• Caracas (Venezuela)

Patricia Del Río

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Patricia Del Río

Nos habíamos odiado tanto

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Recuerdo que hace muchos años, en un curso de psicolingüística, el profesor Marcos Herrera dijo una frase que se me quedó grabada: “Nos sorprendemos cuando la gente no logra comunicarse, no logra entenderse, cuando en realidad deberíamos sorprendernos cuando sí lo logra. Cuando la comunicación resulta efectiva”. Herrera partía de la premisa de que en un diálogo entre dos personas entran en juego tantas variables que, al intentar comunicarnos, el hecho de hablar el mismo idioma no asegura nada.

Hay, sin embargo, ciertas variables que me parecen más contaminantes que otras: las ideologías políticas, las creencias religiosas, los prejuicios, las miradas absolutamente reduccionistas sobre la realidad suelen funcionar como petardos en los intentos de comunicarnos. En las redes sociales el asunto se vuelve evidente. Basta ver con qué inmadurez, chabacanería y pobreza debaten en Twitter algunos ministros y congresistas para constatar que cuando se trata de ideologías políticas el asunto no mejora. Y si el tema tiene que ver con la sexualidad o con la defensa de la mujer, son los prejuicios los que estallan como granadas en medio de cualquier intento de comprensión.

Eso refleja que así como se han multiplicado los medios para relacionarnos, se están poniendo de manifiesto nuestras barreras para lograr acuerdos.

Sin ánimo de banalizar la magnitud de la tragedia ni la ferocidad del ataque, la muerte de los caricaturistas y de los policías en París, asesinados por atreverse a reír de eso que otros consideran intocable, me hizo pensar que nos estamos convirtiendo en una sociedad de seres humanos que ya no están dispuestos a escucharse. A respetarse.

Nunca antes se nos ofrecieron tantas herramientas para intercambiar puntos de vista, debatir, confrontar nuestras visiones del mundo. Sin embargo, nunca antes nos habíamos odiado tanto.