• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Un trazado a través del taller de Harry Abend

Harry Abend / Alexandra Blanco

Harry Abend / Alexandra Blanco

Hablar de Harry Abend en Venezuela implica, por un lado, acotar un rostro de ciudad. Por otro lado supone escuchar una voz protagónica y vivencial, entre varias cosas, de la integración de las artes caraqueñas avivando la voluntad de ir por un momento a Bellas Artes y alzar la mirada para ver, reiteradas veces, la icónica fachada del Teatro Teresa Carreño. Eso en lo público. En lo privado, en su espacio de taller, la protagonista es la memoria, nacida de la mezcla de varios componentes: artes (en todas sus manifestaciones ‒música, plástica, literatura, cine, etc.‒), familia y cotidianidad

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El taller

Era alrededor de las 11 de una mañana de miércoles caraqueña cuando Harry Abend y su asistente me esperaban en su taller. Sin duda, se trataba de un día de expectativas pues conocer a este artista polaco, nacido en 1937, implicaba encontrarse y conversar con una obra vasta, referencial y consolidada. Pisar el taller suponía conversar con él, pero sobre todo con la obra desde su espacio primigenio. Por esta última razón consideré que no se trataba de cualquier cita.

En el recibidor del taller de Harry Abend habitan sus relieves en perfecta compenetración con sus columnas: saltan bocetos, pruebas, series y obras acabadas. El bronce, el ébano ‒ u otras maderas‒, evocan seriedad a este hall de entrada. A la casa se ingresa a través de una hermosa puerta cuya geometrización es muy Abend. Me espera una amplia sala con sofás tipo chaise longue (varios), un piano, una mesa de centro enorme cargada de libros, obras tridimensionales y bidimensionales del artista, y un sofá más clásico (decido sentarme en él y no en los tentadores chaise longe). Pero el bronce brilla en su presencia, y cada vuelta de la mirada permite un viaje de un año al otro, sin destino fijo, sin regreso fijo, a través de la escultura. Y allí espero con ansias el momento de conocer a uno de los artistas que ha dejado marcas significativas en la plástica venezolana.

Lo inesperado, madera teñida de negro. Fotografía cortesía de GBG Arts

No obstante, creo que no es sino hasta que entro a esta sala cuando realmente caigo en cuenta que estaría en contacto con una memoria de alta data en Venezuela. Esto porque en el lugar la historia del arte venezolano invade: ella está por los aires buscando aportar datos, quiere hablar y compartir memorias que no están registradas en los libros y que, sin duda, enriquecerían nuestro acervo, sobre todo porque narra el desarrollo de la escultura de mediados del siglo XX desde otras ópticas más cotidianas, menos distanciadas por el tiempo y separadas de aquellos datos añejos típicos de algunos libros clásicos de la historia del arte venezolano. Entonces en este taller la reina es la referencia al arte producido en nuestro país. Sin embargo, un cariñoso perro raza Schnauzer me distrae. Y luego los hijos del artista, nacionalizado venezolano en 1948, con un “buenos días” hacen que me percate de que, además, estoy pisando un hogar.  

El artista

Harry Abend me saluda ofreciéndome “algo…puede ser un café”, y me dice que pida cualquier tipo de café porque “encontró leche”. Es esta una conversación más que una entrevista clásica y no porque no se preste a hablar de su arte –al contrario, lo hace con soltura y encanto‒, y tampoco por arrogancia porque está al máximo extremo de serlo, sino porque es un gran conversador. Se interesa en interactuar con sus interlocutores. Así, lleno de anécdotas, me pregunta mi nombre y mi apellido y me comenta que conoció a una artista venezolana llamada Arveláez, con quien expuso en Londres. Con eso, más el café, ha roto el hielo.

Este alumno de Carlos Raúl Villanueva y de Miguel Arroyo es un mar de remembranzas. Surge en la conversación el nombre de Francisco
Narváez y cómo este artista marcó el camino a la generación siguiente para que la escultura en Venezuela disfrutara de un desarrollo más suelto y dinámico. Abend reconoce y admira la labor de Narváez, y recuerda aquellos tiempos de preparación en los que, moviéndose entre sus clases en la Facultad de Arquitectura de la UCV y las de esculturas, tuvo el privilegio de participar en el taller del artista londinense Kenneth Armitage. Mientras hojeo un libro que tiene en su mesa principal sobre la obra de Kenneth Armitage, me comenta que es el único ejemplar en el país y que se lo obsequió el mismo Armitage. Luego acota que este taller fue fundamental para su carrera escultórica porque como Kenneth Armitage no pretendía hacer de profesor académico ni le gustaba que le dijesen profesor, se trató más de un cruce de experiencias entre los escultores participantes (además de Abend, Edgar Guinard, Carlos Prada, Alex Henríquez, Víctor Varela, Max Pedemonte, Gilberto Martínez y Fernando Irazábal). Es el año 1964 y este taller, conocido como el Taller de Quebrada Honda, se dio porque el escultor británico fue invitado por la Fundación Neumann y por el British Council para que brindara una experiencia creativa, durante de tres meses, a varios artistas locales. Este experimento concluyó con una exposición en el Museo de Bellas Artes que se llamó Armitage y ocho escultores venezolanos. Todo esto lo remomora Abend, Premio Nacional de Escultura en 1963.

Otra vez, 2012, madera teñida de negro / Fotografía cortesía de GBG Arts

Virutas  

Si algo se subraya cuando investigamos la obra de Harry Abend es que hoy registra más de 50 años de trayectoria y que ha conservado un lenguaje plástico constante, que se ha renovado dentro de dos vertientes: la constructiva y la orgánica. Federica Palomero, en su texto para la exposición de la galería caraqueña GBG Arts titulada Harry Abend (2014), manifiesta que el maestro “será uno de los escasos integrantes de su misma generación que mantendrá un trabajo constante, de plena vigencia, con un lenguaje poderoso, renovado y convincente.”

Sin embargo, de la trayectoria de cada artista es natural que haya momentos artísticos que despunten ciertos cambios, ‒o citando a Palomero, renovaciones‒. En estos chispazos de cambios he tendido a situar sus Cajas. Al verlas, me invade la tentación de asociarlas con trabajos conceptuales más cercanos a Duchamp o incluso a Warhol que a la escultura del siglo XX venezolana. Por lo cual no desperdicié el momento para comentarle sobre ellas.

—Creo que arranqué las Cajas en el año 2000, y últimamente no he hecho más Cajas.

—¿Y ese cambio de lenguaje a qué se debió?

—No, no hubo cambio de lenguaje. El lenguaje siempre es el mismo a través del tiempo, a través del proceso creativo. Lo de las Cajas fue un momento de una idea que se me ocurrió porque de la talla salen virutas, y de repente jugando con las virutas, se me ocurrió meterlas en una caja de habanos y las sellé con plexiglás. Y resultó una cajita, y después otra, otra y otra.

Simplemente es un llamado al arte lo que ellas representan, es lo que comprendí de la explicación de este escultor, arquitecto y orfebre. Resulta de las Cajas una colección hermosa de bosque y memoria que dieron lugar a una exposición llamada Viruta que tuvo lugar en el Centro Cutural Corp Group en julio de 2000.

Para cerrar la entrevista, el gentil Harry Abend me muestra por completo el taller, vemos sus relieves, las columnas, su ajedrez hecho con piezas conseguidas en las calles, sus dibujos y gráficas, y concluimos viendo las Cajas. En una repisa tiene varias, les quita el polvo y me dice: “¿Cuál le gusta?”. Sin verla demasiado, le respondo que “La cubana, la Punch-Puch, es linda”. Y me dice “Tómela. Es suya”.

Harry Abend al 2014

Relieve mural, s/f. Fotografía cortesía GBG Arts

La obra de este artífice ha tenido varios tránsitos este 2014. A pesar de los momentos que vivimos en Caracas desde febrero y que provocaron que la galería GBG Arts postergara la inauguración de Harry Abend –exhibición citada anteriormente‒, su trayectoria y su obra ha podido ser admirada por el público nacional durante este año.

En esta galería, ubicada en Prados del Este, se aprovechó la ocasión para presentar un hermoso texto dedicado al arte de este veterano escultor, titulado Los días pasan y las formas regresan (bid & co. editor, 2014), en el que participan varios autores. Esta preciosa edición es un tributo ganado que conserva un añadido especial: la hija de Harry Abend dedica varios de sus poemas a algunas de las obras de su padre. Por otro lado, el Gabinete del Dibujo y de la Estampa, en Valencia, inauguró el domingo 27 de abril la exhibición Gesto esencial. Obras de Harry Abend para mostrar la faceta gráfica de Abend. Además, el artista está preparando algunas de sus esculturas en bronce para ser exhibidas en los próximos meses en Nueva York.