• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Una tarde con Salman Rushdie

Los versos satánicos, Salman Rushdie

Los versos satánicos, Salman Rushdie

Annie van der Dys dibuja la figura de Salman Rushdie a través de una tertulia que se tuvo con el escritor y ensayista británico, nacido en India, en Madrid

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Madrid luce brumosa y desangelada el miércoles 23 de abril. Por Gran Vía el viento frío desanima a los vendedores que se apertrechan detrás de los mostradores de libros, cerrándose las chaquetas y dando saltitos de un pie a otro para calentarse un poco. En nada tiene que ver este día con la semana cálida y radiante que se disfrutódurante la recientemente terminada Semana Santa. Se vende,sí. Pero menos de lo que se esperaba.

De pronto se arma un revuelo. Atendiendo a una llamada misteriosa aterriza una bandada de fotógrafos, camarógrafos y periodistas. Apenas tenemos tiempo de descubrir el motivo de la llamada antes que desaparezca detrás de las cámaras: un hombre alto vestido con un elegante traje gris oscuro se inclina interesado sobre los libros y con el típico gesto del miope  se levanta las gafas para leer alguna nota en la contraportada. De vez en cuando conversa con un par de personas que lo acompañan y que sonríen y asienten a todo lo que él dice. Salman Rushdie hace su entrada. No hay un solo policía en la zona.

Real Casa de Correo. Puerta del Sol 7

El encuentro con Salman Rushdie continua en la Real Casa de Correo. Esta vez escoltado por el periodista Juan Cruz  y el filósofo y escritor Gabriel Albiac. La asistencia es masiva y cuando Albiac inicia la tertulia el salón está repleto.

Albiac: Es un honor  compartir con un escritor que se enfrentó en solitario contra el totalitarismo y que alertó al mundo sobre el peligro del fanatismo.Tenemos una deuda moral con quien nos confirmó que “se empieza quemando libros y se termina quemando personas”

Rushdie:La literatura no corre peligro. Ninguna persecución podrá acallarla. Porque la literatura es fuerte y sobrevivirá hasta el final. No es la escritura por la que debemos temer, sino por los escritores, que son frágiles. Y están en peligro. La seguridad del escritor garantiza, la seguridad de la escritura.

Juan Cruz: ¿Cómo afectó  a su escritura eso años en que fue Joseph Anton?

SR: Fueron años muy tormentosos. Y mi atención estuvo centrada en que esa turbulencia exterior no contaminara mi escritura. Cito a Borges ‒“No se puede hacer una foto de la Pampa”‒ porque es imposible retratarla en su extensión. Y la Pampa es su extensión. Y hubo un tiempo en que llegue a perderme en ese tiempo que era igual, día tras día. Fueron diez años en que luché porque siguiera existiendo una conversación interior que me permitiera seguir escribiendo mis libros.

GA: Hay una frase que me parece terrible y con la que usted alertó sobre la revolución islamista: “después de la revolución no habrá relojes”

SR: Abolir el tiempo fue una premisa de la revolución, porque el enemigo era la historia. Para los ayatolás la sociedad perfecta existió en el año VII antes de Cristo. Y había que destruir todo aquello que no coincidiera con ese ideal de perfección.

JC: ¿Por qué siendo una biografía está escrita en tercera persona?

SR: Porque Joseph Anton no soy yo. Tengo veinte años más. Tenía cuarenta años y no era la misma persona que soy ahora.  Ese era un señor que tuvo que soportar el odio. No me reconozco en las fotos de esa época.

GA: ¿Por qué cree usted  qué el mundo cerró los ojos ante el peligro del fanatismo islámico antes de los atentados contra las torres?

SR: Porque no les pasaba a ellos. Ahora pasa aquí, pues existe. Es una aberración pero es así. Un escritor es una excepción. Y si es por algo que ha escrito la gente siente que se lo ha buscado. ¿Quién lo manda a escribir sobre eso? Yo tuve mucha suerte. Sin el apoyo de mis amigos no hubiera superado esa época. En medio de todo ese odio dirigido hacia mi hubo un circulo de amor que me protegía. Eso y el sentido del humor porque en medio de toda esa locura recuerdo cosas desternillantes. Una noche la televisión inglesa entrevistó a un ayatolá y le preguntó sobre Los versos satánicos. No lo había leído. Alegó que no lo había hecho porque insultaban su fe. Está bien ‒dijo el entrevistador‒ pero el señor Rusdhie ha escrito ya tres libros, entrevistas, artículos. ¿No ha leído nada de él? No ‒respondió el ayatolá‒ la verdad es que la literatura no es lo mío. Nadie lo podría haber expresado mejor. Fue un gran momento de humor negro.