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Pedro Conde

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Pedro Conde

Geopolítica del pacto energético Rusia-China (I)

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En la medida en que nuestros sistemas económicos dependen de los consumos energéticos y en la medida en que el petróleo proporciona más de 40% de la energía total consumida y 90% de la utilizada en transportes, puede entenderse que todo lo que gira en torno al petróleo esté condicionado a la dinámica política de nuestro planeta. Gran parte de lo que está ocurriendo en estos momentos se explica a partir de la pugna por controlar y garantizar suministros energéticos. Por ello, la famosa revista alemana Der Spiegel tituló una vez: “Die Blut der Welt”, “La sangre del mundo”, para referirse al petróleo.

Hay tres circunstancias que debemos considerar. Primero, el petróleo es un bien escaso y finito, es decir, se va a acabar en algún momento. Segundo, juega un papel central en la economía, prácticamente desde la aplicación a gran escala de los motores de explosión. Y tercero, debido a las dos circunstancias anteriores, el petróleo es un bien cada vez más codiciado y disputado, según se vayan agotando las existencias, sin que se disponga de otras fuentes energéticas que puedan cumplir su mismo papel con facilidad y a unos precios razonablemente equiparables. De ahí, en parte, la guerra mundial por los recursos naturales, esto es, las rivalidades, conflictos, entre las grandes potencias tradicionales y emergentes para proveerse de reservas, que conlleva a que sus estrategias y políticas internacionales estén casi determinadas por motivaciones energéticas.

Desde hace años se vienen produciendo todo tipo de intentos de control del petróleo y de los recursos energéticos en general. Las potencias occidentales han intervenido en los países con recursos petroleros, gasíferos: han auspiciado gobiernos afines o manejables, y han desestabilizado los que no lo eran, han obtenido concesiones, han pugnado por dominar las redes de comercialización, e incluso han intervenido militarmente cuando sus intereses han estado en riesgo. El petróleo y la energía son poder y en torno a ellos se ejerce sin recato el poder. Por ello, se entiende que uno de los focos conflictivos del planeta se localice en el Oriente Medio, donde hay grandes reservas probadas. Y la aspiración rusa, estrategia, de reconstruir una nueva unión es, en parte, porque en casi todas las naciones de la antigua Unión Soviética existen importantes recursos energéticos.

Antes de analizar el pacto ruso-chino, conviene realizar una síntesis de la actualidad internacional para situar globalmente dicho acuerdo refrendado por responsables de ambos países en presencia de Vladimir Putin y Xi Jiang en Shangai. En efecto, lo primero que resalta son las elecciones de mayo 2014 para elegir el Parlamento europeo que reveló el desencanto de los ciudadanos con esa institución. Ya no los hace soñar. Se observa una progresión notable de la extrema derecha en Francia, en el Reino Unido, donde el Ukip cosechó 28% de los votos. Igualmente en Dinamarca, Bélgica, cuyo partido nacionalista flamenco logró 32% de los votos. La extrema izquierda sale airosa en Grecia y los “indignados” en la península ibérica e Italia. Dando lugar a que el Parlamento europeo sea un poco más de derecha que el precedente y arrojando otro caudal de euroescépticos. La población no parece estar contenta con el diseño de la Unión Europea y mucho menos con lo que ha devenido, por lo cual se le acusa de “estar alejada de las preocupaciones diarias” de los europeos, de ser “opaca”. Se cuestiona la libre circulación de las personas. De tal manera que los desafíos de la unión son inmensos. En un momento cuando la guerra civil está en sus fronteras y la negociación de un acuerdo trasatlántico no logra la unanimidad. Pero, sobre todo, hay que encontrar el camino del desarrollo económico y del empleo para poder preparar el porvenir.

En Francia, el resultado electoral, que obedeció fundamentalmente a motivaciones nacionales, no es solamente un voto de protesta, es un terrible desmentido a la mayoría que detenta el poder, es un cuestionamiento profundo de las políticas instrumentadas desde hace varios años, de la austeridad y las prácticas de la clase política francesa desvinculada del país real. Se trata de una sanción a los partidos políticos que presentaron candidatos que no se ocuparán necesariamente de su nueva misión, pues detentan ya otros mandatos electorales o fueron propuestos para darles un mandato. Una enfermedad francesa, poco expandida en los países vecinos. Fue también una reacción al ambiente económico depresivo que reina desde 2009 y del cual no se sabe cuándo llegará a final. Es un voto contra las políticas ineficaces, de una Europa que no protege a los ciudadanos, y, sobre todo, revela miedo hacia el porvenir. En síntesis, un voto por el cambio. De 70 diputados de la delegación francesa al Parlamento europeo, 24 son del Frente Nacional. Pero, lo que no se sabe es si ello auspiciará una política europea para que la Europa que se construye se acerque más a lo que se desea.

Francia también acaba de descubrir que es más rica de lo que creía, pues adoptó otro sistema de contabilidad nacional donde el dispendio en investigación y desarrollo ahora es una inversión en lugar de un consumo. La riqueza nacional evaluada así debería aumentar entre 2% o 3%. Este cambio tendrá, además, su impacto en la deuda pública calculado con relación al Producto Interno Bruto (PIB). Con este nuevo cálculo, Nigeria se presenta ahora como la primera economía africana.

En la primera democracia del mundo, India, acaba de ganar las elecciones el partido nacionalista hindú (BJP) de Narenda Modi. Puso fin al reino del Partido del Congreso dirigido por la familia Gandhi desde Nerhu, padre de la independencia, Al invitar al primer ministro paquistaní a la ceremonia de investidura, se espera cierta distensión en las relaciones diplomáticas. No se sabe qué rumbo tomarán las relaciones con Estados Unidos que siempre cultivó en ella un contrapeso contra China, Rusia, en Asia en general.

Y en Egipto, Abdel Al-Sissi, que ha mostrado que ejerce el poder con mano dura, como lo muestran los arrestos y ejecuciones de varios centeneras de personas, acaba de ser elegido presidente con 96% de los votos, presuntamente, de 45% que participó (los Hermanos Musulmanes llamaron a la abstención). Debe yugular la inflación de 12%, mejoar las condiciones de 40% de la población que vive en el umbral de la pobreza. Sin embargo, Al-Sissi es el típico anticristo que se atribuye el derecho y el poder para disponer de la vida de los ciudadanos que se oponen, lo cual es típico de las dictaduras rancias, tanto de derecha como de izquierda, esto es, tanto del fascismo como del comunismo, y cuyo principal logro es tener las cárceles repletas de disidentes. Esto crea en la sociedad corrientes de resentimiento, odio, que permiten visualizar tempestades sociales y políticas en esta gran nación.

Las elecciones sudafricanas confirmaron en el poder al partido de Nelson Mandela, African National Congress, que, sin embargo ha decepcionado ampliamente. No se han efectuado las reformas estructurales. A pesar de la emergencia de una clase media, el apartheid económico continúa, como lo testimonian los pueblos improvisados, tal como Soweto. Las huelgas de los mineros de Marikana, donde ya han muerto 30 manifestantes. Este extraño miembro emergente de Brics no construye las carreteras y autopistas, los acueductos, las escuelas de calidad, hospitales, que desesperadamente espera la población. El desempleo es muy elevado: 24,7% en diciembre de 2013, que concierne a más de 2/3 de los habitantes de “townships”. Sigue siendo un país donde cunde la violencia como lo ilustra el proceso al atleta Néstor Pistorius, como también la corrupción. Entonces, ¿cómo se explica esta victoria del ANC? Este partido vive del capital político emanado de haber sido el que le puso fin al apartheid, esta aura es una renta política que (la misma de la cual sobrevive Robert Mugabe en Zimbabwe) corre el riesgo de agotarse si J. Zuma no diluye mucho más las desigualdades sociales del único país africano que ha organizado una copa mundial de football.

El referéndum organizado en el este de Ucrania por los pro rusos ha ampliado el abismo entre Kiev y esta parte del país. Esta guerra civil de “baja intensidad” ya ha arrojado varias decenas de muertos. Las elecciones llevaron al poder al empresario “rey del chocolate”, Petro Porochenko. Ganó desde la primera vuelta. Su primer objetivo es terminar con una guerra civil que amenaza la parte este de la nación, especialmente Donetsk y Lougansk. Tendrá que proveerse de mucho temple para tratar la cuestión del gas con Rusia, sobre todo, el precio. Y buscar disminuir, igual que toda Europa occidental, la dependencia excesiva del gas ruso que es concederle un gran poder de negociación y chantaje a Rusia que se vería tentada a cerrar la “llave de paso”, como ya lo hizo en el pasado, ante cualquier inconformidad con las políticas consideradas “unfriendly” hacia aquel país. Esto es, evitar una “finlandización” que inmovilizaría la política internacional de Ucrania y de la Unión Europea.   Se teme una invasión rusa tal como lo hizo en Crimea, pero la OTAN y Estados Unidos han tomado previsiones destacando más fuerzas militares en Polonia, instrumentado sanciones de poco efecto sobre Rusia y han asegurado que defenderán a sus aliados y miembros de dicha organización.

El mundo está asombrado con el nuevo soldado ruso: modernamente bien equipado, entrenado, con rápida movilización para impactar y concretar el imaginario nacionalista ruso y atemorizar más allá de sus fronteras. Vuelven las conjeturas acerca de las intenciones del “oso ruso”, máxime ahora cuando el triunfo de la extrema derecha en muchos países de Europa revela que ello se debe a una estrategia relacionada con el terruño, por ejemplo: contra la inmigración. Mejor dicho: de naturaleza totalmente geopolítica.

 

*Profesor de Geopolítica del Petróleo, UCV