• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Otros tiempos para el papel

No dudo que los fieles seguiremos leyendo donde tengamos que leer (¡vaya si normalizamos aquí la tristeza!) pero Papel Literario debe mantener el compromiso de volver a ser lo que es, lo que ha sido, páginas que se tocan, se guardan, se leen con ruido de rotativa

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Durante el tiempo que coordiné el Papel Literario, junto con Diajanida Hernández y bajo la dirección de Nelson Rivera, fueron muchas las oportunidades en las que recibimos quejas de nuestros lectores porque les había llegado el diario sin el Papel Literario encartado. Se angustiaban pensando que había pasado algo, que no saldría más. Más allá de si debíamos solucionar un problema interno en el encarte del suplemento, siempre me reconfortó la idea de saber que había mucha gente que leía lo que semana a semana hacíamos en aquella esquina de la sala de redacción.

¡Teníamos lectores! ¿Y cómo no? Si seguíamos haciendo el suplemento literario más antiguo de Latinoamérica, si son 70 años de historia literaria, cultural, gráfica y hasta política de este país que tiene rato yéndose de nuestras manos. ¿Pero qué reclamaban realmente aquellos lectores? Reclamaban su rutina de sábado (en aquel entonces circulábamos ese día), literalmente abrir el periódico y tomar en sus manos un papel, páginas impresas para saber qué leer, qué estaban haciendo nuestros autores. Años y años de un papel que se mete en tu casa una vez por semana. Eso era lo que reclamaban aquellos lectores; y aunque tímidamente Papel Literario fue tomando parte de la web de el-nacional.com y ahora hay quienes lo leen desde un dispositivo, quizá refrendados por aquello de que los periódicos cada día crecen más en lo digital que en lo impreso, resulta que en ese país que se nos va de las manos no nos debatimos por las políticas de lo digital sino por la ausencia de papel y aquí nos estamos jugando un nombre de lo real, de aquello que se pronuncia para que exista: Papel Literario necesita seguir siendo historia, años de tinta, papel.

No dudo que los fieles seguiremos leyendo donde tengamos que leer (¡vaya si normalizamos aquí la tristeza!) pero Papel Literario debe mantener el compromiso de volver a ser lo que es, lo que ha sido, páginas que se tocan, se guardan, se leen con ruido de rotativa.