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La vida inesperada. Festival de cine español 2014

La vida inesperada

La vida inesperada

“Jorge Torregrossa (Fin, 2012) dirige una película en la ciudad más ciudad del mundo, Nueva York, cuyo ancla es una relación entre primos”

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La caracterización de un hombre que pasada la etapa de adulto joven insiste en perseguir el sueño americano, que cambia gracias a la llegada de un familiar y su falta de determinación a la hora de tomar decisiones que le cambiarían la vida a cualquiera, es la clave de La vida inesperada (Torregrossa, 2014), parte del Festival de cine español 2014.

Jorge Torregrossa (Fin, 2012) dirige una película en la ciudad más ciudad del mundo, Nueva York, cuyo ancla es una relación entre primos. Si ciertamente hay un protagonista, que es Juan (un siempre bueno Javier Cámara), se cuenta acá la historia de dos. Jorge (Raúl Arévalo) viene de visita, dice, cuando en realidad ha llegado para una entrevista de trabajo. Va a casarse, dice, pero tiene una tendencia al coqueteo irrefrenable con Holly (Sarah Sokolovic), una americana alumna de Juan. En fin, que el hombre no tiene idea de qué quiere.

Juan trabaja desde temprano hasta muy entrada la noche en al menos tres empleos distintos para poder pagar los dos mil dólares mensuales que le cuesta el apartamento en la isla de Manhattan. Da clases de cocina española sin saber cocinar (y no lo sabe ocultar bien) a un grupo de mujeres neoyorquinas; atiende lasmesas y la barra de un bar. Hace funciones de teatro, musical unas veces, Lorca otras. Y es que Juan es actor: lo ha sido y quiere seguir siéndolo. Uno bueno, además. Sin embargo su sueño americano no parece estarse haciendo realidad, y el tiempo apremia. Juan lleva ya diez años en la ciudad que nunca duerme.

 

El dúo

Es duro admitir un fracaso. Sobre todo cuando el sueño que se tenía para la vida no tiene que ver con talento, sino con suerte. Juan ha estado huyendo toda su vida de su quehacer en España (llevar la tienda de su padre) y ha cambiado la comodidad entrañable de su lengua, familia, costumbres, sabores, por la idea pujante de que podrá llegar a las tablas de Broadway o al cine. “Estás solo”, le dice Juan a Jojo (la adorable Tammy Blanchard), la vestuarista del teatro donde trabaja, “todo es más difícil cuando eres extranjero. Todo lo que tienes está en otro lado”. Pero Jojo es lo suficientemente extraña y parecida a Juan como para entender a lo que él se refiere. Jojo es de Orlando, “la ciudad de Mickey Mouse”, le dice, “donde todo es de mentira”, refiriéndose a las fachadas de edificios y calles en los parques, como las que se hacían en los viejos estudios de Hollywood.

Juan mantiene a su madre (una divertidísima Gloria Muñoz) al tanto de su vida laboral escondiéndole los pormenores diarios, simplificando su suerte, haciéndole pensar que es un importante actor en la ciudad. Hay algo de vergüenza, algo de soberbia, y algo de consideración para mantener a su madre despreocupada. Sin embargo Juan eventualmente tendrá que vérselas con su pasado.Con su primo vendrá su infancia, la relación con su padre y la envidia que le tuvo a Jorge porque siempre se salió con la suya, incluso ahora, cuando viene a su casa y consigue una segunda vida siempre más impresionante, siempre mejor que la de Juan. Soñar no nos funciona a todos.

Y es que Jorge, quien sí obtiene la segunda vida que se propuso en apenas unas semanas –otro trabajo en finanzas con una gran empresa y un gran sueldo (porque Jorge “es normal”, le dice Juan a su amiga cuando esta le pregunta si su primo es también artista), ya Holly, otra mujer hermosa que parece querer estar con él–, sufre entonces el conflicto del coleccionista: el deseo del sueño próximo, queuna vez alcanzado, se desvanece.

 

Renuncia y nobleza

Nueva York, la ciudad de las ciudades, es el telón de fondo woodyalleniano para esta comedia dramática, agradable, divertida, entretenida, y que por más ligera que sea, es una que comprende asuntos más allá del enamoramiento, como hacer vida en un país que no es el propio, aceptar y superar las viejas mezquindades y envidias, y sobre todo, renunciar a un modo de vida, a una idea que se tuvo de cómo y qué se haría con un futuro que ya está aquí y cada día menos, y que no corresponde con la realidad. Cómo saber reconocer una oportunidad verosímil y dejar ir las ideas, por más afianzadas que estén, para las que ya no hay tiempo ni sentido, no por falta de talento o voluntad sino porque, sencillamente, no se van a dar. Cómo decir que se ha invertido tanto tiempo en un oficio que ya no será y que siempre ha querido perseguirse.

La renuncia en La vida inesperada se aleja del cliché y el optimismo más necio para convertirse –en ambos primos– en noble madurez.