporar las áreas marinas (640.000 km cuadrados).

Si todo lo hace respetando la libertad de expresión, reconociendo “al otro”, usted lograría gobernanza, fuente de la paz que pregona. Jamás lo obtendrá sectaria y belicosamente, lo cual deteriora y debilita más al país, mejor dicho, el camino de la antipatria. Usted no está ahí para esto. ¡Cumpla la Constitución!