• Caracas (Venezuela)

Pedro Conde

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AD: 73º aniversario

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Fue un lugar común decir que Acción Democrática se fundó para constituir el instrumento político forjador de una Venezuela democrática, independiente y donde impere la justicia social. Para ello se propuso una alianza de clases con aspiraciones similares, que en su momento fue un hito como herramienta política y ejemplo de cómo debía organizarse un movimiento liberador, puesto que en el caso del Partido Socialdemócrata Alemán no fue sino en 1959 cuando en la conferencia de Bad-Godesberg decidió dejar de ser un partido estrictamente obrero para acoger la tesis policlasista, lo cual facilitó su llegada al poder.

Decidida la conjunción de fuerzas sociales, AD se armó de una doctrina síntesis de las corrientes en boga del pensamiento político: negación del capitalismo salvaje, donde el hombre es simple instrumento, rebajado en su condición humana por la alienación inherente a dicho sistema, pero también apoyada en una condena de lo que el profesor Maurice Duverger llamó “el socialismo efectivo”, que el entonces secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev, llamó “socialismo real”, esto es, en Europa del Este y otros países, se había instrumentado un orden social que sucumbió al caer el Muro de Berlín en 1989 a causa de la deshumanización de tal proyecto, provocando una onda geopolítica mundial que todavía se expande. Cuestionable “socialismo científico”, negación de libertades, ineficacia productiva, como se nota aquí ahora, para generar los bienes y servicios que satisfagan las necesidades sociales.

Había degenerado en un régimen dictatorial, en lo que fue la “nomenklatura”, esto es, una ineficaz burocracia partido-Estado, una oligarquía en el Estado y los medios de producción, promotora del hambre, asfixiante de la sociedad mediante controles, mediáticos y de todo tipo (el consumo racionado), propaganda para desinformar, represión policíaca feroz, tal como todavía existe en Cuba, y se organiza aquí en Venezuela con la intromisión de los cubanos que ya llevan más de 50 años instrumentándola en aquella nación, y, sobre todo, con la anuencia, por indiferencia e inacción, de la AD venida a menos, derechista, que es otra forma de continuar fuera del gobierno la traición histórica iniciada por Carlos Andrés Pérez y reforzada por Lusinchi.

Desde los albores de las luchas, sus enemigos políticos acusaron a AD de poseer una doctrina amorfa, maleable, pero que el tiempo y lo sucedido en otros países se encargarían de confirmar el asidero real. Primero fueron los “nuevos filósofos” en Francia, luego el eurocomunismo (Santiago Carrillo en España, Enrico Berlinguer en Italia y Georges Marchais en Francia), cuyas tesis rechazaban el socialismo real y planteaban la construcción de una sociedad democrática, donde el hombre pueda concretar su proyecto humanista, cual es, dominar en libertad la naturaleza sustentablemente para generar bienestar social. Cuando el Partido Socialista Francés triunfó en las elecciones de 1981 con François Mitterrand, el profesor Duverger escribió en Le Monde que en Francia nacía “el socialismo de tercer tipo”, es decir, diferente del socialismo real y, además, distinto del instaurado en Austria, Suecia, Dinamarca, Alemania, etc., con las ideas socialdemócratas.

El gobierno de Mitterrand terminó socialdemócrata, ya que después de nacionalizar los medios de producción, los privatizó, pues no funcionaba en Francia. Y ahora François Hollande insiste en su visión política socialdemócrata. Si en este cultísimo país europeo, que se considera el heredero, o uno de ellos, de la cultura greco-latina, se ratifica la concepción de los fundadores de AD, mejor dicho: libertad y justicia, entonces sigue vigente, pero hay que rescatarla de la oligarquía timorata, corrupta, que la secuestra, y brindársela otra vez al país para combatir la dictadura cubano-comunista, como lo hizo con Pérez Jiménez. Una rebelión interna es el orden del día. 

psconderegardiz@gmail.com