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“Las trincheras”

Las trincheras

Las trincheras

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En el invierno de 1914 la situación general de los frentes era de estancamiento. Las ofensivas lanzadas con tanto ímpetu por los estados mayores, quedaron paralizadas ante la evidencia del poder defensivo que conferían las nuevas armas y las masas de soldados disponibles. La guerra de movimiento había concluido.

A partir de 1915 los ejércitos contendientes quedaron establecidos frente a frente, en líneas de trincheras que cubrían la práctica totalidad del frente occidental. La situación quedó estancada en el frente ruso y las trincheras aparecieron también allí, aunque con menor continuidad por tratarse de un frente muy extenso.

A partir de ese momento la ruptura de los frentes estabilizados se convirtió en la única salida posible hacia la victoria.

La guerra iba a ser larga y de desgaste: el bando que más hombres tuviera en reserva y contara con más recursos económicos para sobrevivir sería el vencedor. Contra las previsiones de los inicios (Alemania pensaba ganar la guerra en 6 semanas) se afrontaba una guerra larga y total.

Las trincheras no eran un fenómeno nuevo en la historia militar, pero nunca hasta entonces habían alcanzado tal extensión e importancia.

El sistema de trincheras de la Primera Guerra Mundial alcanzó un alto grado de elaboración y profundidad (existían varias líneas de trincheras paralelas que constituían sistemas defensivos de cientos de metros e incluso kilómetros), pero no mejoró las condiciones infrahumanas en que debía desarrollarse la vida de los soldados. Estrechas líneas excavadas en el terreno, y separadas a veces tan sólo unos pocos metros de los enemigos, las trincheras albergaban a los combatientes de primera línea. Sus ocupantes tenían que soportar no sólo las balas y bombas enemigas, sino además el intenso frío y la humedad que les deparaban el fango y el cielo raso entre los que se hallaban sepultados.

Los únicos “refugios” de los que disponían eran cubículos subterráneos semejantes a las galerías de las minas. Una segunda línea de trincheras albergaba los puestos de mando, de socorro y de radio, y se comunicaba con la primera línea a través de estrechas galerías transversales, por las que el tráfico de hombres y municiones era incesante. Ante enemigos tan bien fortificados, tras las líneas de alambre de espino y sacos de arena que protegían las trincheras, los ataques eran prácticamente suicidas.

Las oleadas de soldados que emergían de las trincheras para intentar la conquista de las enemigas eran sucesivamente barridas por el fuego contrario, a lo largo de todo el año de 1915 británicos y franceses no lograron ganar más de 6 kms en sus distintas ofensivas, y el ejército francés tuvo 1.430.000 bajas, mientras los británicos, cuyas fuerzas eran menores, sufrieron proporcionalmente aún más. Los mandos militares tuvieron que enfrentarse a un nuevo enemigo: la creciente desmoralización de sus tropas. El entusiasmo con que los soldado habían tomado las armas en el verano de 1914 quedó sepultado ese mismo invierno en el fango de las trincheras.

NOTA: Este texto es un fragmento de La Primera Guerra Mundial (Akal, 1994).