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El territorio íntimo de Raquel Rivas Rojas

El patio del vecino | Cortesía

El patio del vecino | Cortesía

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La forma como está representada la dimensión intima de Raquel Rivas Rojas (Guanare, 1962) en El patio del vecino es diáfana, sobria y hermosamente acabada. Una de las cosas que más llama la atención de esta escritora venezolana es justamente esa prosa impecable y que, incluso, reflexiona sobre aspectos centrales de la teoría literaria como lo son la verosimilitud, la mímesis y la problemática de la representación.

Rivas Rojas, quien desde hace algún tiempo reside en Edimburgo, explora su propia vivencia en tanto extranjera en lo que quizá podría ser visto como una literatura del exilio, en este caso en la voz de una mujer. Hay tópicos que son leit motiv en este libro de cuentos, entre ellos el desplazamiento emocional que suscitan sus historias, al igual que la construcción de personajes que habitan la más absoluta cotidianidad y que bajo la lupa de la autora toman una connotación diferenciada, propicia para el territorio exuberante de la ficción.

La rítmica de su narrativa es ágil, con una potente carga emocional de manera que logra un efectismo bien singular. Ello se ve en textos tales como Venue 106 y La lectura, en donde el relato toma lugar en la constelación de lo interior he inaugura una poética de la voz femenina absolutamente novedosa. Ambas historias están centradas en personajes que experimentan el pathos y el sufrimiento estremecedor. La propia narradora es presa de la emoción y la traslada a un lector que la padece y que eventualmente podría desembocar en el llanto. El preciosismo y la sucesión de imágenes transcurren a modo de flashes. Su palabra suscita la conmoción. Así ocurre cuando refiere que “cumplían un año más de ausencia los seres queridos que ya no estaban. Cuando veía un pájaro estrellarse contra un cristal. Cuando nevaba y me daba por recordar la lejana tierra en la que nací, donde la nieve no existe”.

Sin embargo, el tono de los relatos denota múltiples experiencias, casi todas inscritas en la extranjeridad. En algunos casos las inflexiones son algo oscuras como ocurre en Tres horas, donde la resolución de la intriga queda en el territorio del lector en una suerte de Knock out o final volcado hacia el afuera. En este cuento la tensión de una escena en la que un grupo de mozalbetes y una joven beben alegremente en un tren tiene incluso matices de lo sexual y de una agresión implícita. De nuevo aquí aparece otro leit motiv del trabajo de Rivas Rojas, la mujer a merced del hombre que podría causarle daño. Este tópico está igualmente presente en Los corredores, donde hasta las atmósferas son surreales.

En esta escritora encontramos a una mujer profundamente consciente del fenómeno de la Internet y todas las posibilidades discursivas de la misma. Su texto, Efecto mariposa, de nuevo pone en evidencia el poder de la palabra que fluye y se reproduce en la red. Quizá su experiencia en tanto Blogger explique ello. Es importante mencionar, en este sentido, su trabajo al frente de los blogs: Notas para Eliza y Cuentos de la Caldera Este.

Este libro es exuberante en sus sutilezas, incluso a la hora de ser “anarquista” en relación al lenguaje. Así, en su Retrato de Isabel con hayacas hay una hermosa descripción de las atmósferas de lo criollo durante la navidad y las lecturas de la familiaridad en este contexto. Esas gradaciones autóctonas aparecen de igual forma, pero esta vez acentuadas en lo macabro, en sus piezas Final con cadáver y La escena del crimen. En esta última hay, asimismo, una reflexión acerca del desdibujamiento de la memoria, en este caso de la que está impregnada de afectos y de lo propio.

Hacia el final, la autora cierra con una hermosa meditación acerca del fenómeno de la civilización y lo creativo per se. En efecto, el texto titulado El patio del vecino, que da título a la compilación, es una hermosa apuesta al porvenir y la esperanza.

Raquel Rivas Rojas nos trae con estos cuentos una celebración de la vivencia. Este libro es una reflexión intimista del venezolano que habita en países foráneos y de la mujer en tanto escritora; una lectura de gran elegancia y sobriedad.

El patio del vecino

Raquel Rivas Rojas

Editorial Equinoccio

Caracas, 2012.