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"El verdadero poder de la literatura está en la lectura"

Juan José Becerra

Juan José Becerra

Mariano Mastandrea, un escritor solitario y telediadicto, recorre diariamente en tren subterráneo la ciudad de Buenos Aires

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Mariano Mastandrea, un escritor solitario y telediadicto, recorre diariamente en tren subterráneo la ciudad de Buenos Aires, esperando descubrir algún lector de su novela Una eternidad, que languidece apilada en las mesas de saldos de las librerías de la calle Corrientes.

El encuentro con Camila Pereyra, conocida por los empleados del Jardín Botánico como la “loca de los libros”, será el inicio de una destructiva historia de amor que superpone dos intensidades (la de la lectura y la de los sentidos) y que convierte  la pasión y la vida en representación e impostura.

Recordemos la pregunta de la contratapa del libro: ¿quién es más importante en la experiencia de la literatura: el que escribe o el que lee?

Creo que el verdadero poder de la literatura está en la lectura. Sin la lectura, la escritura es un hecho que no sucede. Mi hipótesis sería que la literatura es una ilusión escrita que, en algún momento, establece un contacto material con un corresponsal en vías de extinción al que llamamos “lector”.

La novela Una eternidad que escribe Mariano Mastandrea (el protagonista de La interpretación de un libro) es, en realidad Miles de años, publicada en 2004. ¿Qué te animó a escribir una novela que habla sobre otra novela tuya?

Me gustó la idea de escribir una novela que se alimentara completamente de otra. Veo esa experiencia como algo similar a “el mal de la vaca loca”. Así como una vaca no puede comer vaca sin autodestruirse, que una escritura se alimentara de una escritura gemela era, por decir así, un hecho un poco degenerado en el que me entusiasmaba indagar. Pero, en el fondo, creo que lo que más me tentó fue dramatizar la lectura de una novela propia y, también, presentar esa lectura como un fenómeno apasionado y autónomo que ni siquiera necesita de un libro.

En La interpretación de un libro se cuentan dos historias de amor: la de sus propios personajes Mastandrea y su lectora Camila, y la de los personajes de la novela Una eternidad. ¿Cómo se vinculan esas historias?

Se trata de un amor que comienza, inspirado en un amor que termina. Yo creo que el amor es una situación de anacronismo. Mientras ocurre no sabemos si ocurre. Pero su comienzo y su final, cuando el amor todavía no es nada o ya fue lo que debió ser, son sus momentos más intensos. Son los únicos momentos en los que el amor nos parece algo concreto. En el libro, esos dos extremos se superponen y se intercambian. Lo mismo ocurre en la vida, cuando ante el final del amor alucinamos su principio; o cuando al principio fantaseamos con su final.

La lectora Camila Pereyra invade el monoambiente del escritor Mastandrea con fotos de Marilyn Monroe leyendo y, sobre todo, con las mujeres que leen en los cuadros de Hopper. ¿Qué función narrativa cumplen estas imágenes?

Creo que la imagen que tiene Camila de sí misma no está en la realidad sino en representaciones clásicas de la realidad, como la fotografía y la pintura. Al invadir el departamento de Mastandrea con esos cuadros lo que hace es decir: “sólo soy una mujer que lee”. Sin embargo, la supuesta pasividad de la lectura se vuelve un hecho monstruoso. Leer es un acto de poder, y ella lo aplica como una psicópata. Es como si esas imágenes melancólicas e inofensivas de personas leyendo cobraran vida para mal.

Con alguna excepción, La interpretación de un libro es una novela de interiores: el monoambiente, el mundo subterráneo del metro, etc. ¿Por qué esta opción por las experiencias claustrofóbicas?

Quizás porque hay una vieja mitología acerca de que los escritores viven en un mundo encantado y, entonces, venía bien recoger esa mitología para ensuciarla. Nada de castillos de cristal y aura de artista: monoambiente y vida ordinaria. También gravitó el hecho de que las únicas actividades de los personajes son el sexo y la lectura. ¿Para qué los iba a llevar a otro escenario que no fuese el sofá cama de un departamento?

Mastandrea considera que la televisión activa “el resorte de la oportunidad literaria”. ¿Te ocurre algo parecido al escribir una novela o un ensayo?

Sí y no. No con la ficción, que puede activarse con cualquier resorte. Pero tal vez sí con el ensayo, porque mis ensayos están casi siempre orientados a una crítica de la lengua y de la imagen públicas. Digamos que todas mis novelas son sobre el tiempo y todos mis ensayos son sobre la actualidad, de la que la televisión todavía sigue siendo su referencia, cuando no su reemplazante.

Explica la conexión de tu literatura con la de algunos escritores argentinos con los que se te ha relacionado: Juan José Saer, Sergio Chejfec, Cesar Aira, Fogwil, Alan Pauls, Martin Kohan...

Posiblemente yo sea la Camila Pereyra de todos ellos. Saer es el gran novelista argentino del paisaje y el detalle; y Chejfec es, si se pudiera concebir la idea, su evolución. Aira es un genio. Fogwill fue nuestro Dalí. Kohan es un microscopista capaz de llevar un hecho inmenso a la escala de funcionamiento más pequeña y perfecta. Y la de Pauls es, en mi modo de ver, la mejor escritura de la lengua española. Acabo de leer el original de su última novela, Historia del dinero, y es impresionante. Todos ellos son parte de mi memoria literaria.

FICHA DEL LIBRO

La interpretación de un libro

Juan José Becerra

Candaya

España, 2012