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El último Lacan

Jacques Lacan, filosofo francés

Jacques Lacan, filosofo francés / Foto: VASCO SZINETAR

“Es su primera y última vez en Venezuela, aunque no todas las personas que lo oyen son venezolanos: los aficionados al psicoanálisis de América Latina han acordado en reunirse en Caracas”

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Un psicoanalista francés, probablemente el más importante que ha vivido, dirige su palabra a un grupo de estudiantes. “Al parecer son lectores míos,” increpa en el idioma, acostumbrado a rostros más familiares. Es su primera y última vez en Venezuela, aunque no todas las personas que lo oyen son venezolanos: los aficionados al psicoanálisis de América Latina han acordado en reunirse en Caracas. Previendo un futuro sombrío, la conversa…, el seminario se titula Disolución; sería un año después, en 1981, que Jacques Lacan sucumbiría a un tumor abdominal.

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Por obra de SlavojŽižek y sus seguidores, la obra de Lacan ha vuelto a coger cierto auge estos últimos años. No ha de sorprender, las digresiones graciosamente subversivas del filósofo esloveno, basadas cuando no en Marx, en el autor francés (aunque a veces van de mano en mano), hacen del hombre una fuente de interés. Más todavía considerando las opiniones que los autoproclamados seguidores de Marx, fomentaron hacia el mismo el siglo pasado. En cualquier caso, cuando Žižek habla de objetpetit a para explicar los mecanismos ideológicos detrás de una lata de Coca-Cola, las nuevas generaciones se preguntan: ¿quién dijo esto, exactamente, qué significa? (Y sufren, he de agregar, cuando se dirigen a los Écrits pensando que la respuesta será directa.)

Pero el personaje no es tan lejano como podría parecer al comparársele con el autor de El Capital. Fue en los años cincuenta que comenzó sus famosos seminarios, árbol de su pensamiento, en los cuales instruyó a sus alumnos las lecturas que hacía de Freud de la mano de los descubrimientos de la lingüística. Y en los sesenta, junto a GillesDeleuze, Michel Foucault y otros, sería parte del profesoradode la radicalUniversité de Vincennes à Saint-Denis, en la cual se agrupó la cúspide del pensamiento francés contemporáneo. Todo ello, fundando y disolviendo escuelas que siguiesen –o en el segundo caso, contrariasen– sus lecciones. Sobre el analista per se, bastan las siguientes líneas que publicó El País a su muerte para precisarlo:

Un escandalizador de su época, venerado como un dios que ofrece la salud mental, es decir, la salud total, y odiado como un demonio por quienes no soportaban, en un país racionalista y moralista como Francia, que un intelectual se permitiese intentar poner en práctica sus ideas.

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Según Manuel Kizer, ex presidente de la Escuela del Campo Freudiano de Caracas, lo importante del último seminario de Lacan no fue precisamente lo que dijo, pues “ya para 1980 había dicho todo lo que tenía que decir.” La importancia del seminario radica en que sirvió para agrupar a todos sus seguidores del continente. En aquella época, en Caracas, los lectores de Lacan se limitaban a un grupo de estudios liderado por Diana Rabinovich, reconocida analista argentina. La organización internacional que preveía sedes en América era la International PsychoanalyticalAssociation(IPA), que se había enfrentado al analista francés en los años sesenta. De alguna manera, la visita de Lacan a Caracas sirvió como punto de partida para la fundación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP),esencialmente lacaniana, evitando así la continua disgregación de los círculos estudiosos de su obra a lo largo del globo.

¿Por qué el psicoanalista visitó Caracas, entonces, y no otra ciudad latinoamericana? En parte, porque la opción lógica, Argentina, estaba siendo sometida a la dictadura militar de Videla. El círculo de lectores lacaniano que se formó en Venezuela, justamente nació a partir del éxodo de analistas argentinos al país. “En Venezuela, en los cincuenta y sesenta, la gente se iba a Argentina a formar en psicoanálisis,” afirma Julieta Ravard, miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL). Es más, fue Rabinovich, argentina, quien ideó traer a Lacan. “En Venezuela no había tradición psicoanalítica, había psicoanálisis,” dice Gerardo Réquiz, también miembro de la NEL, haciendo referencia al sur del continente y a la IPA, tan reacia a Lacan.

Un año antes que viniera el hombre que conceptualizó el estadio del espejo, su yerno y principal discípulo, Jacques-Alain Miller, había venido a dictar seminarios y conferencias en la Universidad Central de Venezuela y en el Ateneo de Caracas. Una vez más, Rabinovich estuvo a la cabeza de tal visita. Y fue a raíz de la misma que se comentó la posible aparición del analista francés. “El encuentro de Caracas se armó en una playa, que se llamaba Chichirivichi (sic), comiendo langostas, Miller, Judith [hija de Lacan, esposa de Miller], mi esposo y yo,” dijo la argentina en una entrevista que data del 2001. La escena, entre familiar y graciosa, no es difícil de imaginar.

Mas el evento no hubiese surgido sin la ayuda del Ateneo de Caracas. “La generosidad de María Teresa Castillo, Miguel Henrique Otero y Carmen Ramia no tuvo límites,” indica Ravard con cierta nostalgia. “Sin su ayuda, nunca hubiésemos podido hacer esta reunión,” Kizer, tajante. Réquiz por su parte agrega: “Recuerdo haberme sentado a comer con Lacan en una mesa que se improvisó, donde comimos pabellón criollo. Estaba en construcción el Ateneo de Caracas en aquel momento.” Y sin embargo, ello no fue un impedimento para que uno de los pensadores más importantes del siglo xx francés, se volviese parte de nuestra historia cultural.

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“Quien hacen que haya yo enseñado algo, son ustedes con su presencia,” concluye el psicoanalista francés. Kizer, un tanto más viejo que sus compañeros, reflexiona sobre la importancia de quien acaba de pronunciar un seminario: después de todo, la renuncia que hizo al IPAsiguiendo su ejemplo tuvo un motivo. Ravard, anonadada y en sus veinte, no puede sino sentir cierta timidez ante su figura (¿qué cosa importante podría decirle?, piensa). Réquiz, siguiendo las experiencias del invitado, lo ve un hombre “enfermo, cansado, que no habla casi o muy poco, con una mirada penetrante.” Su huella queda marcada, y es así como estos tres analistas recuerdan aquel último Lacan, pronto a desaparecer físicamente y ser, finalmente, otro.