• Caracas (Venezuela)

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Una taza de café

“Alrededor del café hay un conjuro de pasión y recuerdos que resultan en un pensamiento recurrente, en un espacio en mi cabeza que nunca puedo alejar”

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La ciudad comienza a despertar, a levantar sus cobijas y a afeitar las calles para que cada uno vaya buscando su rumbo.

Aunque pareciera que nada tiene rumbo. Tampoco hay nada que perder en aquella ciudad que se desviste ante la mirada indiferente de los transeúntes, en un apuro constante sin saber a dónde van, es una estela que corre y jamás se detiene. Mientras tanto el humo de mi taza de café envuelve un mosaico de recuerdos y la ciudad toma otro espacio, esta vez desde la luz que empieza a dar forma a sus objetos, yo ahí, mirando, quieta.

Tomo un café, miro la taza rota en una esquina, una estilla que en algún momento fue a parar quién sabe a qué lugar y ese trozo de taza quedó incompleta, pero es mi taza, es mi recipiente preferido para el café de todas las mañanas, es el espacio que contiene los olores que me acarician cada día y en el placer de cada despertar, es el líquido con el negro más hermoso que jamás hayan visto mis ojos. Un negro fiero, de verdad, constante, aromático, sensual. Alrededor del café hay un conjuro de pasión y recuerdos que resultan en un pensamiento recurrente, en un espacio en mi cabeza que nunca puedo alejar.

Cualquier tiempo o lugar del pasado se coloca en una taza de café. El café es mi compañía, pero también es un amor incontrolable, tal vez por el vicio o por sus aromas, el color que varía y de vez en cuando se torna en rojizo pareciera deseado por mí misma; es el líquido del tiempo.

¿Quién no ha tomado un café y se le han despertado las mil sensaciones? Me pregunto, una y otra vez mientras vuelvo la mirada al trocito de taza incompleta, ese pedacito que ya no está. Lo miro y lo toco, paso el índice una y otra vez como quien quiere hacerlo romo para que no moleste, me asomo por la ventana; todos los objetos ya tienen luz; tomo más café, mi mano tosca y agrietada aprieta la taza, pienso en mi rumbo, no hay rumbo, hay pensamiento y recuerdo, soledad e inacción, un taconeo a lo lejos, la ciudad ya despertó.


LA GUAYABA DE PASCAL. ENSAYOS

Ediciones La guayaba de Pascal

Caracas, 2013